El 73,4% de los castellano-manchegos se declaran católicos, aunque más de la mitad no practica

Misa en la Catedral de Sigüenza para celebrar el fin del Año Jubilar
Misa en la Catedral de Sigüenza para celebrar el fin del Año Jubilar - AYUNTAMIENTO - Archivo
Actualizado: lunes, 2 septiembre 2019 15:27

La despoblación y el menor número de vocaciones preocupan en la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara

GUADALAJARA, 1 Sep. (EUROPA PRESS) -

El porcentaje de católicos practicantes en Castilla-La Mancha, según un informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se sitúa en el 34,8 por ciento frente a un 38,6% que se declaran católicos pero no practicantes, y aunque para el vicario general de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Agustín Bugeda, ha supuesto "un bajón", el dato "no está mal".

Y es que, según Bugeda, esta dato supone el 73,4% de católicos a nivel regional, un hecho frente al cual, también según el CIS, el 8,9% se han declarado ateos y un 10,6% agnósticos. El resto de castellano-manchegos se reparten entre indiferentes o no creyentes.

Para el vicario general de la Diócesis Sigüenza-Guadalajara, estos datos no son los deseados si se tiene en cuenta que existe cierta "increencia, agnosticismo y pasotismo" pero "no están mal", ha señalado a Europa Press.

Para Bugeda, el que un tercio de la población de Castilla-La Mancha se declare católica practicante, es decir, de misa dominical, se sitúa en la media de otras regiones como Andalucía, Castilla y León, Galicia, Rioja, Asturias y Aragón.

No obstante, ha defendido que estos resultados denotan un "amplio espectro de católicos, un mínimo de católicos practicantes y aún menor de gente profundamente convencida de que la fe afecta a todos los aspectos de su vida".

"Creo que nuestra comunidad aún giran en gran parte en torno a la comunidad cristiana", ha dicho en referencia tanto a las fiestas patronales, navidades, la Semana Santa, templos o turismo religioso.

Y es que considera que el dato de católicos a nivel regional es similar al que se pueda dar en Guadalajara y aunque no discute que en esta provincia, en concreto, el catolicismo social "ha bajado", tiene claro que el que va a misa y práctica la religión católica "lo hace de verdad".

LOS JÓVENES, CADA VEZ MÁS REACIOS A LOS COMPROMISOS

No ha negado la existencia "por desgracia" de una sociedad "más indiferente e individualista", al tiempo que lamenta que los jóvenes tienden más a ser reacios a todo lo que tenga que ver con "compromiso". Sin embargo, considera que es algo que pasa también en los partidos políticos, organizaciones no gubernamentales en general y "todo lo que suene a gratuidad y entrega a nivel social".

En este sentido, ha puesto como ejemplo las asociaciones culturales de los pueblos y como hace varías décadas eran el motor dinámico de estos y ahora muchas no encuentran personas que se encarguen de estar al frente de sus juntas directivas.

PREOCUPADOS POR LA DESPOBLACIÓN

Por lo que se refiere a la celebración de bodas en la provincia alcarreña, ha señalado que no solo se ha reducido el número de celebraciones católicas sino también civiles.

Todas estas cuestiones las están estudiando también en la encuesta sinodal que la Diócesis Sigüenza-Guadalajara lleva a cabo actualmente sobre la realidad de la Iglesia en la provincia. El vicario general ha indicado que no solo observando estos datos desde el punto de vista de los católicos, sino también de los no practicantes, agnósticos y ateos.

La despoblación también preocupa a la Iglesia. De ahí que en su Sínodo vayan a poner el acento en cómo poder atender mejor a los escasos habitantes que hay en muchos pueblos de Guadalajara y en cómo poder mantener las fiestas en ellos, guardar su patrimonio y también responder a los servicios religiosos.

Lo cierto es que, por la despoblación, gran parte del patrimonio religioso y cultural de la Diócesis se guarda a lo largo de todo el año en el Museo Diocesano y solo se saca en las fiestas patronales o momentos especiales de los pueblos porque, tal y como reconoce Bugeda, es difícil custodiarlo y tenerlo a buen recaudo.

Pero, al margen del cuidado del patrimonio, les preocupa el cuidado a las personas y cómo llevar el Evangelio a los pocos que quedan en muchos de estos pequeños municipios, algo que realizan multiplicando esfuerzos porque también son menos sacerdotes.

"En verano los párrocos reducen el culto en la capital y van a los pueblos, donde hay también más gente en estas fechas", ha concluido el vicario general.