Un corredor - Europa Press
OVIEDO, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -
Una investigación liderada por la Universidad de Oviedo ha desvelado que el cerebro humano premia el esfuerzo físico y el ejercicio aunque ya no sea necesaria su práctica para sobrevivir. El estudio sugiere que el cerebro reutiliza circuitos neuronales que estaban destinados a regular la actividad física de supervivencia para recompensar la actividad, de manera similar a cuando los antepasados de la especie veían recompensado el esfuerzo al salir a cazar.
Según ha informado la institución académica en nota de prensa, el trabajo plantea un nuevo marco neuroevolutivo para comprender por qué las personas realizan ejercicio físico de forma voluntaria en sociedades donde gran parte de las necesidades cotidianas ya no requieren un esfuerzo físico sostenido.
El estudio evidencia que entrenar con regularidad va modificando paulatinamente la forma en que el cerebro valora ese esfuerzo, y quienes practican ejercicio de forma habitual tienden a percibirlo como menos costoso con el paso del tiempo.
TRES EXPLICACIONES COMPLEMENTARIAS
Según los investigadores, el cerebro recompensa el ejercicio físico porque tiene un sistema encargado de calcular si un esfuerzo merece la pena o no. Los firmantes del estudio, publicado en la revista Evolutionary Anthropology, plantean tres mecanismos que podrían contribuir a explicar por qué el esfuerzo físico sigue teniendo valor para los seres humanos, tales como la compensación homeostática, la señalización costosa y la recodificación de la recompensa.
La 'compensación homeostática' propone que el ejercicio contribuye al mantenimiento del propio organismo. "La vida sedentaria hace que dejen de producirse muchas señales internas que antes se generaban de forma natural, simplemente por moverse a diario. El ejercicio voluntario podría constituir una forma de recuperar esas señales de cuidado y reparación", han explicado.
La 'señalización costosa' señala que el ejercicio funciona como "una forma honesta de mostrar nuestra condición física ante los demás". La 'recodificación de la recompensa' sugiere que los humanos han aprendido a que el ejercicio resulte gratificante por sí mismo.
El investigador del grupo AstuRES de la Universidad, Miguel Ángel Rodríguez, ha explicado que "ninguna de las tres explicaciones excluye a las otras". "Es probable que las tres actúen de manera simultánea, con distinto peso según el individuo", ha explicado, para después detallar que en algunos casos, el ejercicio "responde sobre todo a una función de mantenimiento del organismo", mientras que en otros "tiene un componente social muy marcado" o "se ha convertido en una fuente de sentido en sí misma".