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Actualizado 12/11/2016 15:55:06 CET

¿Qué relación tiene el silencio con nuestro yo interior?

Tenemos que ser muy conscientes de nuestro propio inconsciente

Actualizado 19/11/2016 12:44:46 CET

   MADRID, 12 Nov. (CHANCE) -

Un sábado más te traemos un nuevo artículo de Nano López. El coach para organizaciones y adolescentes nos acerca esta semana una nueva reflexión sobre el silencio y la relación que tiene con nuestros pensamientos.

El silencio puede ser un espacio de encuentro con nosotros mismos, un espacio donde demos rienda a nuestra mente para alinear lo que sentimos con lo que razonamos. Sin embargo, ¿esto nos ayuda o nos hacemos más daño?

Muchas veces no somos conscientes de las conversaciones privadas que tenemos en nuestra mente cuando estamos en silencio. Este tipo de conversaciones interfieren entre lo que decimos y lo que hacemos y es bastante habitual que estas actividades mentales se conviertan en intentos de manipular la realidad. En este espacio con nosotros mismos es donde suelen albergar opiniones tóxicas si no tomamos conciencia.

Tenemos que ser muy conscientes de nuestro propio inconsciente ya que todo ello forma parte de nuestro ser. Solemos creer que nuestra forma de actuar ante algo que nos ocurre es racional y nos olvidamos que, casi siempre, suele haber una parte inconsciente que no tenemos en cuenta. El equilibrio entre el consciente y el inconsciente es lo que nos lleva a sentir paz entre lo que hacemos y lo que sentimos.

Todos nacemos con nuestra parte inconsciente más desarrollada que la consciente. Esta última va creciendo y evolucionando conforme vamos madurando y teniendo vivencias. Yo las comparo con esa imagen que siempre hemos visto en caricaturas o dibujos animados del ángel y el demonio en nuestros hombros. A todos nos acompaña un ángel y un demonio, los cuales creemos que no influyen en nuestra vida pero, sin embargo, ellos interactúan con nosotros en todo momento.

"ESTA LUCHA INTERNA ENTRE EL PLACER Y LA RAZÓN LA QUE MUCHAS VECES NO CONTROLAMOS"

El primero que tenemos a nuestro lado es el que llamamos 'demonio', que forma parte de nuestro inconsciente. Es el que nos utiliza para satisfacer los impulsos de supervivencia, re-producción y agresión. Este mecanismo inconsciente se rige por el principio del placer. Por otro lado, el ángel es esa parte que nosotros vamos adquiriendo con el paso del tiempo y que nos ayuda desde nuestra parte consciente y racional a decidir si algo es bueno o malo, de acuerdo a unos estándares sociales que nosotros mismos hemos aceptado.

Es esta lucha interna entre el placer y la razón la que muchas veces no controlamos. Tenemos que ser muy conscientes de que el demonio nunca va a dejar de reclamar nos placer. Siempre va a estar dispuesto a luchar por ello. Este aprendizaje lo vamos desarrollando en nuestra educación. Por ejemplo, cuando un niño pequeño le quita a otro un juguete, lo hace en un principio para satisfacer esa necesidad de disfrute. En consecuencia, los adultos le van enseñando esta parte "egoísta" y haciéndole razonar sobre las consecuencias en las emociones y sentimientos de los demás.

Esto es una de las bases importantes en un equilibrio emocional. Nosotros no dejamos de sentir, y con ello no dejamos de actuar. Sin embargo, cuando una emoción nos produce dolor o angustia, la mejor manera de luchar contra ello es tratar de evolucionar en nuestro razona-miento. En fijarnos cuáles son nuestros juicios sobre lo que estamos sintiendo y que nuestra parte de placer no admite.

Tratar de que no se imponga ni la razón ni la emocionalidad. Dar conciencia a la realidad desde ese silencio que nos debe ayudar a asumir nuestra responsabilidad en lo que sentimos. Jamás vamos a poder dejar de sentir, jamás vamos a poder dejar de no querer sentir dolor y jamás trataremos de buscar la perfección.

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