Nueva sesión de juicio por el 'caso ataúdes' con más perjudicados. - EUROPA PRESS
VALLADOLID 16 Mar. (EUROPA PRESS) -
La Audiencia de Valladolid ha acogido este lunes una nueva jornada del juicio por el 'caso ataúdes' que, al igual que la precedente celebrada la pasada semana, ha tenido como tónica general el lamento de los familiares de las personas fallecidas que sufrieron, presuntamente, el cambiazo de sus féretros en el momento de la cremación. "Yo sólo quería ver la incineración de mi mujer pero me echaron de allí a empujones", ha denunciado públicamente José María R.C.
El afectado ha sido una de las ocho personas que en la presente sesión han comparecido en el juicio por la también conocida como 'Operación Ignis' y que, como denominador común, han relatado los duros momentos vividos cuando tuvieron que dar el último adiós a sus familiares y acudir a los servicios del grupo funerario El Salvador, al que fueron derivados por las distintas compañías de seguros con las que sus progenitores habían concertado la póliza que llevaban pagando toda la vida.
Como patrón prácticamente común, todos los declarantes celebraron el sepelio en el tanatorio El Salvador entre los años 1999 y 2022 y luego los restos mortales de sus padres, madres y, en dos de los casos, esposa y aya fueron conducidos al cementerio de Santovenia para el proceso de cremación, sin que a ninguno de los perjudicados se les permitiera presenciar la quema porque en ese momento los empleados corrieron las cortinas.
El testimonio más desgarrador lo ha protagonizado José María R.C, quien, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha advertido a la sala como premisa que su deseo era no tener que llegar a comparecer en el juicio para evitar recordar la muerte de su esposa, ocurrida el 5 de enero de 2001, de la que ha recordado que cuando se casaron, ella ya sabía que le quedaba poco de vida porque tenía una enfermedad terminal.
Sin embargo, duró 17 años, el último año ingresada en el Clínico Universitario. "Como no sabía el tiempo que le quedaba, cada quince días le regalaba unas flores", ha declarado el perjudicado, quien también ha precisado que por eso su esposa le dijo en vida que ya había tenido muchas flores y no quería más en el momento de su muerte.
A su fallecimiento, y pese a sus deseos, un tío de la mujer se presentó con un ramo de doce rosas en el tanatorio y su esposo contrató el féretro más caro, el mismo que fue conducido hasta el cementerio de Santovenia para ser incinerado. Sin embargo, José María R.C. ha denunciado que no pudo presenciar ese momento.
"Es algo que no se me ha borrado de la mente. Al indicar que quería presenciarlo, hubo gente allí que se puso muy nerviosa y no sé si me llegaron a echar a empujones. Fue algo muy desagradable, pero a la salida preferí no contárselo al resto de mi familia", ha apuntado el testigo, quien ha insistido en que su deseo era no tener que pasar ahora por el trance de testificar en sala porque sigue sin superar lo vivido y se encuentra todavía "muy afectado".
LA URNA ESTABA CALIENTE TODAVÍA
Pero además, el perjudicado ha llegado a expresar su sorpresa por el hecho de que al día siguiente de la incineración, el Día de Reyes, fue a recoger la urna con las cenizas de su esposa y notó que se encontraba aún caliente, cuando en teoría la incineración se había producido el día anterior. "Me extrañe mucho y pensé: ¡Pero si la quemaron ayer!", ha apostillado.
Situaciones muy similares las han reproducido durante la jornada otros de los perjudicados, como es el caso de María de los Ángeles A, cuyo padre falleció en 1999 y su madre en 2012. Sus servicios fúnebres fueron realizados por el mismo grupo investigado. En los dos casos, la testigo ha asegurado que no llegó a asistir a la cremación porque los empleados "corrieron las cortinas", facilitando así el supuesto cambiazo de sus féretros.
"Al conocer los hechos sentimos que nos habían robado la dignidad. Que hagan eso con los muertos y que existan fotos. Es terrible", ha censurado la mujer, a cuyo lamento se ha unido más tarde otro de los damnificados, Carlos V, quien utilizó igualmente los servicios de la Funeraria El Salvador para despedir a su padre en enero de 2000 y a posteriori se enteró de la supuesta estafa a través de los medios de comunicación.
No menos llamativo es la situación descrita por María Soledad C, quien perdió a su madre en 2000 y a su padre en 2012. La testigo, como detalle más relevante, ha asegurado que su progenitor fue supuestamente incinerado en el propio tanatorio El Salvador, aunque luego se enteró de que en 2012 no funcionaba allí el horno crematorio, con lo que obligatoriamente dicho proceso tuvo que ser realizado en el cementerio de Santovenia.
"Son momentos de mucho dolor y te crees todo lo que te dicen, no piensas en ningún momento que te van a estafar. Es doloroso perder a un ser querido pero no te imaginas que se va a cometer un ultraje de ese tipo", ha manifestado María Soledad, quien también ha asegurado que una vez se descubrió el escándalo fue llamada desde el juzgado como posible perjudicada y llegó a ver a su padre incluido en un listado e incluso unas fotos de él.
"TIRADO EN EL SUELO EN UNA POSTURA IMPOSIBLE"
También han pasado por el tribunal Carmen del V, José L.L; Ana Isabel N. y María Henar S, todos ellos con un relato común. La última de los perjudicados citados, cuyo padre falleció en 2003, ha confesado que en ningún momento pensó en personarse en esta causa, sobre todo por la terrible forma en la que falleció su progenitor, víctima de un cáncer de estómago, si bien ha añadido que cambió de parecer cuando fue llamada por la Policía Nacional debido a que su caso era "muy evidente", como así le indicaron.
"Yo no podía hacer sufrir más a mi madre pero soy una persona que cree en las señales y me pareció que era una señal de mi padre", ha justificado María Henar, quien ha añadido que al dolor profundo por la muerte de un ser querido se añade en este caso que los acusados "ni siquiera respetaran, aún ya fallecido, la "dignidad" de su progenitor.
La perjudicada mantiene que va ahora a por todas contra los veintitrés ocupantes del banquillo, cuatro integrantes de la familia Morchón, trabajadores del grupo funerario investigado y la empresa suministradora de féretros, debido al ultraje que, según entiende, se cometió con su padre, del que ha lamentado que figura en unas fotos que ha podido ver "tirado en el suelo y en una postura imposible para un cuerpo humano".
El juicio prosigue este martes con el testimonio de más personas perjudicadas. El Ministerio Público dirige su acusación contra un total de 23 personas físicas, entre ellas la viuda y los tres hijos del fundador, para quienes solicita las penas más elevadas por delitos de organización criminal, estafa continuada, apropiación indebida, contra el respeto a los difuntos, blanqueo de capitales y falsedad documental. Como responsables civiles subsidiarios figuran las empresas Agencia Funeraria Castellana S.A. y Parque El Salvador S.L..