Archivo - Los padres de Sandra Peña. Archivo. - María José López - Europa Press - Archivo
SEVILLA 12 Oct. (EUROPA PRESS) -
La muerte de Sandra Peña, la menor que se suicidó tras ser víctima, presuntamente, de acoso escolar, atraviesa este miércoles, 14 de octubre, su primer aniversario. Un año después, aquel día que "paralizó" la vida de su familia marca aún su día a día, aunque asisten expectantes a cómo su hija se ha convertido en un "símbolo" que ha "despertado" el debate sobre el acoso escolar pero cuyo fallecimiento, sin embargo, aún deja "muchísimas preguntas sin responder" y aguarda aún una sanción "ejemplarizante" por parte de la Junta de Andalucía al colegio.
"Ha pasado un año, sí. Pero podría haber pasado más, o menos, porque los meses han pasado. A nosotros, en ese momento, se nos paralizó la vida", ha detallado Zara Villar, la madre de Sandra, en declaraciones a Europa Press. Desde entonces, la familia asegura haber "sobrevivido cada día" a la "ausencia física de Sandra".
Este desgaste emocional que la progenitora lamenta no ha impedido, sin embargo, que durante el transcurso de los meses hayan mantenido el foco de su lucha en esclarecer las circunstancias que rodearon la muerte de la menor y, en particular, por qué "no se hizo nada" para evitar la situación que llevó a Sandra a precipitarse desde la azotea del edificio en el que se encontraba su hogar familiar apenas unos minutos después de finalizar la última clase del día.
"FALLARON LOS PROFESORES"
Al respecto, Villar señala con rotundidad la "falta" de implicación de los docentes en la protección de su hija, una tarea que, a su parecer, recae sobre los profesores durante la jornada escolar, algo que, en el caso de su hija "no hicieron", según lamenta.
"Con Sandra falló el personal docente. Son los garantes de nuestros hijos mientras están en el centro escolar. Sandra fallece por un suicido debido a la lesión psíquica que le provocó el acoso escolar", ha argumentado.
Ello, en referencia a una de las protestas permanentes que la familia ha llevado a cabo a lo largo de estos meses, al insistir en que la dirección del Irlandesas Loreto aseguró que llevaría a cabo la apertura de dos protocolos con los que cuenta la Junta de Andalucía, el correspondiente a la prevención y actuación frente acoso escolar y frente a conductas relacionadas con la autolisis, algo que, finalmente, no llegó a suceder.
"Con Sandra no se hizo nada de eso, no se abrieron los protocolos. Y desde luego, si no se abren, no funcionan. Hubieran sido una red de apoyo fundamental para ella, para su protección", ha señalado.
Por eso, a su parecer, una de las lecciones principales a extraer tras la muerte de Sandra es la necesidad de "mirar de frente" el acoso escolar y no tratar esta problemática "como si fuese únicamente una cosa de niños", pues "no por eso tiene menos importancia". "Todo lo contrario, esto te deja marca para toda la vida".
ALZAR LA VOZ
Pese a encontrarse en el "peor momento" de sus vidas, los padres de Sandra decidieron "alzar la voz" para trasladar a los medios de comunicación, y en consecuencia a la opinión pública, su estupefacción al entender que el centro no había activado los mecanismos pertinentes para proteger a su hija.
"Decidimos alzar la voz por Sandra y por todos los niños silenciados", ha descrito Villar, incidiendo además en que, a su parecer, la acogida que ha recibido el caso de su hija responde a un factor clave: "El acoso escolar era un tema que estaba silenciado y, con Sandra, pudo destaparse".
"Para mi no hay nada más importante que nuestra hija, es lógico. Pero es curioso cómo lo ha recibido la gente. Ha sido como un 'basta ya'. Parece que el acoso escolar era un grito a voces que estaba silenciado. Creo que la sociedad, las familias e incluso el personal docente se ha sentido identificado. Eso es lo que recibimos", ha añadido.
Por ello, esperan que el caso de Sandra sea "un antes y un después" en materia de acoso escolar pues la familia espera que la "falta" de acción siente precedente.
LAS CLAVES DEL CASO
Una de las últimas novedades del caso remite al archivo penal de la querella interpuesta por los padres contra el Centro Educativo Irlandesas Loreto de Sevilla y el director del centro, la jefa de estudios y la tutora de la menor por la "comisión por parte de estos de los delitos de homicidio por imprudencia, lesiones psíquicas y trato degradante".
En el auto, la juez acordaba el sobreseimiento de las actuaciones derivadas de la querella al considerar que el colegio y sus responsables "adoptaron medidas para combatir la situación de acoso, pero no les era exigible, de hecho nadie se lo esperaba, que controlaran a la menor en todo momento para evitar que se quitara la vida", si bien remarcaba que las "personas que tenían la condición de garantes de la integridad y estabilidad emocional de sus alumnos no actuaron con la agilidad que se requería".
"No podemos compartir la decisión, evidentemente, aunque la respetamos, claro. Este auto de la Audiencia Provincial de Sevilla ha sido muy importante, porque nos da la razón en todo lo que hemos dicho desde el primer día, en que no se actuó como se debía. Nos reconforta esta parte", ha declarado Villar.
Por eso, ahora la familia queda a la espera de la vía civil. En concreto, una sanción "ejemplarizante" por parte de la Junta de Andalucía. "La juez reconoce el acoso, lo que hemos venido denunciando".
"Por eso, si no se lleva a cabo una respuesta administrativa contundente, ¿Qué podemos esperar? Andalucía tiene mucho en su mano para sentar un precedente", ha expresado en referencia a posibles futuras actuaciones por parte de la Consejería de Educación, que deberá decidir si retira el concierto en caso de acreditar infracción muy grave; ello, tras el suicidio de la joven estudiante, como consecuencia del acoso escolar del que, presuntamente, era víctima.
Ello, a la espera aún de las conclusiones por parte de la Fiscalía de Menores de Sevilla sobre las tres menores investigadas por un presunto caso de bullying a Sandra.
"Si Sandra hubiese estado protegida con la apertura de los protocolos, no hubiese sufrido esta lesión psíquica por acoso que la llevó a un estado de desesperanza total. Las personas que se suicidan no quieren dejar de vivir, quieren dejar de sufrir", ha concluido.