En busca de la felicidad perdida

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Actualizado 20/03/2016 18:27:14 CET

   MADRID, 20 Mar. (CHANCE) -

   Hoy, día de la felicidad, te traemos artículo de Nano López, el coach para organizaciones y adolescentes, que esta semana nos habla de cómo alcanzar la felicidad a través de la perpectiva de la vida que tomó tras una terrible enfermedad.

   Justo en estos días celebro uno de los acontecimientos más importantes en mi vida: Mi segundo nacimiento. Es una ventaja porque muy pocas personas tienen la posibilidad de celebrar dos veces su cumpleaños. No sé si por suerte o por desgracia, llegó a mi vida una grave y extraña enfermedad que casi termina con mi vida anterior.

   Cuando estaba en la universidad, pensaba que la asignatura de estadística servía únicamente para estudiar probabilidades de intención de voto, de inversiones o de suerte, sin embargo jamás pensé que también estuviera tan íntimamente relacionada con la mala suerte. Cuando los médicos, me dijeron que la probabilidad de coger esta enfermedad era de 0,02 a 0,09 por 100.000 habitantes por año no pude evitar pensar que era más fácil incluso que me tocara la lotería.

   Pese a que por aquel entonces me pregunté por qué me había tenido que tocar a mí, a día de hoy lo vivo de diferente manera. Sin entrar en muchos detalles, lo que me supuso estar tan cerca del fin fue más importante de lo que parece.

   Fui muy consciente de todo en todo momento y, en esos momentos de soledad y reflexiones me di cuenta de que tenía pensamientos y creencias que eran sociales como las de "no somos nadie" o "la vida son dos días". Hasta que no viví esos difíciles momentos no llegué a comprenderlas e interiorizarlas. La sensación de que me quedaban muchas cosas por hacer era constante y mi mejor aprendizaje fue tomar conciencia de ello. Por mucho que yo supiera que la vida hay que vivirla y que es breve, no fui consciente de ello hasta que no experimenté la posibilidad de que todo terminara en primera persona.

   Fueron días interminables, semanas en las que sólo esperaba a que todo evolucionara favorablemente pero en las que descubrí cosas muy valiosas e importantes en mi vida que hoy celebro.

   Una de ellas es que debía hacer una lista con las cosas que considero realmente importantes y hacerlas, sin quedarme con la sensación de que hay cosas que deseo y no hago por estar esperando algo que no sé exactamente qué es.

   Otra cosa sobre la que reflexioné fue ¿He sido feliz hasta ahora? Esta pregunta fue un punto de inflexión porque, cuando me puse a pensar en ello, descubrí que en el fondo la felicidad no existe, que es algo efímero y, sobre todo, que la felicidad es lo que yo quiero que sea.

   Todo cambió a partir de ese momento. Me prometí a mi mismo que si todo salía bien trataría de definir lo que era para mí la felicidad.

   Cuando pasamos por un momento crítico los pensamientos negativos fluyen dominando tu mente. Por más que quieras luchar contra esa sensación, ese mar de emociones te invaden. Por lo tanto, lo mejor que pude hacer fue aceptar que yo no controlaría cuándo sería mi fin, pero lo que sí podía controlar era el sentido que le daría a todo mientras estuviera ahí.

   Aprendí a darle un sentido a mi vida, a pensar que no se sabe si es mejor saber cuando llega tu fin o no. Aprendí que no podía dejar de sentir y que luchar contra esto es una batalla imposible, que esa esperanza que me daban los médicos era una oportunidad tremenda para vivir el ahora.

   Aprendí a saber utilizar el presente, no como si fuera el último día, como se suele decir, sino como un día más siendo feliz. Que el día que volviera a nacer, comenzaría a hacer una lista y definir qué era ser feliz para mí y hacer todo lo posible para alcanzarlo.