Refugios frescos para quienes viajan a Chequia en verano - TURISMO DE CHEQUIA
MADRID 8 Jul. (EUROPA PRESS) -
Centroeuropa atraviesa uno de los veranos más cálidos de su historia reciente. Sin embargo, el estío no es una invitación al recogimiento, sino una oportunidad excepcional para redescubrir la República Checa desde una perspectiva diferente.
Lejos del bullicio ardiente de las plazas principales, el país despliega un inmenso patrimonio natural, subterráneo y cultural diseñado para mitigar el rigor térmico.
Tanto en la monumental Praga como en las sugerentes regiones de Bohemia y Moravia, el secreto reside en emular la sabiduría local: entregarse al frescor de sus galerías barrocas, descender a las entrañas de la tierra o refugiarse en las orillas de sus lagos y ríos históricos.
CON EL AGUA COMO PROTAGONISTA: OASIS URBANOS Y LAGOS SECRETOS
Quienes busquen la proximidad del agua cuando el mercurio comienza a subir descubrirán que Chequia, a pesar de su condición interior, es un auténtico archipiélago de frescor.
En Praga, la vida estival se traslada a las riberas del Moldava.
El complejo de Podolí, con sus icónicas piscinas al aire libre, compite en magnetismo con Zluté lázne, una extensa playa de césped donde el baño en el río se complementa con un ambiente vibrante: alquiler de kayaks, tablas de paddle surf (SUP), pistas de vóley-playa y terrazas perfectas para ver caer la tarde sobre la silueta urbana.
Para aquellos que prefieren una inmersión pura y sostenible, el país abunda en propuestas de gran valor ecológico. El biotopo de Radotín, a las afueras de la capital, depura sus aguas de forma natural y biológica, sin aditivos químicos.
Una filosofía similar a la de la bucólica piscina Lesní koupaliste en Liberec, embutida en el corazón de un denso bosque que tamiza los rayos del sol.
Incluso en Pilsen, célebre en todo el globo por su herencia cervecera, el verano se vive en clave acuática gracias a los estanques de Bolevec, remansos de paz idóneos para el descanso.
CHEQUIA SUBTERRÁNEA Y ACUÁTICA.
A falta de mar, el territorio checo responde con majestuosos embalses que se transforman en auténticos centros náuticos de Centroeuropa.
En Moravia del Sur, la vibrante Brno presume del complejo Riviera, uno de los recintos de baño al aire libre más imponentes de la geografía checa.
Paralelamente, los grandes embalses del país actúan como el litoral interior de los locales. El embalse de Lipno (el espejo de agua más grande del país), Slapy (situado a apenas 30 kilómetros de Praga) o el legendario lago Mácha se convierten durante julio y agosto en epicentros de la navegación a vela, el windsurf y la vida activa al aire libre.
CULTURA BAJO TECHO: EL REFUGIO DE LAS ARTES Y LA MEMORIA MINERA
Las horas de máxima insolación ofrecen la coyuntura ideal para refugiarse en la vastedad de los museos y galerías del país, todos equipados con modernos sistemas de climatización.
En Praga, el monumental Museo Nacional y las diversas sedes de la Galería Nacional permiten alternar la contemplación de obras maestras con un ambiente deliciosamente fresco.
Para los amantes de la vanguardia, el Centro de Arte Contemporáneo DOX aguarda con su icónica estructura del zepelín Gulliver suspendida en el aire.
Este mapa de refugios culturales se extiende con igual brillo por el resto de regiones. En Brno, la Galería de Moravia ofrece colecciones sublimes desde el arte antiguo hasta la contemporaneidad.
Pilsen deslumbra con el Museo de Bohemia Occidental, Cesky Krumlov rinde homenaje a la vanguardia en el Centro de Arte Egon Schiele, y Liberec regala una experiencia única: su Galería Regional ocupa un antiguo balneario restaurado con mimo, donde el continente dialoga con el contenido en una perfecta armonía arquitectónica.
Para los viajes en familia, la gran joya del este es el Parque Landek en Ostrava. Este espacio alberga uno de los museos mineros más fascinantes del continente. Allí es posible descender a las profundidades de auténticas galerías subterráneas para comprender, a través del testimonio de sus pozos preservados, la dureza e historia de la vida minera de la región, disfrutando de un microclima fresco de manera inmediata.
EL UNIVERSO SUBTERRÁNEO: CUEVAS KÁRSTICAS Y LAGOS DE PIEDRA
A decenas de metros bajo el suelo, la temperatura permanece inalterable y gélida durante todo el año, ajena a los caprichos del cambio climático.
El subsuelo checo custodia joyas geológicas de primer orden.
Muy cerca de Praga, las Cuevas de Koneprusy sorprenden por sus intrincadas formaciones calcáreas.
Sin embargo, el gran sanctasanctórum de la espeleología turística es el Karst de Moravia. Las imponentes Cuevas de Punkva ofrecen un recorrido que culmina con la navegación en barca por un río subterráneo de aguas cristalinas y la contemplación sobrecogedora del abismo de Macocha.
La propia arquitectura urbana ha dejado milagros subterráneos.
En Brno, los antiguos depósitos de agua de Zluty Kopec impresionan al visitante como auténticas catedrales de ladrillo ocultas bajo tierra, mientras que el laberinto histórico bajo el Mercado de Verduras revela los secretos comerciales de la Edad Media.
Una experiencia similar a la de los misteriosos pasadizos que recorren las entrañas de la histórica ciudad de Znojmo.
A pocos kilómetros de allí, el frescor subterráneo adquiere tintes enológicos. Las bodegas tradicionales de Moravia del Sur garantizan una atmósfera perfecta para la maduración del vino y el descanso del viajero.
Perderse por los callejones de la bellísima Mikulov o recorrer las más de 80 bodegas históricas excavadas en la roca del complejo de Plze, en Petrov, algunas de ellas con orígenes en el siglo XV, es uno de los mayores placeres que regala el verano centroeuropeo.