Pinilla, un pequeño gran pueblo

Iglesia de Pinilla de Jadraque
Foto: PINILLA DE JADRAQUE
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Actualizado: viernes, 21 febrero 2014 17:51

Por Sandra Tobar

   Allí donde la carretera termina y comienzan los caminos, donde la rutina deja paso a la tranquilidad, donde ni el mejor de los pintores podría retratar la belleza de algunos paisajes o donde el móvil pierde su razón de ser al no tener siempre cobertura, comienza Pinilla de Jadraque, un pequeño pueblo del valle Cañamares, en la provincia de Guadalajara.

   Pinilla es de esos lugares que siguen guardando la esencia de los pueblos que son pequeños en dimensiones, pero que sus gentes hacen grandes. Tan sólo cuenta con un bar, el Bar 'Manolo', lugar de reunión para los vecinos del pueblo, además de la plaza, que preside el Ayuntamiento y una fuente que en 1968 sustituyó a tres olmos.

   De hecho, aún se escucha el sonido del claxon de los camiones que anuncian la llegada de la carne, la fruta o el pan para abastecer a la población del municipio o el ruido de los tractores y máquinas que bajan a cosechar.

   El ambiente de confianza y familiaridad hacen sentir a cualquiera como en casa. Todo ello hace que quienes lo conocen reconozcan que es diferente al resto y que quienes lo visitan por primera vez, no puedan impedir quedarse enamorados de sus gentes y paisajes. A tan sólo 59 kilómetros de Guadalajara y 120 kilómetros de Madrid, merece la pena visitarlo.

DEL PASADO AL PRESENTE.

   Los orígenes de Pinilla son inciertos, pero sí hay constancia de que existiera en la Edad Media. Ello se debe a la fundación del monasterio San Salvador de Pinilla, en 1218, por Fernández de Atienza y su mujer María para las monjas del Císter.

   De estilo románico, hoy tan sólo quedan las ruinas de un monasterio, que está incluido en el inventario del Patrimonio Arquitectónico de Interés Histórico Artístico de Guadalajara y cuyo dueño decidió retirar los escudos y medallones para evitar su expolio.

   Junto a las ruinas del monasterio, otras de las construcciones que destacan del municipio es su iglesia románica. De finales del siglo XII y principios del siglo XIII, la iglesia de la Anunciación es desde 1968 Monumento Histórico-Artístico Nacional. Frente a ella, una piedra recuerda que la guerra civil también dejó su huella por el municipio. Al parecer unas tropas italianas se establecieron en Pinilla durante la contienda.

   Pero su historia más reciente recuerda a la época de la emigración. El pueblo perdió habitantes en los años 60, con el éxodo de muchos vecinos a las grandes ciudades. No obstante, no desapareció, ni mucho menos, sino que conservó una población estable, que hoy en día cuenta con 61 personas, según el último censo, aproximadamente 33 de las cuales viviendo todo el año allí.

   De hecho, esta población se triplica en Semana Santa y verano, época que además arrastra a muchos pinilleros a seguir al equipo de fútbol del pueblo en su disputa por el torneo Alto Henares.

LAS FIESTAS Y SUS TRADICIONES.

   Como no podía ser menos, los pinilleros también son conocidos por su marcado carácter festivo. Así, las fiestas más grandes son en verano. Se celebran a finales de agosto y aunque han evolucionado en el tiempo, las peñas, las orquestas, concursos, juegos y comida popular no faltan nunca.

   El 5 de febrero, el pueblo rinde culto a Santa Águeda, la patrona. Una noche, antes una gran hoguera, la 'Luminaria', reúne a los vecinos alrededor de ella para comenzar la fiesta. Al día siguiente, la misa y la procesión mantienen algunas de las costumbres más religiosas.

   Estas fiestas también tienen su toque gastronómico en forma de concurso de gachas. Este año se celebró la edición IX y consiguió de nuevo reunir a vecinos, curiosos y ciudadanos de otros lugares. Se trata de un plato típico que homenajea a los más mayores del pueblo y las dificultades sufridas en la guerra.

   Muchas de estas fiestas incorporan tradiciones que continúan sumando años y moldeando la identidad de Pinilla. Así, en Semana Santa, el domingo de Pascua arde un muñeco que representa a Judas, como castigo por su traición a Jesús. Y para dar la bienvenida al mes de mayo, la costumbre manda levantar un chopo que ha sido cortado por los mozos del pueblo en mitad de la plaza.

   Durante sus dos grandes fiestas, se lleva a cabo el remate de maneros, una vieja tradición en la que los vecinos pujan por los maneros para poder sacar a la virgen en las siguientes fiestas. Y son únicamente las mujeres las que llevan en procesión a la virgen en Santa Águeda.

ENTORNO NATURAL.

   Pinilla cuenta con un entorno natural más que envidiable. Se encuentra rodeada por varios cerros, como Cerro Morte (997 metros), Umbrías (900 metros) Peña Rubía (1.009 metros) y los Bardascales (1.049 metros), además de una rica y variada fauna y flora.

   El agua es otra de las señas de identidad del pueblo, no sólo porque el río Cañamares, afluente del Henares, rodee al municipio, o por cobijarse entre dos pantanos (el de Pálmaces y el de Alcorlo), sino por la gran cantidad de fuentes o manantiales que brotan del pueblo, entre ellas destacan la fuente vieja, la de los cubillos o la del Olmo.

   Junto al río también discurre una de las varias rutas de senderismo que existen, el 'Camino del Cid', que recoge el recorrido seguido por Rodrigo Díaz de Vivar a su paso por Castilla La Mancha. Así, coincidiendo con el octavo centenario del Cantar de Mío Cid (1207-2007) diversos organismos públicos de Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante se unieron para poner en marcha las rutas seguidas por el caballero castellano con el fin de reimpulsar el turismo.

   En Guadalajara hay 15 etapas diferentes. La tercera (de más de 25 kilómetros), 'Del Cañamares al Henares', pasa por Pinilla desde el pueblo de Congostrina para bajar junto al río hasta llegar a Medranda en una ruta de 10 kilómetros.

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