Las rosquillas de San Isidro, la excusa perfecta para comerse el Madrid más castizo

Las rosquillas de San Isidro
Las rosquillas de San Isidro- MALLORCA
Europa Press Turismo
Actualizado: viernes, 8 mayo 2026 17:27

MADRID 8 May. (EUROPA PRESS) -

Cada mayo, San Isidro Labrador convierte Madrid en un escaparate de tradición castiza, chulapos y, por supuesto, dulces que saben a historia. Entre todos ellos, las rosquillas de San Isidro reinan con cuatro versiones que son casi un ritual: las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas, a las que se unen propuestas innovadoras para sorprender al comensal. Es el momento perfecto para perderse entre verbenas, paseando por la pradera, claveles y escaparates de pastelerías que llevan décadas perfeccionando esta receta. Disfrutar de este bocado no es solo cuestión de sabor, sino de callejear, elegir entre glaseados o merengues, y dejarse llevar por ese Madrid que, al menos por unos días, sabe a azúcar, historia y fiesta.

Desde hace 130 años, La Mallorquina no falta a su cita en estos días para celebrar al patrón madrileño con sus rosquillas, elaboradas una a una cada día en su obrador, siguiendo el paso a paso de la receta de siempre y utilizando las mejores materias primas para elaborar las versiones clásicas de este bocado como son las Listas, las Tontas, de Santa Clara o de Alcalá, pero este año sorprende con uno de los sabores más de moda, al presentar sus rosquillas con cobertura de chocolate Dubái, elaborada sobre una rosquilla clásica, se cubre con una capa de chocolate elaborada a base de kunafa y, una vez seca, una segunda de chocolate negro mezclado con pasta de pistacho y por encima se espolvorea con granillo de pistacho.

Otro de los obradores clásicos madrileños, Mallorca, busca este año, en el que celebra su 95º aniversario, conectar tradición y arte en una colaboración especial con el tatuador Nacho Caja, que ha diseñado una ilustración exclusiva inspirada en 'La pradera de San Isidro' de Goya para decorar las cajas en las que estarán las rosquillas tontas, las listas, con su característico baño en jarabe de limón fresco y el fondant dorado con toque de caramelo, y las de Santa Clara, coronadas con un ligero jarabe de cognac y terminadas con un toque de ralladura de lima sobre la capa de merengue suizo.

En La Duquesita, el obrador madrileño de Oriol Balaguer, celebran San Isidro con su colección de rosquillas de Madrid, donde no faltan ya en sus escaparates las tres variedades más típicas, como son las tontas, listas y de Santa Clara, siguiendo el proceso artesanal y con materias primas seleccionadas.

Mientras que en Viena Capellanes festejan la festividad del patrón madrileño con sus tradicionales de rosquillas -tontas, listas, francesas y de Santa Clara-, pero sorprenden con la versión más vanguardista e innovadora de la cadena, hecha con caramelos de violetas, una edición limitada que nació con motivo del Año Jubilar de San Isidro y que vuelve a poner en sus escaparates para sorprender a madrileños y visitantes.

Mientras, para estos días de verbena, Turris se alía con Cerveza Bailandera para disfrutar de un aperitivo castizo, ya que por la compra de dos bolsas de Pics, los snacks salados de Turris, los clientes recibirán una cerveza Bailandera Edición Limitada San Isidro de regalo. Pero el obrador, fiel a estas fechas, recupera los clásicos más castizos como las rosquillas del Santo, desde la tonta a la lista, pasando por las de limón y chocolate. Además, trae el Garrote de San Isidro, una barra en forma de garrote elaborada con harina de trigo, higos secos macerados en anís y ajonjolí, cubierta con salvado.

Y también los restaurantes se animan a celebrar esta fecha con rosquillas innovadoras como el caso del chef Yong Wu Nagahira, que sorprende en Ikigai Velázquez con una versión de las rosquillas de Santa Clara. Fieles a la esencia del dulce tradicional de masa tierna y cobertura crujiente, estas rosquillas introducen nuevos matices gracias al uso de yuzu, que aporta frescura cítrica y una mayor complejidad aromática. El glaseado, inspirado en el característico merengue seco que define a las rosquillas de Santa Clara, se transforma con la incorporación de matcha, añadiendo un sutil amargor que equilibra el conjunto y refuerza su personalidad.

 

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