Deià aparece con frecuencia en las listas de los pueblos más bonitos de Mallorca. Casas de piedra escalonadas sobre la montaña, bancales de olivos y el Mediterráneo al fondo explican parte de esa fama. Pero hay otra historia menos evidente que ayuda a entender el pueblo tal y como es hoy: la de los escritores, pintores, músicos y artesanos que, generación tras generación, decidieron instalarse aquí.