EpC.- El obispo de Alicante dice que los centros católicos deben explicar cómo objetar aunque "no impedir ni forzar"

Europa Press Sociedad
Actualizado: lunes, 3 noviembre 2008 15:28

ALICANTE 3 Nov. (EUROPA PRESS) -

El obispo de la Diócesis Orihuela-Alicante, Rafael Palmero, aseguró hoy que "no existe ninguna garantía jurídica para que los centros de la Iglesia puedan adecuar el programa de Educación para la Ciudadanía a su ideario católico", por lo que no excluye la "objeción de conciencia" y considera que los centros católicos "han de posibilitar el ejercicio de la libertad de los padres", explicar el procedimiento para hacerla efectiva y "no impedirla ni forzarla".

En una nota pastoral difundida hoy por el Obispado, Rafael Palmero quiso "orientar a los padres que piden ayuda y solicitan apoyo en el momento en que se está implantando en España esta asignatura". En este sentido, indicó que "no existe ninguna garantía jurídica para que los centros de la Iglesia puedan adecuar el programa de la asignatura a su ideario católico".

Así, citó "entre los medios no se puede excluir la objeción de conciencia", por lo que destacó que "un centro católico ha de posibilitar el ejercicio de la libertad de los padres, ha de explicar cómo presentar una demanda ante el propio centro o ante las autoridades educativas, y ha de responder a los padres objetores". En su opinión, "la legítima objeción de conciencia no se ha de impedir ni forzar en ningún centro".

Palmero se mostró "siempre interesado en formar y colaborar en la preparación de verdaderos ciudadanos solidarios, responsables y equilibrados en sus relaciones humanas, respetuosos con la convivencia y con sus leyes constructivas y positivas para el bien" del ser humano, así como "a favor de una educación cívica, en la que la EpC sea una asignatura libre de componentes ideológicos, que prepare para la convivencia democrática".

A su juicio, "perfeccionar al hombre por el camino de la humanización al asimilar la cultura es la razón de ser de todo el proceso educativo, porque anda en juego la verdadera ciudadanía, el verdadero ciudadano". Para lograrlo, insistió en "continuar una reflexión sosegada y rigurosa en el hermoso campo de la educación, de la familia, y de las comunidades cristianas, partícipes, corresponsablemente de la educación de sus miembros".

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