ZARAGOZA 15 Mar. (EUROPA PRESS) -
Miguel Fuertes Lorén (Daroca, Zaragoza 1871-República Dominicana 1926) fue un sacerdote, botánico y geólogo prácticamente autodidacta, y se llegó a convertir en todo un símbolo en su país de acogida, especialmente por el descubrimiento del larimar, popularizado décadas más tarde como piedra preciosa. Cien años después de su fallecimiento, sus descendientes en España tratan de que se reconozcan su figura y sus aportaciones.
El larimar o piedra preciosa dominicana, que se caracteriza por su color azul en tonalidades entre cielo y aguamarina, no sólo ha tenido una enorme repercusión económica por sus usos posteriores, sino que es todo un símbolo de esta nación caribeña, ha explicado a Europa Press Ricardo Javier Fuertes, sobrino nieto de su descubridor, un profesor jubilado afincado en Valencia.
Un hallazgo que, no obstante, no generó grandes rendimientos económicos a Fuertes, ya que lo que hizo en 1916 fue simplemente documentarla --a los geólogos del momento, sólo les pareció algo "nuevo y bonito"-- y no se "redescubrió" su uso como piedra preciosa hasta los años 70. Tampoco a sus familiares en España, que para su disgusto vieron cómo dejó toda su herencia al arzobispo de Santo Domingo, algo que "dolió muchísimo" dado que, además, se enteraron a través de una carta.
Y es que su legado en el país dominicano no se limita al larimar, sino que también halló pozos de petróleo o minas de otros minerales, además de relacionarse con la más alta clase política y económica de la época y contribuir a la mejora de la vida en los inicios del siglo XX, por ejemplo en la generación de electricidad en los ingenios azucareros de la provincia de Barahona, al suroeste del país, en la que se estableció.
UN AUTODIDACTA
Lo más curioso es que Fuertes no tenía estudios oficiales de botánica o geología, más bien contaba con la formación típica de un religioso. Su sobrino nieto cree que su interés se inició cuando era niño y acompañaba a su padre Dionisio a la finca 'El Pilar' o 'El Campillo', de la que era capataz, donde había un jardín botánico con especies exóticas traídas hasta Daroca.
A ello ha sumado que era "un culo inquieto", que le gustaba viajar --llegó a vivir en seis países durante nueve años, hasta que se estableció definitivamente en la República Dominicana-- y a que entró en contacto a lo largo de su vida con algunos de los más destacados botánicos o geólogos a nivel internacional.
Sin embargo, "llegó a pasar hambre", ha asegurado Ricardo Javier Fuertes, ya que era una persona "muy confiada" y fue "estafado" varias veces por "espabilados que en todas las épocas ha habido".
Además del larimar y del resto de hallazgos minerales y petrolíferos, su actividad más importante fue la elaboración de herbarios, llegando a catalogar más de 2.000 especies, en un momento en el que quedaba mucho por descubrir en América, y especialmente en la región del Caribe. Algunos de ellos han sido enviados a 25 museos y jardines de todo el mundo, entre ellos Chicago o Viena.
RECONOCIDO EN REPÚBLICA DOMINICANA
Miguel Fuertes obtuvo un gran reconocimiento en República Dominicana, donde incluso existe un gran monumento natural con su nombre en reconocimiento a su figura. En concreto, un conjunto de montañas en la Sierra de Bahoruco, cerca de la zona de la isla en la que se instaló.
No obstante, ese reconocimiento apenas llegó al otro lado del Atlántico, en su Daroca natal. Sólo consiguieron realizar un homenaje en 1989, promovido por su biógrafo, José Luis Sáez, en el marco de un proyecto en torno a grandes personalidades de cara al quinto centenario de la llegada de Colón a América, que se celebró en 1992. Se colocó una placa y, a partir de ahí, se organizó alguna charla en torno a su legado, pero "la figura luego se diluye", ha lamentado su sobrino nieto.
Ricardo Javier Fuertes, al igual que el resto de su familia, pese a no poder heredar ninguna fortuna de su antepasado, quieren ahora que al menos "sea conocido". Un primer paso sería recuperar la placa colocada en su momento, que está guardada en un almacén, y luego desarrollar, por ejemplo, unidades didácticas en torno a sus hallazgos, que podrían estudiarse en los institutos.
"No es un Santiago Ramón y Cajal", ha reconocido, pero su legado debería tener más recorrido.