Actualizado 01/12/2015 10:26 CET

Just Cause 3 (análisis): explosiones hasta donde alcanza la vista

   MADRID, 1 Dic. (José L. Ortega/Portaltic) -

   En ocasiones hay que dar un golpe sobre la mesa y alejarse de los estándares habituales en cualquier ámbito, y eso es algo que hacen de maravilla desde Avalanche Studios con Just Cause 3. ¿Que una isla paradisíaca del Mediterraneo es para descansar? Pues la llenamos de destrucción, explosiones y un malévolo dictador por el medio. ¿Que los sandbox tratan de ofrecer el mayor realismo posible? Pues ponemos a un protagonista que tenga un gancho multiusos con el que saltar de helicóptero en helicóptero, un paracaídas y un traje con el que pueda planear por los bellos parajes del juego.

   Just Cause 3 es un título atípico, orgulloso poseedor de un concepto que lleva por bandera un desenfreno sin parangón. Una propuesta accesible y que simplemente trata de satisfacer al usuario gracias a su concepto directo y sin demasiadas complicaciones, ofreciendo además un continuo espectáculo visual gracias a su continuo show pirotécnico repleto de destrucción de escenarios y explosiones que dejan en ridículo cualquier producción de Michael Bay.

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   Como decimos, la aventura nos traslada al ficticio archipiélago de Medici, donde un tirano dictador llamado Di Ravello tiene oprimida a la población de la zona debido a sus ansias de poder y de querer dominar el mundo. Rico Rodríguez vuelve a ser el protagonista y quien, gracias a sus peculiares habilidades, debe tratar de poner freno a las ambiciones del villano de turno en una trama que sirve solo como un mero acompañamiento sin demasiados alardes y cuyo único interés se desglosa en los divertidos chascarrillos que ofrecen los personajes en las escenas cinemáticas.

   La propia región de Medici se erige también como la intencionada protagonista, ya que la vasta extensión de terreno que ocupa da lugar para infinidad de cometidos. Tenemos a nuestra entera disposición más de 1000 kilómetros cuadrados por los que podremos deambular casi con total libertad gracias a la innata habilidad del protagonista, que se puede desenvolver a la perfección no solo por tierra, sino también por mar y aire.

   Precisamente, la presencia de Rico por el aire se convierte en la tónica habitual. A pesar de que contamos con infinidad de vehículos como coches, motos, helicópteros o lanchas motoras, no necesitaremos de sus servicios para recorrernos el inmenso mapa de punta a punta. Basta con el paracaídas que porta el protagonista para viajar por la isla contemplando la belleza del paisaje, muestra del enorme trabajo a nivel visual y de diseño realizado por Avalanche Studios. Además, ahora podemos planear con las nuevas 'alas' que tiene nuestro atípico héroe en el traje, dotando a la transición entre escenarios de una mayor espectacularidad. Aunque cuidado con el más que posible piñazo.

   Pero el principal protagonista del juego no es la preciosa isla del Mediterráneo o la cantidad de vehículos. Ni siquiera el propio Rico Rodríguez. Los focos en Just Cause 3, como ya ocurriera en la anterior iteración de la saga, se los lleva con total merecimiento el gancho, un artilugio multiusos que debemos utilizar en prácticamente todas las situaciones que nos propone el juego, y que es la pieza clave para la diferenciación con el resto de productos del mercado que ofrecen un corte similar.

   Este particular gadget es el verdadero epicentro de la diversión. Su sola presencia es un incentivo para que, el que está a los mandos, trate de mostrar de forma constante un alarde de ingenio y creatividad para salir airoso de situaciones complicadas de la forma más original posible. Las posibilidades con el gancho son prácticamente infinitas, haciendo realidad esa frase hecha que reza que "el único límite es la imaginación". Una verdad como un templo en este caso.

   Podríamos poner mil ejemplos de acciones que se pueden realizar con el bendito gancho. Algunas muy útiles, como amarrarle a un helicóptero y lanzarle contra la zona donde los enemigos nos están atacando con un tanque. Otras más crueles, como enganchar a uno de los soldados de Di Ravello y unirlo a un vehículo que esté paseando por la zona para verlo arrastrarse. O incluso situaciones de lo más surrealistas, como preparar con él una catapulta y lanzar un coche ante cualquiera que trate de interponerse en nuestro camino. Acciones que se realizan con dinamismo y facilidad, aportando constantemente una diversión inconmensurable.

   Desde Avalanche Studios saben cómo llevarnos a su terreno, y eso se aprecia en el desarrollo de Just Cause 3. Las refriegas contra enemigos están repletas de zonas vulnerables para que evitemos acabar con ellos con armas convencionales y lo hagamos con el estilo propio que destila la aventura. Es muy habitual ver nutridos grupos de rivales cerca de estructuras que pueden derribarse o al lado de depósitos de combustible para que reventemos el lugar y las llamas inunden nuestras pantallas. El juego palía así su aparente simplicidad en los tiroteos, que no nos permiten más que disparar sin la posibilidad de agacharnos en alguna cobertura. Aquí podemos ir a pelo como si fuéramos el mismísimo John Rambo y finiquitar a todo un ejército sin inmutarnos. Y además, tenemos el gancho.

   Claro que, nos encontramos ante un título de naturaleza sandbox que ofrece una enorme libertad a la hora de realizar las acciones, aunque lamentablemente, este aspecto ha quedado ciertamente descuidado. Tenemos que ir conquistando las provincias de la isla que se encuentran bajo la opresión de Di Ravello cumpliendo una serie de objetivos un tanto insustanciales pero significativos, como derribar sus estatuas, destruir sus discursos de radio que se emiten en toda la ciudad o derribar sus carteles. Un añadido que sería más interesante si en determinados momentos no fuera obligatorio haber recuperado cierto número de zonas para poder continuar con la historia principal. Un proceso que se antoja tedioso y reiterativo en exceso. Por divertidos que sean los tiroteos, cuando debemos enfrascarnos en ellos simplemente por estirar el chicle se pierde fuelle y mordiente. Resulta paradójico, pero en muchos tramos de Just Cause 3 se echa en falta una experiencia más directa.

   Lamentablemente, debido a la ambición del estudio desarrollador y a las ganas de querer agradar con la acumulación de acción y explosiones en pantalla, el framerate se resiente una barbaridad en más ocasiones de las que nos gustaría, bajando por debajo de los 20 frames por segundo de forma más que habitual. Una tara que empaña considerablemente la experiencia junto a los extensos tiempos de carga de los que hace gala el titulo. Errores que esperemos que se subsanen con alguna actualización temprana.

CONCLUSIÓN

   Just Cause 3 es endemoniadamente divertido cuando no se detiene en alardes innecesarios que provocan cierta sensación de desidia. Aunque suene contraproducente ante un título de estas características, una experiencia más directa y menos ambiciosa le habría sentado mejor. Aun así, Avalanche Studios ha creado una propuesta más que recomendable para todos aquellos que quieran salir de la monotonía y que busquen entretenimiento sin demasiadas pretensiones. Y explosiones. Muchas explosiones.

José L. Ortega es crítico de videojuegos. Puedes leer su análisis en IGN España y comprobar qué nota le ha puesto a Just Cause 3 en este enlace.