Videojuego
Far Cry Primal (análisis): Caminando entre las bestias
MADRID, 10 Mar. (Juan García/Portaltic) -
Se puede considerar a Far Cry Primal casi un experimento por parte de Ubisoft. La compañía gala es bien conocida por anunciar su proyectos con tiempo, y cocerlos a fuego lento durante años. Sin embargo, en esta ocasión hemos vivido precisamente lo contrario, ya que hace solo cuatro meses que sabíamos de la existencia de este proyecto. Esto nos hizo dudar en un primer momento al respecto de la calidad que podría atesorar, o incluso si se trataba de un juego completo o de un pequeño experimento al estilo de Far Cry Blood Dragon.
Ahora, tras haber probado a fondo el juego completo se despeja toda sombra de dudas al respecto de la envergadura o la calidad de Far Cry Primal, que llega con toda la fuerza de la serie y un cúmulo de señas de identidad que hacen que merezca la pena al menos probarlo. Lo más evidente (y relevante) es el cambio de época y ambientación, ya que se abandona tiempos contemporáneos para viajar a la prehistoria, concretamente al año 10.000 AC, cuando el hombre aún no era la cúspide de la cadena alimenticia.

Esto supone dejar atrás los vehículos, las armas de fuego e incluso el lenguaje tal y como lo conocemos, y dar la bienvenida a bosques casi infinitos, tribus de idioma ininteligible y un puñado de armas arcaicas como única herramienta para nuestra supervivencia en el hostil mundo que Ubisoft nos propone. Es precisamente en este aspecto, el de la ambientación, donde triunfa Far Cry Primal, al presentarnos un mundo creíble y repleto de detalles.
No es solo que las especies que lo pueblan actúen como deberían, sino que sus logros van mucho más allá, alterando cada variable a las demás. Lo vemos con el comportamiento del fuego, que se extiende como si fuera real y afecta a los animales, pero también con el ciclo día noche o las interacciones de los seres humanos con la naturaleza. Todo ello, además, en un Valle de Oros tan repleto de elementos que es difícil encontrar un momento de descanso.
Por eso, lo que más nos ha gustado de Far Cry Primal ha sido perdernos en su inmensidad, descubriendo nuevos secretos y desfaciendo entuertos a favor de nuestra tribu, enfrentada a dos enemigos hostiles que pugnan por su supremacía en este idílico entorno. A ello contribuyen sus mecánicas de juego más básicas, que nos obligan a recoger materia prima del entorno para crear nuevos objetos y municiones, haciendo que nuestra relación con la naturaleza vaya más allá de la vista, participando en la función de manera activa. A esto hay que sumarle también la fauna del Valle de Oros, un total de 42 especies diferentes que podremos cazar o incluso domesticar (en el caso de los 17 depredadores incluidos) para utilizarlos como una herramienta más durante nuestras aventuras.
La pena es que precisamente esas 'aventuras' no son todo lo brillantes que deberían, al resultar demasiado planas y poco variadas a lo largo de las 12 o 15 horas que puede durar la campaña, si nos centramos en las misiones principales. Todo comienza prometedor, contándonos la historia de Takkar, un cazador Wenja que acaba en el Valle de Oros tras una partida de caza desastrosa.

Su misión es reunir a sus 'paisanos' en dicha localización y reconstruir el asentamiento de su tribu. Fin de la historia. Son un total de 13 misiones (con varios encargos por misión) que suelen limitarse a un 've allí y mata a todo lo que se mueva', con pequeñas variaciones. Le salvan el elenco de personajes secundarios, variopinto y divertido, y la continua mecánica de mejora del poblado y nuestro personaje, en la línea de las anteriores entregas de la serie Far Cry.
Lo que le falla a Far Cry Primal es, quizá, que no profundiza en la propuesta, teniendo miedo de resultar demasiado complicada para aquellos no iniciados en los juegos de supervivencia. Por eso no hay mecánicas complicadas de ataque o defensa, solo habiendo disponibles un número limitado de armas y movimientos de combate. Es posible que también sea la razón por la que todos los animales se domestican de la misma forma, lanzando un cacho de carne y esperando que se acerquen, sin que además luego haya ningún tipo de afinidad con el animal, por mucho que lo cuidemos y acariciemos. Resulta evidente que Ubisoft no ha querido meterse en camisas de once varas a este respecto, cuando toda la creación y mejora de objetos está dirigida de tal forma que nuestra única preocupación es recoger los 'ingredientes' de la naturaleza.

Por eso, no se puede permitir una mayor variedad en sus misiones principales y la exploración del mundo abierto resulta lo más divertido. Se han limitado las formas de utilizar los incontables recursos que sí se nos permite recoger. Una pena, ya que da la sensación de que Far Cry Primal desaprovecha la oportunidad de ser excelente, quedándose simplemente en un juego bueno, divertido y recomendable. Su apartado visual va por encima de la media, el cuidado en la faceta sonora es extraordinario y ni siquiera echaremos (demasiado) de menos sus opciones multijugador... Aunque hay que reconocer que un cooperativo no le habría venido nada mal al juego, sobre todo a la hora de aumentar la rejugabilidad. Se nos hace la boca agua solo con imaginar partidas de caza a lomos de sendos mamuts junto a nuestros trogloditas compañeros.
Será en otra vida, en esta toca disfrutar de la experiencia para un solo jugador que se nos brinda, que puede no ser perfecta, pero sí recomendable.
