Andreas Schleicher (OCDE): "Los planes de estudios en España están sobrecargados y tienen poca profundidad"

El director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher
FUNDACIÓN SANTILLANA
Publicado 09/10/2018 17:36:41CET

El responsable del Informe PISA rechaza cualquier tipo de "adoctrinamiento" y considera "contraproducente" la "segregación"

MADRID, 9 Oct. (EUROPA PRESS) -

El director de Educación y Competencias en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Andreas Schleicher, considera que los planes de estudios en España "están sobrecargados" y tienen "poca profundidad", y propone reducir contenidos en la aulas a cambio de fomentar "ideas más fundamentales" de cada asignatura.

"Hay que enseñar menos cosas y con más profundidad", ha asegurado Schleicher (Hamburgo, 1964) en una entrevista a las agencias españolas en Madrid, donde ha acudido para presentar su libro 'Primera clase', editado por la Fundación Santillana.

"En Japón, que tiene una situación parecida a España, redujeron el 30% del contenido de su plan de estudios y su rendimiento educativo no ha disminuido", ha explicado el investigador alemán y responsable del Informe PISA, que desde el año 2000 evalúa las capacidades de estudiantes de todo el mundo en lectura, matemáticas y ciencias.

Para Schleicher (Hamburgo, 1964) "no se trata de la cantidad de asignaturas" que cursan los escolares, "sino de lo esencial de cada una ", y aconseja a los docentes que se esfuercen en transmitir una "comprensión multidisciplinar" a sus alumnos.

"Es muy fácil enseñar conocimiento, pero difícil enseñar un entendimiento profundo. Es difícil, pero es el futuro de la enseñanza. De lo contrario, simplemente estaremos enseñando a los estudiantes a ser tan listos como un 'smartphone', pero nada más", sentencia.

MÁS EDUCACIÓN EN VALORES

"En la era de la inteligencia artificial, tenemos que pensar mucho más sobre aquello que nos hace humanos", sostiene el alemán, crítico con el concepto "instrumental" de la educación. "A veces nos hemos olvidado de valores como la tolerancia y la cohesión. Hay un enfoque industrial de la educación en la que estandarizamos a la gente, pensamos mucho en el desarrollo cognitivo, y creemos que los valores son algo que corresponden a la familia, pero no al colegio, y es algo que deberíamos cuestionar seriamente", afirma.

"El precio de no haber prestado atención a esto es la fragmentación de la sociedad, amplificada por la tecnología", añade Schleicher, recordando que el próximo Informe PISA, que se publicará en 2019, incorporará un análisis de "los valores y las actitudes hacia la diversidad" en los más de 70 países que participan en el estudio, y que dibujan realidades educativas todavía distantes.

"En Singapur, el nuevo plan de estudios no está estructurado en torno a la física o la historia, sino a los valores. Allí, si eres un profesor de educación física, no te tienes que preguntar si tus alumnos están en forma, sino si son responsables por los demás, trabajar bien en equipo, desarrollan valentía, liderazgo o relaciones positivas. Valores que deberían estar en el centro de una buena educación", expone.

MEJOR CALIDAD QUE CANTIDAD

En la fórmula de Schleicher para construir una escuela de calidad en el siglo XXI se aboga porque los profesores pasen tiempo con los alumnos fuera del aula, que la educación se personalice a las necesidades y talentos de cada estudiante, o que los docentes nunca dejen de aprender. Mejoras que recomienda al sistema educativo español, más que aumentar la financiación o reducir el ratio de alumnos por aula.

"En países como España, es más importante la calidad de los recursos que la calidad de los recursos que inviertes en educación", asegura. Por ello, según Schleicher, "si no cambias las prácticas pedagógicas, tener más o menos alumnos en el aula no cambia nada".

En su opinión, y tras años analizando los sistemas educativos de medio mundo, el alemán prefiere invertir en "profesionalizar" a docentes, o llevar a los mejores profesores a aquellos centros con mayores necesidades.

El director de Educación de la OCDE también apela a los padres y madres del alumnado. "No deberíamos mirar la escuela como un lugar donde dejamos a los niños, y donde son simplemente consumidores de conocimiento", dice para hacer un llamamiento a la implicación de las familias, porque mejora el rendimiento escolar de sus hijos.

"Preguntar a tu hijo cómo le ha ido en el colegio tiene un impacto muy importante en sus resultados, porque le demuestra que el colegio es algo muy importante", explica aportando ejemplos de distintas latitudes del planeta.

"En Suecia o Finlandia, al final del año, el profesor reúne a cada alumnos con sus padres simplemente para preguntar en qué aspectos pueden mejorar, y la regla de oro es que ninguno se puede quejar de nada, todos tienen que pensar en mejorar los resultados", relata.

NI SEGREGACIÓN NI ADOCTRINAMIENTO

Sobre la situación de la educación en España, el responsable de la materia en la OCDE pone en valor el progreso de los últimos años, a pesar de que un informe de su organización publicado el pasado mes de septiembre alertara de que el 55% de los hijos de padres sin estudios secundarios en España tampoco logran alcanzar ese nivel formativo cuando son adultos. Un dato que podría interpretarse como una avería del 'ascensor social' que supone la educación para la población más vulnerable.

"Analizo ese dato en positivo, porque España ha avanzado mucho más en movilidad social que otros países de Europa", asegura Schleicher, que rechaza todo tipo de segregación en las aulas, también por sexo. "No creo que sea el enfoque adecuado, cualquier forma de segregación en educación ha demostrado ser contraproducente", defiende el investigador.

Del mismo modo, el alemán rechaza todo tipo de adoctrinamiento en las aulas, incluso la que pueden ejercer los poderes públicos. "La educación no debería tratarse de una visión de un gobierno sobre cómo funciona el mundo, sino de cómo hacemos para que los estudiantes miren al mundo desde diferentes perspectivas", argumenta para reivindicar el espíritu crítico.

"Nos centramos demasiado en escribir libros de texto políticamente correctos y poco en ver cómo tienen que ver los niños el mundo actual, por el que tienen que navegar y analizar lo que escuchan y lo que leen sin señalarles lo que es bueno o lo que es malo", sentencia.