Una persona consume drogas en la calle Plegadero, en el Casco Histórico de Toledo. - IMAGEN TOMADA POR UN VECINO CEDIDA A EUROPA PRESS
TOLEDO, 30 Jun. (EUROPA PRESS) -
En criminología, la Teoría de las ventanas rotas sostiene que los signos visibles de deterioro y desorden urbano --como una ventana rota sin reparar-- fomentan el vandalismo, el miedo y, posteriormente, delitos más graves al transmitir una sensación de abandono y falta de autoridad.
Eso es lo que temen que termine sucediendo la vecindad de un barrio del Casco Histórico de Toledo, que desde hace meses ha perdido la tranquilidad y la seguridad que caracterizaba a esta zona del entorno del Seminario.
Y es que varias casas "ocupadas" en las calles Plegadero, Cuesta de los Escalones y Vida Pobre han roto el remanso de paz en el que vivían los habitantes de estas vías que, pese a estar a escasa distancia de la Catedral, no sufren la vorágine turística de la ciudad.
"La situación que sufrimos cada día es insoportable. Tenemos varias casas ocupadas y, lo que es peor, sospechamos que una de ellas funciona activamente como un narcopiso", asegura en declaraciones a Europa Press uno de los habitantes de la zona, que prefiere no dar cuenta de su identidad.
"El trasiego constante de personas y de perros de raza peligrosa sueltos a cualquier hora del día y de la noche, las actitudes irrespetuosas, los orines en la calle o los gritos continuos han destrozado la paz de nuestra comunidad".
Este residente del Casco lamenta que la inseguridad se haya vuelto "constante". "Ya no nos sentimos seguros al caminar por la calle y lo más preocupante es el impacto en nuestros hijos pequeños. Ellos no pueden jugar en un entorno seguro, y mucho menos volver a casa solos".
Pero lo peor, sostiene, es la "nula" respuesta que, pese a las reiteradas llamadas y quejas, están obteniendo de las autoridades.
"Los vecinos pagamos nuestros impuestos y cumplimos las normas, pero nos sentimos completamente desamparados. Necesitamos que las autoridades actúen ya. Exigimos más vigilancia policial, que ahora es prácticamente nula y soluciones reales antes de que ocurra una desgracia mayor. No queremos abandonar nuestro barrio, queremos recuperar nuestras calles y la tranquilidad habitual", reclama ante el temor de que esa falta de vigilancia "cree un caldo de cultivo para la impunidad" y termine aumentando la actividad delictiva.
UN BARRIO TRANQUILO
Para los hermanos García, vecinos también de la zona, la voz de alarma saltó el pasado mes de febrero. En concreto, el sábado 21, cuando, a plena luz y poco después del mediodía, un joven de 23 resultaba herido tras ser agredido con un arma blanca.
Según publicaba el diario local 'La Tribuna', el suceso tenía lugar en el entorno de un edificio abandonado ocupado, situación que había generado "algunos problemas" en esas semanas.
Desde ese lejano mes de febrero, los García se han visto obligados a tomar medidas para poner freno a las continuas entradas y hurtos que han sufrido en el inmueble que, desde hace cuatro décadas, comparten cuatro familias. Han pasado de dejar abierta la puerta del portal, a tener que contratar un sistema de alarma para el edificio.
"Esto jamás lo habíamos visto en los cuarenta años que llevamos viviendo aquí", aseguran los miembros de esta familia, que se muestran cansados y enfadados ante la ausencia de soluciones policiales. Otro de los residentes de este inmueble señala que ha llamado a la policía en un par de ocasiones que alguien se había colado en el interior. La única respuesta que le ofrecieron fue sacar a la persona en cuestión sin más. "Se meten en un portal y no pasa ni media", se queja.
De hecho, según cuentan, los delincuentes actúan con "total impunidad", pues en las últimas fechas han visto cómo han accedido al interior de su edificio, se han llevado unas llaves del garaje comunitario, del que además sustrajeron cascos de motocicletas y otros utensilios coincidiendo obras y mudanzas en uno de los pisos durante el pasado mes de mayo.
"Aprovechan cualquier descuido para actuar", lamentan los vecinos de este inmueble que, hartos ya de este tipo infracciones, se han visto obligados a aumentar las medidas de seguridad y a reforzar los cerrojos de la puerta que da acceso al portal, donde incluso han llegado a encontrar una cuchara, "usada para quemar droga".
La intranquilidad a la hora de que los más pequeños puedan salir solos a la calle es compartida por otro de los vecinos que vive en Ave María, prolongación de Plegadero. En conversación con Europa Press, relata que estas vías son muy transitadas por las familias del cercano colegio 'San Lucas y María', cuyo alumnado se precia de tener la suerte de hacer vida de barrio y poder ir caminando a clase.
Pero en los últimos meses, la continua presencia de personas que abordan a los viandantes para pedirles dinero o el trasiego de gente que, supuestamente, va a comprar droga a esas casas, han despertado el recelo de los progenitores, que temen por la seguridad de los más pequeños.
A LA NOCHE, "PROCESIÓN DE ZOMBIS"
Alberto y Susana --nombres ficticios-- se lamentan también de la inseguridad, sobre todo al caer la noche. Ella queda con su vecina para bajar la basura porque tiene miedo. Él, apenas duerme. En duermevela, vigila para evitar que miccionen y defequen en la puerta de acceso a su vivienda, algo que ha pasado a ser habitual.
"Es una procesión de zombis, gente a cualquier hora, sin ningún tipo de respeto, haciendo ruido, discutiendo, dando voces. Hacen cola para comprar, como si fuera un supermercado, y después se drogan en la calle, sin pudor. Se ponen debajo de las ventanas a quemar las cucharas o a meterse rayas".
"A eso se suma la psicosis de cuando oyes un ruido en la escalera. Te asomas a la mirilla para ver si se nos han metido otra vez alguien a robar o hacer sus necesidades", se quejan.
De ahí que todo ellos, recelosos de la deriva que podría tomar esta situación en caso de que no se aborde de manera urgente, miren con angustia a las autoridades policiales. Consideran que está en sus manos evitar que se cometan delitos de mayor gravedad y que el barrio, que parece haber quedado al margen de la oleada de pisos turísticos, siga degradándose.