En el bullicioso mapa gastronómico de Manhattan, pocos lugares poseen la autoridad histórica y el magnetismo cultural de Russ & Daughters. Más que un simple establecimiento, este rincón es un monumento vivo a la herencia inmigrante de Nueva York. Desde que Joel Russ comenzó a vender arenques en un carrito de mano en 1914, cuatro generaciones han mantenido intacto un legado donde el aroma a salmón ahumado, los bagels recién horneados y el queso crema artesanal transportan a neoyorquinos y viajeros a una época dorada que se resiste a desaparecer.