MADRID 8 May. (EUROPA PRESS) -
La historia de la ópera no puede entenderse sin la decisiva aportación de los grandes compositores italianos. La irrupción en el siglo XIX de genios como Rossini, Bellini, Donizetti y el propio Verdi fueron clave para continuar, con su estilo personal, la labor que iniciaron Mozart y Haydn. Todos ellos lograron algo al alcance de muy pocos artistas: crear obras inmortales que a día de hoy continúan maravillando a millones de personas en todo el mundo. De hecho, Italia sigue llevando muy a gala su tradición operística y es uno de los países que más espectáculos ofrece con un cuidado y un mimo exquisitos.
Italia está orgullosa de haber acuñado el término bel canto, que actualmente se utiliza incorrectamente como sinónimo de la ópera como género. Su significado es el de "canto hermoso" y en un inicio se denominaba así al arte vocal para conseguir una armonía prácticamente perfecta gracias a un timbre de extraordinaria dulzura. Fue una manera de dar un peso muy significativo a la voz dentro de la ópera para que, junto con la música, formaran una simbiosis rítmica impecable. En definitiva, se daba una mayor importancia a la técnica vocal por encima de la potencia. Rossini, Bellini y Donizetti fueron sus máximos exponentes.
El bel canto va íntimamente ligado a la ópera romántica, que significó en el siglo XIX un punto de inflexión para este género en Italia. El gran público se vio conquistado por las obras que se crearon en esta centuria, especialmente con la aparición del gran maestro italiano Giuseppe Verdi. La cantidad y calidad de las piezas que surgieron en el XIX borraron casi de un plumazo todo lo que se había hecho con anterioridad en Italia, como las óperas cómicas y serias del siglo XVIII.
El listón de la ópera italiana no bajó cuando arrancó el siglo XX gracias a otro de los grandes, Giacomo Puccini, cuyo legado con obras como "Tosca" o "La Bohème" es uno de los más sublimes de la historia del género.
Italia mantiene esa tradición intacta y en la actualidad ofrece en sus principales ciudades programas operísticos completos y al alcance de todos los públicos. Este género ha dejado hace tiempo de estar sólo al alcance de la élite de la sociedad para convertirse en un espectáculo más democrático y asequible. Roma es un ejemplo de esta apuesta al tener claro que si no se acerca la ópera al pueblo, el pueblo no le cogerá el gusto a la ópera. Por este motivo, además de las representaciones del prestigioso Teatro dell'Opera di Roma, donde se han estrenado importantes obras, hay otros escenarios menores que ofrecen propuestas de una indudable calidad, pero al alcance del gran público. Este acercamiento se hace bien con representaciones de óperas completas, bien con extractos de algunas de las más famosas piezas.
Un ejemplo es el fantástico programa que acoge la iglesia de San Pablo Intramuros bajo el título de "La Grande Opera Italiana". Se trata de un completo repaso a alguna de las grandes obras de Verdi, Rossini, Puccini, Donizetti, Mascagni y Bellini de la mano de una soprano, un tenor y un barítono acompañados por la música de una excepcional orquesta de cámara. Una ocasión inmejorable de disfrutar con obras inmortales como "Tosca", "El barbero de Sevilla", "Norma" o "Nabucco" con una cuidada interpretación en un marco incomparable. La ópera en estado puro del pueblo y para el pueblo.
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La Grande Opera Italiana