MADRID 12 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Aula de Cultura Altamira, asociación dedicada a la alfabetización y formación de adultos, celebra este curso 25 años de existencia. Durante este cuarto de siglo se han matriculado en sus clases unos 8.500 alumnos, y más de 650 personas han aprendido a leer y escribir en sus aulas, informó la propia entidad mediante un comunicado.
En la actualidad, más de 200 personas repartidas en seis niveles de alfabetización adquieren las habilidades y conocimientos de formación básica. Además, otras 500 participan en alguno de los 13 talleres en los que se realizan actividades culturales tan diversas como el estudio de historia contemporánea e historia del arte, literatura, inglés, comunicación, psicología, dibujo y pintura, teatro, manualidades e incluso bolillos.
El perfil del alumno de Altamira es el de una mujer de unos 70 años, procedente de los distritos madrileños de Ciudad Lineal o San Blas que vive con su pareja o sola tras haber enviudado, y que dedica la mayor parte de su tiempo a las labores de casa.
Asimismo, la práctica totalidad de las personas de 1º y 2º de Alfabetización jamás fueron al colegio o, si lo hicieron, nunca permanecieron en las aulas más de año y medio. De hecho hay mujeres que la primera vez que se han sentado en un pupitre o han visto una pizarra ha sido en Altamira. Esta asociación desarrolla su labor en el Centro de Educación Primaria Nuestra Señora de la Caridad del Cobre (calle Hermanos García Noblejas, 17), que cede por las tardes la comunidad religiosa que dirige el colegio. A partir de las 18.30, cuando los niños abandonan las aulas, éstas son ocupadas por los mayores, con lo que "no es nada raro en Altamira que el pupitre que por las mañanas ocupa un niño, por las tardes lo utilice su abuela o su abuelo", señala la asociación.
Según esta escuela, sus alumnos buscan, ante todo, "recuperar el tiempo perdido y encontrar las oportunidades que no tuvieron, pero también buscan un entorno de apoyo y de superación". Además, la asociación señala que a las aulas acuden "muchas mujeres que viven solas, viudas con hijos recientemente independizados, amas de casa al cargo de enfermos y mayores o abuelas y abuelos 'canguro'", es decir, dedicados al cuidado de sus nietos, "que apenas tienen tiempo para sí mismos".