Archivo - La eurodiputada del Partido Popular Europeo (PPE), Susana Solís, en una imagen de archivo - EUROPA PRESS - Archivo
OVIEDO 28 Sep. (EUROPA PRESS) -
El Club de Calidad ha celebrado en el AC Hotel Forum de Oviedo un coloquio con la asturiana Susana Solís Pérez, eurodiputada del Grupo del Partido Popular Europeo, centrado en los grandes retos que condicionan la competitividad de las empresas asturianas y europeas. La parlamentaria se ha mostrado partidaria de una Europa más competitiva, menos burocrática y que defienda su industria.
Solís defendió que Europa no debe renunciar a la neutralidad climática, pero sí revisar el camino elegido para alcanzarla. En su análisis, la legislación debe avanzar al ritmo real de la tecnología, las redes energéticas y la capacidad de inversión de la industria. De lo contrario, advirtió, la transición puede dejar atrás a empresas que no disponen todavía de alternativas viables para descarbonizar sus procesos.
Solís defendió que Europa no debe renunciar a la neutralidad climática, pero sí revisar el camino elegido para alcanzarla. En su análisis, la legislación debe avanzar al ritmo real de la tecnología, las redes energéticas y la capacidad de inversión de la industria. De lo contrario, advirtió, la transición puede dejar atrás a empresas que no disponen todavía de alternativas viables para descarbonizar sus procesos.
La eurodiputada señaló que el presupuesto europeo será uno de los grandes debates de los próximos meses. Ante unas necesidades de inversión muy superiores a los recursos públicos disponibles, consideró imprescindible movilizar financiación privada y colaboración público-privada. Para lograrlo, subrayó la necesidad de ofrecer seguridad jurídica, normas comprensibles y un entorno que permita a las empresas y a las startups crecer en Europa en lugar de trasladarse a otros mercados.
"Europa necesita cambiar el rumbo: mantener el objetivo climático, pero hacer posible que la industria pueda alcanzarlo sin perder competitividad", ha señalado.
Buena parte del coloquio se centró en el coste de la energía y en la revisión del sistema europeo de comercio de emisiones. La energía, dijo, es "el factor de competitividad" de cualquier industria. Según los datos que expuso, la industria intensiva paga en España 98,44 euros frente a 71,9 en Francia, un 37 % más, por el peso de tasas, peajes y servicios de ajuste. "Ya no competimos sólo con Estados Unidos y China: competimos con las plantas de Francia, que tienen energía nuclear estable", ha indicado. Recordó que Bruselas ya ha pedido rebajar esos costes y que las compensaciones a la industria dependen de los Gobiernos nacionales.
ACERO
En referencia a la descarbonización del acero, Solís explicó que una planta de reducción directa (DRI) no es rentable sin hidrógeno ni demanda de acero verde "por mucho que le pongas 450 millones encima de la mesa", porque ese acero cuesta el doble de producir. En este sentido, defendió una senda de descarbonización más gradual mientras no existan redes, hidrógeno y tecnologías suficientes para sustituir determinados procesos industriales.
Solís reclamó que la Unión Europea deje atrás la ingenuidad en su relación con China. Recordó que la Unión Europea acumula con China un déficit comercial de unos 1.000 millones de euros al día, cerca de 360.000 millones al año, y que muchos de esos productos son estratégicos y están fuertemente subvencionados. "Es un socio comercial muy importante para Europa, pero también es un competidor y un rival sistémico, y no podemos separar las tres cosas", señaló. Abogó por negociar primero y, si no hay acuerdo, activar los instrumentos de defensa comercial y diversificar socios, como con el reciente acuerdo con Canadá.
En relación con Asturias, Solís apuntó la oportunidad tienen Asturias en relación con las materias primas críticas. La tradición industrial y minera de la región puede abrir oportunidades en extracción, pero sobre todo en procesamiento y reciclaje de materias primas críticas. No obstante, insistió en que los proyectos deben dejar valor añadido en el territorio y superar unos procedimientos administrativos que hoy pueden retrasar durante años nuevas inversiones.
Durante el diálogo, representantes empresariales trasladaron cuestiones concretas sobre el mercado del CO2, la industria química, los procesos de coquización, la energía electrointensiva, los envases, el plástico y los sistemas de depósito y retorno. Solís invitó a las empresas asturianas a canalizar casos específicos y propuestas técnicas para hacerlas llegar a las instituciones europeas.
"Con los instrumentos de defensa comercial lo único que estamos haciendo es ganar tiempo. Nuestro verdadero problema en Europa es que no innovamos", ha explicado. Europa, añadió, es "muy buena investigando, pero no transfiriendo al mercado", por falta de capital riesgo y de escala, justo cuando se juega el futuro en inteligencia artificial, cuántica, chips y materiales avanzados. Por eso reclamó más colaboración público-privada y seguridad jurídica para que la inversión y las empresas emergentes no se marchen a Estados Unidos.