Por José Manuel Gómez Gutiérrez, MADRID, 3 Nov. (OTR/PRESS) -
Lo mismo que sus contenedores: el espacio y el tiempo. ¿Como concebir el origen del Universo, sin principio ni fin?. Si fue creado, es que tuvo principio, en cuyo caso quizá también tenga fin.
Diferenciemos, en primera aproximación, los límites espaciales (dimensiones), de los temporales (el origen y la desaparición). Según nuestras percepciones todo tiene un principio y un fin, tanto espacial como temporal. En una pulsera o en un círculo podemos buscar el principio espacial o el origen temporal. El principio podemos rastrearlo si sabemos donde está el punto de unión de los dos extremos que soldó el artesano o el dibujante, el origen está en el del primer átomo o partícula constituyente; quizá esa partícula antes fue energía, luego materia, luego energía etc; sin origen definido, eterna, como materia o energía.
Si con el círculo de la boca de un tubo hecho a partir de un molde con material fluido (hierro fundido o plástico licuado) pero sin una soldadura, imprimimos su circunferencia sobre un papel, impregnándola previamente en tinta, será imposible saber donde comienza-acaba el círculo; luego aceptamos que ese círculo no tiene ni principio ni fin espaciales; ¿y por que nos cuesta tanto comprender y aceptar que también en el tiempo hay cosas sin principio ni fin?. Es una actitud mental que se consigue por educación de la mente. No es difícil llegar a concebir y aceptar el infinito espacial y la eternidad temporal. En cuanto al origen, ¿por qué no aceptamos que el universo puede estar en permanente evolución energía-materia-energía-materia.... sin principio ni fin, en un proceso de permanente -eterno- equilibrio dinámico?.
La masa-energía de los cuerpos celestes puede estar sometida a procesos similares con periodos de billones de años (segundos en el tiempo sideral): "gran bang" y dispersión de la masa-energía, acción de las fuerzas de atracción y unión de partículas (estrellas y planetas), se alcanza el punto crítico del tamaño, nuevo gran bang, etc. Lo cual podría suceder en el Universo entero o en fracciones del mismo.
El espacio sideral, contenedor, es infinito; no tiene principio ni fin; ni momento inicial ni final, es eterno; lo mismo que su contenido.
Por lo tanto, el concepto de un Ente superior se aproxima más al Brahmán indú, "más fuerza universal y principio abstracto que a un Dios propiamente dicho, con una especie de sustancia cósmica, la prakriti, se despliega, crece, disminuye, renace y revive en cada ciclo. Se suceden así eras cósmicas, las palpas, cada una de muchos millones de años, que son los días de Brahman", (A. Fernández-Rañada. "Los científicos y Dios", ed. Nobel. Oviedo, 2000)
Esto es una síntesis simplista, pero que no incumple ningún principio físico de la gravedad, el electromagnetismo, la termodinámica, ni de las teorías de la mecánica cuántica ni del mecanicismo newtoniano o la relatividad de Einstein. Eso sí, afectaría al "principio de incertidumbre", pues es de un determinismo total. Aunque quizá no del todo, pues su predicción quedaría supeditada al cálculo de probabilidades, de momento, solo de momento.
Es improcedente dramatizar sobre algo tan natural y cotidiano como la eternidad o el infinito. ¿Por qué diablos las cosas han de tener límite, principio o fin?; porque estamos acostumbrados a percibir los límites -el perímetro- de los cuerpos, de la materia, y cometemos un tremendo error interpretando las transformaciones de la materia y la energía como el final de algo que hemos percibido con unas formas y cualidades y se transforma en otra cosa; el proceso de la muerte no es ni más ni menos que un proceso de transformación. Y nos cuesta aceptarlo; de hecho no aceptamos que ahí se termina una forma de existencia, y concebimos un alma inmortal, aunque lo inmortal, lo que no desaparece sea la materia-energía, que ni se crean ni se destruyen, se trasforman.
Nuestras limitaciones mentales nos impiden percibir el infinito. Para nosotros las cosas tienen que tener un principio y un fin. La existencia eterna de masa y energía nos resulta inaceptable. Sin embargo no reparamos en la infinitud de un círculo impreso sobre un papel con la boca de un tuvo de ensayo impregnado de tinta, por ejemplo; no tiene ni principio ni fin. La diferencia está en que la infinitud del círculo es solo espacial, en tanto la de la materia es temporal: nunca sería creada porque es eterna; ni principio ni fin.
En todo caso, esta propuesta es infinitamente más racional que la de dogmas y ritos religiosos.
José Manuel Gómez Gutiérrez es Doctor en ciencias Químicas, Premio Nacional de Doctorado. Ayudante, Colaborador e Investigador Científico del C.S.I.C. Primer Catedrático de Ecología de la Universidad de Salamanca.