MADRID, 2 Ago. (OTR/PRESS) -
Sin parar de viajar, los reporteros de 'Callejeros Viajeros' nos muestran esta vez la otra cara de las ciudades de Manila y Moscú a través de los reporteros Nacho Medina y Juan Antonio Campos, en el primer caso, y de Jalis de la Serna, en el segundo. Cuatro emite el programa este lunes, a partir de las 22.15 horas.
La capital de Filipinas, Manila, es "la ciudad donde todo se puede comprar con dinero", cuenta Guillermo, profesor gaditano en una ciudad donde viven 14 millones de personas en 15 pequeñas ciudades. Sexo y religión conviven con naturalidad en una caótica metrópoli que nunca duerme.
South Forbes Park es la zona noble de Manila. Allí, rodeados de fuertes medidas de seguridad y atendidos por una legión de empleados, viven Teresita Tambuntin y su marido Andy Liboro. Tiene un negocio de préstamos en Filipinas y su casa es una mezcla de estilo colonial, europeo y con una capilla impresionante. En sus ratos libres toma clases de flamenco con Guillermo Rivera, un apasionado de la cultura española.
Sin embargo, Manila es la ciudad de los contrastes. A pocos kilómetros está el basurero de Tondo, donde miles de personas rinden culto a la basura. Su vida gira en torno a ella. Viven de los desperdicios, comen de ellos, y ganan dinero de los bolsos y productos que hacen con sus manos con productos reciclados.
En el cementerio de Navotas comparten sitio los vivos y los muertos. Los nichos abiertos asoman los omóplatos, las calaveras y los fémures. Junto a las frías cruces de mármol, unas niñas cantan en un karaoke improvisado.
En Makati se sitúa el corazón financiero de Manila. Miles de trabajadores de la 'city' colapsan la estación de metro de Ayala a la salida de sus negocios. Por la noche, los españoles, con el empresario hotelero de Valencia Alfredo Roca a la cabeza, se juntan en un restaurante regentado por una vasca y un filipino. Allí, entre paellas de langosta, callos con garbanzos, caldos de Peñafiel y chuletones, recuerdan con nostalgia su país.
La capital rusa es la urbe más grande de Europa y una de las más caras. Sentarse en una mesa pequeña en una discoteca de Moscú cuesta 2.000 euros la noche. Mientras, decenas de personas duermen al raso bajo cero sin nada que llevarse a la boca. En la Plaza Roja, 'Callejeros Viajeros' muestra el impresionante cambio de guardia de los soldados rusos.
Enfrente, un hombre luce un halcón en el hombro. Para visitar un museo basta con ir al metro, una de las joyas de la ciudad rusa. En el Centro Español, los niños de la guerra entonan el Viva España mientras comen jamón en tacos y brindan con vodka.