SANTANDER, 26 Feb. (EUROPA PRESS) -
Loida Gemima Almerco, la mujer peruana que fue asesinada en mayo de 2013 en Santander, presentaba diversas lesiones y marcas en su cuerpo, fundamentalmente en el cuello, todas ellas derivadas del estrangulamiento y la asfixia, que fue lo que le causó la muerte. Así, no había "ningún golpe al margen", aunque sí muestras de lucha y defensa, como ocho de las diez uñas de las manos rotas. Además, la víctima falleció en torno a las 20.30 horas del día 23, dos horas antes de que su pareja y acusado, A.A.P., avisara a un policía local conocido suyo porque había ocurrido "algo muy gordo".
El carácter de las lesiones y la hora de la muerte han sido dadas a conocer este miércoles por las forenses en la tercera sesión del juicio, que se celebra desde el lunes en la Audiencia de Cantabria, y en el que mañana, jueves, emitirán su veredicto los miembros del jurado.
Tras la declaración del acusado, testigos y peritos, las partes han presentado sus conclusiones, contando en ellas la agravante de parentesco y la atenuante de confesión. Pero mientras Fiscalía y Defensa consideran que se trata de un homicidio -el Ministerio Público pide 12 años de cárcel para el presunto agresor, de 37-, la Acusación Particular entiende que sí hubo ensañamiento y tacha los hechos de asesinato, por lo que solicita 15 años de prisión para el procesado.
Así, la acusación ha elevado a definitivas sus conclusiones sin modificarlas, pero la fiscal ha introducido la atenuante de la reparación del daño causado, toda vez que A.A.P. ha depositado cerca de 4.000 euros (2.433 del finiquito del restaurante donde trabajaba, 438 de la devolución de Hacienda y 800 de lo que ha cobrado en la cocina del Dueso donde está empleado) para el hijo que tenía con Loida, de cinco años de edad y que estaba en el lugar de los hechos. Un extremo que también ha contemplado la defensa, que asimismo ha agregado la atenuante de arrebato u obcecación, al opinar que su patrocinado tuvo una disminución cognitiva y actuó movido por un impulso o reacción súbita.
Por su parte, A.A.P., durante el uso de la última palabra en el juicio, ha pedido perdón a la familia de la víctima. Y al tiempo que ha comenzado a llorar, ha dicho que no fue su "intención" lo ocurrido. "Me duele mucho por mi hijo", ha apostillado.
LESIONES DE ASFIXIA Y ESTRANGULAMIENTO
Según las forenses que acudieron al lugar de los hechos, que ocurrieron en el piso en el que la víctima vivía con el menor, en la calle Enrique Gran, todas las lesiones que presentaba la mujer eran características de la asfixia, y algunas de ellas propias de la estrangulación a mano.
El cadáver de Loida tenía "pequeñas y múltiples" señales en la cabeza y cuello, habiéndose levantado o perdido incluso en algunas de ellas la epidermis, la capa más superficial de la piel. También tenía pequeños hematomas con forma redonda y blanco en el centro, derivados de presión ejercida con los dedos.
De igual modo, la mujer, de 29 años, tenía un hematoma en la comisura de la boca y en la cara interna del labio, así como puntitos rojos, que también aparecían en la zona de los ojos, y que son característicos de la asfixia, al igual que el edema en los pulmones (presencia de líquido).
También tenía dos marcas del aro sujetador en el mismo lado del cuerpo, en la zona derecha hacia el centro, bien porque se hubiera hecho presión en dos momentos distintos o porque la persona o el sujetador se hubiesen movido o desplazado. En este punto, las forenses no han confirmado ni descartado que esta presión obedezca a un intento o maniobra de reanimación, aunque podría ser "compatible".
OCHO UÑAS ROTAS
Además, la fallecida tenía todas las uñas -que llevaba largas- de la manos rotas, a excepción de las de los dos dedos pulgares, es decir, ocho de diez. En una de ellas, la rotura fue muy cercana a la zona de inserción en la carne, y había un pequeño sangrado, y en otras dos se hallaron restos de fibras.
