Actualizado 15/12/2017 11:17:17 +00:00 CET

Vivamos como si fuéramos a morir algún día

Niña haciendo una fotografía
Foto: PETER ANDREWS / REUTERS

MADRID, 5 Nov. (EUROPA PRESS) -

"Cuando yo era pequeño esta señora era feísima. Ahora es mucho más guapa que antes", comentaba mi hermano hace unos días. "A lo mejor la que mejoró no fue ella. Fuiste tú, que maduraste y la veías diferente", dijo mi sobrina de 12 años.

¿No te pasa muchas veces eso, que ves feas cosas que quizá tengan más que ver con una madurez interior que con la realidad objetiva?

Un primer paso para alcanzar esa madurez puede ser aceptar que quizá miramos muchas veces la realidad con una visión pueril y poco apasionada, una mirada desesperanzada.

Quizá aún no somos tan maduros en todas las áreas como pensamos. Esto nos abre campos de acción para no estar de vuelta de la vida, sino con la ilusión de poder aprender y sorprendernos.

El segundo paso podría ser replantearse si lo que te resulta tan incómodo, tan desagradable, es realmente así de insufrible o estás poniendo pensamientos tuyos que agravan la sensación.

Basándonos en testimonios como los de Victor Frankl o Nelson Mandela, que fueron ambos privados de libertad durante un largo periodo de sus vidas, podemos afirmar que el ser humano tiene la capacidad de:

1.   Conservar la libertad interior en cualquier circunstancia.

2.   Elegir cómo interpretar lo que le sucede y qué actitud tomar ante las circunstancias.

3.   Actuar en consecuencia tras esa interpretación.

Ante cada situación tienes como mínimo dos opciones: "He tenido un día horrible porque mi jefe me ha echado la bronca por un error que cometí. ¿Qué alternativa tengo?". La alternativa está en el lugar donde colocas el foco de tu día.

Es desagradable que te llamen la atención por un error cometido y... ¿cómo has afrontado las siguientes horas? ¿Te has dado cuenta de las cosas positivas que pasaban a tu alrededor?

El camarero tan amable que te ha servido el café, el color del atardecer cuando volvías a casa, la canción que ponían en la radio. Podrías disfrutar de otros detalles de ese día al poner el foco en otras sensaciones y emociones positivas que contrastan con la negativa que te ha producido el incidente con tu jefe.

Una alternativa de pensamiento sano sería: "Oye, qué mal rato he pasado cuando mi jefe me llamaba la atención, realmente cometí un error, es normal que cometa errores de vez en cuando puesto que soy humano. Trataré de fijarme más la próxima vez".

Incluso si tu jefe ha tomado una postura desproporcionada: "Mira que tiene mal carácter este hombre, o quizá esté pasando por una época de más estrés, sea como fuere, el tono que ha utilizado es problema suyo, yo cometí sólo este error y no tiene mayor importancia".

Enfoca bien tu objetivo, como si fueras una cámara fotográfica, fíjate si las imágenes de la realidad que ves salen borrosas o distorsionadas y ajústalas mediante tus interpretaciones.

Una enfermera de cuidados paliativos recogía en un escrito las cinco cosas de las que más se arrepiente la gente en su lecho de muerte:

1. "Ojala hubiera tenido el coraje de vivir fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí"

2. "Ojala no hubiera trabajado tan duro"

3. "Ojala hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos"

4. "Me hubiera gustado estar más en contacto con mis amigos"

5. "Me hubiese gustado permitirme a mí misma ser más feliz"

Y tú, ¿de qué crees que te arrepentirás en tu lecho de muerte? Ojalá puedas decir: "Supe vivir, no siempre fue fácil, pero de todo lo que me ocurrió intenté sacar provecho y transformar situaciones aparentemente negativas en ocasiones de amar más y crecer interiormente".

1.   Una de las certezas que tenemos en la vida es que vamos a morir. Esta certeza puede ayudarte a buscar sentido a tu vida.

2.   Tenemos libertad interior para interpretar las circunstancias que nos rodean y actuar en consecuencia.

3.   Podemos reajustar el foco de nuestro pensamiento. Hacer de la realidad algo más bello y menos angustioso.

4.   El futuro y el pasado no nos pertenecen, lo único que tenemos es este instante.

5.   Este instante que constituye nuestro presente es más llevadero que cualquier otro momento. No necesitas cargarlo con errores del pasado ni con miedos del futuro.

Myriam Quemada
Psicóloga

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