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MADRID 28 Jul. (EUROPA PRESS) -
Casi la mitad de los viajeros españoles podría estar renunciando a descubrir nuevos destinos turísticos no por cuestiones económicas, logísticas o de tiempo, sino por la inseguridad que les genera no saber pronunciar correctamente el nombre del lugar.
Así lo revela un reciente estudio elaborado por la plataforma multimodal de reserva de viajes Omio, que señala que el 41% de los encuestados deja de buscar un destino y un 43% evita reservarlo por esta barrera lingüística.
Esta dificultad fonética no solo se manifiesta al planificar viajes al extranjero, sino que comienza en el propio territorio nacional. Según los datos recopilados por la compañía, las denominaciones de origen vasco y catalán son las que generan mayor complejidad entre los viajeros del país.
En el ámbito nacional, el enclave vasco de San Juan de Gaztelugatxe se sitúa a la cabeza de la clasificación con un 28% de españoles que reconoce dificultades para pronunciarlo. Le siguen la localidad catalana de Sant Feliu de Guíxols (16%), Vilanova i la Geltrú (12%), la mallorquina Pollença (11%) y Zarautz (9%).
En el plano internacional, la capital de Eslovenia, Liubliana (24%), y la ciudad polaca de Gdansk (20%) se posicionan como los destinos globales más complejos para el público español.
PRESIÓN SOCIAL Y BARRERA GENERACIONAL
El informe vincula esta inseguridad con la ansiedad social que experimentan ciertos viajeros durante el proceso de planificación.
Entre los motivos más citados para evitar estos lugares destacan el miedo a equivocarse (17%), la preocupación por parecer maleducados (15%) y el temor a pasar vergüenza (14%).
Asimismo, un 14% de los consultados asocia de forma indirecta los nombres complejos con viajes más estresantes o difíciles de gestionar.
Esta fricción afecta de manera diferenciada según la franja de edad, siendo la Generación Z (de 18 a 29 años) el colectivo más condicionado: un 53% admite que la pronunciación les frena en la fase de búsqueda y un 48% en la de reserva, cifras sensiblemente superiores a las registradas en la generación millennial (41% y 43%, respectivamente) y muy alejadas de los boomers, de los cuales un 68% asegura no encontrar dificultad en la toponimia española.
Pese a este freno inicial, el 78% de los jóvenes de la Generación Z se muestra dispuesto a visitar estos lugares si supera la barrera previa. De hecho, el 60% de los encuestados de este segmento expresa su deseo de mejorar activamente su pronunciación antes de iniciar el viaje.
El impacto de la pronunciación traspasa además la planificación y se extiende a la propia experiencia gastronómica en el destino. Según el estudio, el 30 % de los españoles ha evitado pedir un plato en el extranjero por no saber pronunciarlo, siendo especialidades como el cacciucco (30%), el htipiti (23%) o el tzatziki (19%) las que más dudas suscitan.
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL COMO ALIADA
A la hora de buscar soluciones, la tecnología se consolida como la herramienta de referencia frente a los expertos tradicionales de viajes, a los que solo acude el 13% de los encuestados.
Un 42% de los españoles utiliza motores de búsqueda e inteligencia artificial para aprender a pronunciar los nombres, seguido de la consulta a familiares y amigos (26%) y el uso de plataformas como YouTube (21%).
En el caso de la Generación Z, las redes sociales como TikTok e Instagram representan la vía elegida por el 34% de los usuarios.