El Papa en la Misa por el Cuidado de la Creación del pasado 1 de septiembre - Evandro Inetti/ZUMA Press Wire/d / DPA
ROMA 3 Sep. (EUROPA PRESS) -
El Papa ha recibido este jueves 3 de septiembre en el Vaticano a unos 150 futuros presbíteros del Seminario Regional Pontificio Pugliese Pío XI de Molfetta y del Seminario Episcopal de Aversa a los que ha advertido de que el seminario no es una "llamada" que premie algún mérito personal y que "no hay concurso ni clasificación".
"Ninguno de nosotros está aquí porque se lo haya merecido, sino solamente por una libre elección por parte de Dios Padre, signo y garantía de un amor gratuito que siempre nos precede y que nunca decepciona", ha señalado.
Así, León XIV les ha exhortado a no subestimar el seminario y ha recalcado que "su tiempo es necesario". "El seminario no es un aplazamiento de la misión, sino su condición", ha reflexionado.
En este sentido, cada una de las etapas que componen la experiencia del seminario puede parecer, "en un mundo que tiene prisa", una "pausa prolongada", un "lujo", "una institución superada". "Precisamente porque nuestro tiempo es rápido y ruidoso, hace falta un lugar y una etapa de la vida en la que se aprenda a estar, a discernir, a dejarse formar sin atajos. El seminario no es un aplazamiento de la misión, sino que es su condición. No se lo subestime", afirma.
Robert Prevost define esta etapa como el monte al que hay que subir, donde alcanzar a Cristo y, sobre todo, donde estar junto a Él. "El corazón de la experiencia del seminario está todo aquí: aprender a estar con el Maestro, el Señor Jesús", añade.
Esta vocación, según el Pontífice, nace de un "diálogo íntimo con Dios", que debe llevarse adelante en el "silencio" y en la "oración", como una voz que se hace oír a pesar del "ruido ensordecedor del mundo".
El Papa también admite que el camino del seminario puede ser "fatigoso", pero que en esos momentos en los que se siente todo el "cansancio de la espiritualidad", se cuenta con el apoyo de la "fraternidad" y de compartir la misión.
"Ningún seminarista puede concebir un camino privado con el Señor: debe siempre sentir y experimentar la belleza de la mediación eclesial. El seminario, por tanto, antes incluso que un lugar donde adquirir información, debería ser una escuela de los afectos", asegura.
Además, pide a los formadores, que tienen en esta etapa un papel importante, "ciencia, paciencia y amor" ya que deben "ser los primeros maestros de ese cuidado y de esa fraternidad que se manifiestan en relaciones auténticas, personales y comunitarias".
Después, según describe León XIV, llegará el "último paso": "bajar del monte". "Seréis, pues, llamados a bajar del monte, para ser enviados a la gente de vuestras tierras: a esas familias que salen adelante con dificultad, a los jóvenes que a los veinte años hacen las maletas para buscar trabajo, a los ancianos solos, a los marginados, a quienes han perdido el sentido de la existencia", les ha explicado.
En este sentido, ha recalcado que es en la dimensión de la vida social cotidiana donde está el lugar del sacerdote, la dimensión en función de la cual todo el camino formativo ha sido pensado, para anunciar a todos la "belleza de la fe en Jesucristo".
El Papa recalca que la sola presencia de los seminaristas en los seminarios es un "signo de esperanza para toda la Iglesia". "Una vocación nunca nace sin un contexto adecuado y, a menudo, necesita un hogar, unos padres que rezan y que saben dejar ir. A vosotros, queridas familias, mi agradecimiento y el de toda la Iglesia", ha concluido.