Pere Vilà Barceló retrata la supervivencia tras el abuso sexual en 'Cuando un río se convierte en mar'

Una investigación de ocho años, con testimonios de cien mujeres, justifican las tres horas del filme en una muestra de "respeto" por las víctimas

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El equipo de la película 'Cuando un río se convierte en mar', de Pere Vilà Barceló, en una rueda de prensa en Seminci. - SEMINCI
Europa Press Castilla y León
Actualizado: miércoles, 29 octubre 2025 14:21

   VALLADOLID, 29 Oct. (EUROPA PRESS) -

   El cineasta catalán Pere Vilà Barceló retrata la supervivencia tras el abuso sexual en 'Cuando un río se convierte en mar', un complejo filme de tres horas de duración que ahonda en los límites del consentimiento, el trauma y la revictimización, todo basado en experiencias de un centenar de víctimas reales que han participado en el proceso de investigación.

   Ocho años ha durado en construirse este drama que se estrena este miércoles en España en la Sección Oficial de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), a donde han acudido el director y el reparto para la presentación.

   Vilà Barceló revisa en este sexto largometraje todas las etapas a las que se tiene que enfrentar Gaia (Claud Hernández) en el marco del colapso que supone el haber sido violada por su pareja, Diego. Desde el no ser realmente consciente de que sufrió una violación hasta el aprender, de alguna manera, a vivir con ello, pasando por un arduo proceso de caída al vacío y revictimización.

   Con el apoyo de su padre (Àlex Brendemühl) y la ayuda de su profesora de Prehistoria (Bruna Cusí), Gaia comprende lo sucedido y busca sobrevivir, a la vez que ofrece a otros la oportunidad de verse reflejados.

   El director ahonda, con sensibilidad, en la intimidad del sufrimiento de esta víctima de abuso sexual en el marco de la pareja, una forma de violencia que incluso la misma Gaia normaliza en un inicio y que la sociedad no es aún capaz de reconocer, como reitera la película.

   Las imágenes de lo cotidiano en este contexto, la naturaleza y la arqueología en las localizaciones acompañan el recorrido del personaje, en una apuesta del cineasta por espacios que permitan a los actores "moverse emocionalmente" para plasmar el dolor del tema tratado.

   Vilà Barceló evita reflejar en las imágenes el juicio por el delito y lo intercambia por la única escena plano contra plano del filme, en la que Gaia se defiende ante la madre de Diego (Laia Marull), quien ve incapaz a su hijo de ser un violador.

   El director ha explicado que la figura de la madre representa "muchas cosas", como la forma de juzgar de la sociedad o el miedo de que un hijo sea capaz de ejecutar esta forma de violencia, por lo que ha representado en pantalla a esta figura y no la del violador, ausente físicamente en los 180 minutos de largometraje.

   Además, el realizador ha apostado por representar al padre de Gaia como una figura que se dedica "simplemente a acompañar" a su hija en su proceso, para "desmontar" así esa versión "vista más veces en el cine de que el padre tiene que hacer algo", ser "solucionador", ante un suceso como el que ocurre.

OCHO AÑOS, CIEN TESTIMONIOS, TRES HORAS

   En Gaia, por otro lado, ha combinado todos los sentimientos que calan los testimonios que le han ofrecido el centenar de mujeres con las que ha conversado a lo largo de los ocho años de investigación, un "contacto humano" que ha resultado "imprescindible" para escribir el guión, en este caso junto a Laura Merino.

   Este ejercicio suma a la "coherencia" de la propuesta, ha aseverado el catalán, al tiempo que ha enlazado el proceso con la duración de la película, en la que ha buscado reflejar las horas y horas de conversaciones sin pensar en el concepto del tiempo.

   "No puedo pensar el tiempo fílmico en este caso, con el contenido que hay dentro de este tiempo, desde un punto de vista comercial. Me parecería una falta de respeto absolutamente increíble con las mujeres que hablaron conmigo", ha subrayado al respecto, cuestionado por si considera que la duración de la cinta puede ser un lastre a nivel comercial.

   El cineasta pretende así ser "totalmente fiel a la duración de las emociones" de las víctimas en este proceso que "nunca acaba", por lo que, a su juicio, era "inevitable" que la película fuera larga.

   Además, ha precisado que algunas de las secuencias de la película eran aún más largas que las que se pueden ver, pues durante el rodaje intentó dejar a los actores el espacio pertinente para "vivir" la situación.

   "Las emociones no se pueden ficcionar desde mi punto de vista. Me gusta que lo sientan como actrices y actores, pero también como personas. Quiero que respiren esa situación", ha apuntado, para enmarcar esta forma de trabajo en la importancia de construir una película que transmita.

   Al respecto, Àlex Brendemühl --que conquistó el premio al Mejor actor en el estreno del filme en el Festival de Karlovy Vary-- ha puesto en valor el método de Vilà por haber logrado un guión "bien escrito" y haber incitado en el rodaje la exploración del "dolor" a través de esos momentos de "silencio, escucha y presencia".

   "Nos permite no instalarnos en un lugar de repetición, si no dejarnos llevar por la intuición. Eso es muy rico y apetecible", ha indicado el actor, mientras la actriz Laia Marull ha agradecido la libertad de improvisación, lo que ha llevado a añadir a la historia lo que iba necesitando según avanzaba la filmación.

"VOZ" PARA LAS VÍCTIMAS

   Igualmente, Claud Hernández, quien ha sabido trasladar de forma notable el sufrimiento de Gaia, ha agradecido al director la oportunidad de participar en un proyecto que la ha convertido en una persona distinta "a nivel de trabajo y de alma".

   La actriz ha trabajado con Vilà Barceló durante cinco años para levantar su personaje, un periodo en el que ha podido hablar con mujeres supervivientes de violencia de género y abuso, lo que ha sido un "honor" para ella. "Me daba miedo no estar a la altura para ellas", ha reconocido, para resaltar que ha intentado crear un personaje que haga que estas mujeres "tengan voz".

   Tanto en su resultado como en el proceso, 'Cuando un río se convierte en mar' tiene el objetivo de mostrar "respeto" por las víctimas y confirma la apuesta de su director por un cine humanista para abordar cuestiones de calado.

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