Los fragmentos de uñas rotas estaban entre el brazo izquierdo y el cuerpo, y también al lado del sofá y cerca de la ventana del salón (habitación en la que estaba la víctima, tendida boca arriba), es decir, en una zona "alejada" de la posición en que estaba el cadáver cuando se levantó.
Las forenses creen que Loida se rompió las uñas al intentar "quitar la mano" que la oprimía, y han apuntado que, con este fin, pudo también ella misma hacerse algunas de las heridas que tenía en el cuello. De hecho, en las mismas aparecen restos de piel tanto de la mujer como del hombre, lo mismo que ocurrió en las muestras de uña analizadas del supuesto agresor, ya que en una de ellas había material genético de ella.
GOLPES EN LA CABEZA Y ESTIRAMIENTO DEL CUELLO
En la cabeza la víctima tenía dos contusiones, una en la parte superior y otra en la posterior, que se pudo hacer en un mismo momento (golpeándose con dos superficies diferentes, por ejemplo con el suelo y la pared o un mueble) o una primero y otra después, al golpearse una vez tumbada con algún objeto que estuviera por el suelo o un mueble.
En el examen interno del cuerpo, las forenses apreciaron una rotura de la arteria carótida, que sube por el cuello hacia el cerebro, y que es "muy elástica". Paralelamente, comprobaron una "elongación" del cuello, esto es, se había "estirado" y había una "mayor separación" entre la cabeza y el tronco, como si se hubiera cogido el cuerpo por debajo de la mandíbula y se hubiera elevado, ha precisado una de las peritos.
MURIÓ DOS HORAS ANTES DE LA LLAMADA
Sobre la muerte, las forenses han apuntado que no fue instantánea, ya que en los casos de estrangulamiento y asfixia el fallecimiento no es inmediato y se caracteriza, además, por una angustia y agonía y, también, por un periodo de lucha y defensa, que es habitual cuando la persona agredida está consciente, como en este caso.
Y aunque es imposible predeterminar cuánto tardó en morir, las peritos concluyeron, tras examinar la temperatura o rigidez corporal, que el fallecimiento se produjo aproximadamente a las 20.30 horas, es decir, unas dos horas antes de que A.A.P. avisara a un policía conocido suyo para contarle lo sucedido.
Por su parte, el hombre no presentaba ningún golpe, solo arañazos verticales y paralelos, producidos al pasar todos los dedos de la mano, así como un eritema (enrojecimiento) en la pierna derecha, aunque no se ha confirmado que esta última lesión tuviera relación con los hechos juzgados. En los exámenes toxicológicos practicados no se apreciaron restos de alcohol o drogas.
LUCHA ENCARNIZADA
En la exposición de las conclusiones, la fiscal ha considerado que A.P.P. ha mentido, al asegurar en el juicio que su mujer le había agredido con una escoba o que la agresión duró unos instantes, cuando la mujer trató de defenderse en una "lucha encarnizada".
La acusación, ejercida por el padre de la fallecida, ha subrayado que Loida murió de forma "cruel", ya que el acusado ejerció sobre ella "mucha fuerza" durante "mucho tiempo", hasta que le "desgarró" la carótida. También ha destacado que siguió agrediéndola pese a que trató de defenderse, de ahí el ensañamiento, ha apuntado el abogado, que pide que se le condene por asesinato.
La letrada de la defensa entiende, al igual que la fiscal, que se trata de un homicidio, y ha apuntado al respecto que todas las lesiones fueron por estrangulamiento. También ha destacado la atenuante por arrebato u obcecación, alegando que su patrocinado tuvo una reacción súbita y estaba "descontrolado", de modo que cuando llegó la policía seguía en estado de shock, ha añadido.
Para la acusación, esta atenuante es "una excusa fácil" para intentar minimizar la pena, y cree también esta última parte que la reparación del daño es "irrisoria" y podría haber sido mayor.