La sandía del Gállego se caracteriza por su carne jugosa. - GOBIERNO DE ARAGÓN
ZARAGOZA 5 Sep. (EUROPA PRESS) -
El Banco de Germoplasma Hortícola del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) ha incorporado a su colección una variedad local de sandía procedente de San Mateo de Gállego (Zaragoza), conocida como 'Sandía del Gállego' o 'Sandía de pepita gorda'. Su conservación supone un nuevo paso en la protección de la diversidad hortícola tradicional de Aragón y del conocimiento asociado a su cultivo.
Las semillas han sido donadas por Javier Burguete, científico titular de la Estación Experimental de Aula Dei del CSIC (EEAD-CSIC) en Zaragoza, cuya familia, vinculada tradicionalmente a la horticultura del Bajo Gállego, ha conservado y cultivado esta sandía durante generaciones.
Según la información aportada por Burguete, la variedad se siembra en su familia desde el siglo XIX y es muy similar a la que tradicionalmente se cultivaba de forma generalizada en las huertas de San Mateo de Gállego, Peñaflor y Montañana. Hasta hace unas décadas era todavía una sandía habitual en la zona, pero su cultivo ha disminuido notablemente en los últimos años, coincidiendo, entre otros factores, con la creciente preferencia del mercado por las variedades sin semillas.
UNA SANDÍA RÚSTICA Y ADAPTADA A LAS HUERTAS DEL BAJO GÁLLEGO
La Sandía del Gállego produce frutos de gran tamaño. Tradicionalmente se caracterizaba por una carne muy jugosa, acuosa y algo menos dulce que algunas variedades comerciales. Uno de sus rasgos más distintivos son sus semillas de gran tamaño, que antiguamente también se aprovechaban para el consumo como pipas.
El conocimiento transmitido por la familia de Javier Burguete destaca asimismo su carácter rústico y adaptado a las condiciones locales, con buena tolerancia a la sequía y capacidad para producir frutos de gran tamaño en los terrenos de la zona. Además, se considera una excelente polinizadora.
La donación ha permitido documentar no solo sus características, sino también las prácticas tradicionales asociadas a su cultivo. En la familia de Burguete, la preparación de las semillas comenzaba habitualmente a finales de abril, evitando así que las plantas emergieran antes de que hubiera pasado el riesgo de las heladas tardías de comienzos de mayo.
Las semillas se mantenían primero durante unas 24 horas en agua y, posteriormente, entre paños húmedos hasta el inicio de la germinación. Después se realizaba una siembra directa en campo por golpes, dejando finalmente dos plantas en cada uno. La variedad se cultivaba sin poda y mediante riego por surcos, aunque durante las primeras fases podía ser necesario aportar agua directamente a las plantas.
En condiciones favorables, los primeros frutos podían comenzar a recogerse a finales de julio, mientras que agosto era tradicionalmente el periodo de máxima producción y calidad.
MULTIPLICACIÓN Y CARACTERIZACIÓN EN EL CITA
Tras la recepción de las semillas por parte de la investigadora Cristina Mallor, responsable del Banco de Germoplasma Hortícola del CITA, así como de toda la información proporcionada por el donante, las semillas se sembraron y las plantas se están cultivando en la parcela experimental del CITA durante la campaña 2026. El objetivo es multiplicar el material disponible y obtener datos de caracterización primaria, fundamentales para su adecuada conservación en el Banco de Germoplasma Hortícola.
Los tres primeros frutos de esta campaña se recolectaron el 24 de agosto de 2026, con un peso medio de 6,5 kilogramos, que destacan por su sabor dulce y por presentar numerosas semillas de gran tamaño. No obstante, en San Mateo ya llevan un mes cosechando sandías.
La incorporación de esta sandía al Banco de Germoplasma permite preservar un material vegetal que forma parte de la historia agrícola del entorno de Zaragoza. Junto con las semillas, queda además registrada la información aportada por quienes la han cultivado y conservado, un conocimiento tradicional esencial para comprender las características y el manejo de las variedades locales.
Los bancos de germoplasma desempeñan un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad agrícola, al salvaguardar recursos genéticos que pueden resultar de interés para la investigación, la mejora vegetal y el desarrollo de sistemas agrarios más diversos y resilientes. La recuperación y documentación de materiales como la Sandía del Gállego contribuye también a evitar la desaparición de variedades estrechamente ligadas al territorio y a la cultura hortícola aragonesa.