Cardenales conservadores alertan de que el Sínodo de la Familia no puede cambiar la doctrina de la Iglesia

Publicado 03/10/2015 11:30:33CET

Cuestionan aspectos relacionados con los divorciados vueltos a casar y las uniones homosexuales, que no alcanzaron consenso en el primer Sínodo

ROMA, 3 Oct. (EUROPA PRESS) -

Cardenales conservadores han alertado, en vísperas del segundo Sínodo de la Familia, que comenzará este domingo, que este encuentro no puede cambiar la doctrina de la Iglesia. Además, rechazan la comunión para divorciados vueltos a casar y niegan una posible equiparación de las uniones homosexuales a las heterosexuales.

Los 183 padres sinodales que votaron el texto final de la primera asamblea sinodal, celebrada hace un año, no lograron acuerdo sobre estas cuestiones. Concretamente, sobre tres de los 58 párrafos, relativos a divorciados, comunión espiritual a divorciados y homosexuales, que no alcanzaron los dos tercios de los votos.

Además, en el Instrumentum laboris, documento preparatorio de este segundo Sínodo, se indica sobre la acogida a las personas homosexuales que "toda persona, independientemente de la propia orientación sexual, debe ser respetada en su dignidad y acogida con sensibilidad y delicadeza". Por otro lado, sobre los divorciados que se han vuelto a casar, el texto precisa que las acciones deben orientarse "hacia una integración cada vez mayor" teniendo en cuenta "las situaciones de partida".

En este sentido, el cardenal y arzobispo de Bolonia, monseñor Carlo Caffarra, ha afirmado, en una entrevista concedida a Europa Press, que no es posible administrar la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar.

En el marco de la firma el pasado 30 de septiembre de un manifiesto por parte de varios cardenales, entre los que estaban Cafarra y Burke, así como varios obispos, sacerdotes y numerosos laicos, Cafarra precisó que admitir "legítimamente" a los divorciados que se han vuelto a casar en la Eucaristía "niega la ontología sacramental del matrimonio y reduce la indisolubilidad a una ley moral".

"No es posible. Tal admisión querría decir cambiar la doctrina del matrimonio, de la eucaristía, de la confesión, de la Iglesia sobre la sexualidad y tendría una relevancia pedagógica destructiva porque ante esta decisión, especialmente los jóvenes podrían concluir que no existe un matrimonio indisoluble", ha especificado.

Por su parte, el purpurado estadounidense Raymond Leo Burke ha precisado que el Sínodo no tiene competencia para cambiar la doctrina de la Iglesia católica.

"Se ha dado la impresión de que el Sínodo lo podía hacer: en cambio es necesario que se eviten estas distorsiones dañinas para la Iglesia universal", destacó durante la firma de este documento dirigido al Sínodo en el que, entre otras cosas, se advierte de que si la Iglesia iguala las relaciones heterosexuales a las homosexuales se subvierte la ley natural.

"Es impensable que la Iglesia haga hipótesis de una equivalencia de hecho, no sólo en el ámbito legal, entre una relación y una pareja heterosexual y una relación de carácter homosexual, porque esto sería la subversión de la ley natural y del designio de amor de Dios creador", reza el manifiesto.

PELIGRO DE PERCIBIR UN DIVORCIO CATÓLICO

El cardenal estadounidense, que fue prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, también ha reflexionado sobre las recientes modificaciones del proceso de nulidad matrimonial aprobadas por el Papa Francisco que prevén su simplificación a través de la abolición de la obligación de la doble sentencia conforme, agregando la posibilidad de decisión del obispo de la diócesis en tiempos más breves. Así, ha advertido del peligro de que la opinión pública perciba estos cambios como la introducción de un "divorcio católico".

Por otro lado, Burke ha criticado el punto 114 del Instrumentum Laboris. Este párrafo del texto firmado por el Secretariado del Sínodo detalla que la falta de fe podría validar la nulidad de un matrimonio. En cambio, para el cardenal estadounidense que es el actual patrono de la Soberana Orden de Malta "la sacramentalidad del matrimonio no depende de la falta de fe".

El documento esta firmado, además de por Cafarra y Burke, por el cardenal Walter Brandmüller, el cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Robert Sarah y el arzobispo emérito de Colonia, el cardenal Joachim Meisner y los laicos filósofos Robert Spaemann, Giacomo Samek Ludovici, Thibaud Collin y Armin Schwibach, así como los intelectuales estadounidenses Robert Royal, el escritor francés Guillaume d'Alançon, y el expresidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi.

ROUCO Y OTROS DIEZ CARDENALES

Por otro lado, esta semana también se ha publicado el libro 'Once cardenales hablan sobre el matrimonio y la familia', escrito por once cardenales, entre ellos el arzobispo emérito de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en el que manifiestan su rechazo a que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, consideran que las rupturas matrimoniales son una pandemia y afirman que las uniones de parejas homosexuales desafían el buen sentido.

Concretamente, el arzobispo emérito de Madrid propone acoger a los separados y divorciados sin desvirtuar la "indisolubilidad" del matrimonio ni su contenido teológico y canónico.

En la publicación, han participado Carlo Caffarra; el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de la India, Baselios Clemis; el arzobispo de Praga (República Checa), Dominik Duka; el arzobispo de Utrectht (Holanda), Willem Jacobus Eijk; el arzobispo Emérito de Colonia (Alemania), Joachim Meisner; el arzobispo de Abuja (Nigeria), John Onaiyekan; el vicario Emérito de la diócesis de Roma y expresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Camillo Ruini.

Asimismo, forman parte del proyecto el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Robert Sarah; el arzobispo de Caracas (Venezuela), Jorge Urosa Savino; y el presidente Emérito del Pontificio Consejo Cor Unum, Joseph Cordes.

Precisamente, para Cordes, los divorciados vueltos a casar han infringido un mandamiento de Jesús "inequívoco" y viven en "una situación que contradice de manera objetiva lo que quiere Dios", por lo que la única solución es la "comunión espiritual".

Por su parte, para el arzobispo de Utrecht, el cardenal Eijk, la concesión de la comunión es un peligro que hay que evitar porque "una vez aceptada, se aceptará también que el mutuo don de los esposos no deba ser total, ni a nivel espiritual, ni físico". "En consecuencia, nos veremos obligados a cambiar la doctrina de la Iglesia que se refiere al matrimonio y a la sexualidad", alerta.

ALTO NÚMERO DE RUPTURAS

Además, en un libro publicado por Palabra titulado 'Dios o Nada', el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal africano Robert Sarah, advierte de que es un error argumentar en favor del acceso de los divorciados vueltos a casar a la comunión aduciendo el alto número de rupturas, porque los divorciados que se vuelven a casar "contradicen la ley de Dios" e inducen a otros a "pecar".

"Si los divorciados se vuelven a casar civilmente se ponen en una situación que contradice objetivamente la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación", subraya Sarah citando el Catecismo de la Iglesia Católica.

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