Foto: ICUB
BARCELONA, 4 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Monasterio de Pedralbes se reivindica como el almacén del patrimonio artístico de Catalunya durante los bombardeos de la Guerra Civil, época en la que también salvaguardó 226 archivos documentales.
Lo hace en la exposición 'Patrimoni en temps de guerra. El reial Monestir de Santa Maria de Pedralbes', que se inaugura este jueves.
En un rueda de prensa, el teniente de alcalde de Cultura, Jaume Ciurana, ha explicado que esta muestra es un intento de poner de relieve el papel de este museo, coincidiendo con la celebración del 75 aniversario del fin de la Guerra Civil.
Los comisarios de esta exposición, Carme Aixalà y Jordi Ramos, han explicado que la muestra versa entre los años 1931 y 1941, desde la proclamación de la II República, cuando el monasterio fue declarado museo, hasta 1941, cuando el monasterio fue exclaustrado y su comunidad tuvo que huir.
"Se llevó a cabo una tarea muy sistemática de protección, investigación de material e inventario pese al caos de la guerra", han explicado los comisarios, que han diseñado una exposición que recrea aquellas cajas, embalajes y legajos, además de incluir fotografías de la época y objetos rescatados.
CUATRO ÁMBITOS
La muestra está organizada en cuatro espacios dentro del monasterio, con el hilo argumental de su vocación de salvar el patrimonio, y que empieza con el audiovisual introductorio que contextualiza la época 'Temps convulsos. Catalunya 1931-1941'.
En un primer espacio, la muestra explica el monasterio como monumento histórico "al servicio" de Catalunya, han explicado los comisarios, cuando la Generalitat lo confiscó con la voluntad inconclusa de convertirlo en Museu d'Art Gòtic.
Esta narración también reivindica la personalidad de Josep Rocarol, cuyo papel en el monasterio fue decisivo para salvaguardarlo en un primer momento de las quemas republicanas, ya que él mismo sacó ante el monasterio unos bancos y otros objetos de poco valor y los puso a quemar para que los autores de estas quemas pasaran de largo.
Este recorrido ilustra cómo, al agravarse el conflicto, coleccionistas y entidades de Barcelona, Sevilla, Valencia, y, de modo muy importante, Madrid, hicieron llegar sus obras al monasterio, que las albergó durante todo el episodio hasta su posterior devolución, que en algunos casos resultó confusa, pese a la labor de inventario del centro.
Una segunda sala ilustra el capítulo más grave de este conflicto, que llegó con los bombardeos del 21 de octubre de 1938 a la ciudad, y que motivó el traslado también de los principales archivos documentales a este centro, con un total de 226 archivos registrados en el monasterio.
En el recorrido, se incluye una recreación de la disposición de estos archivos en la misma sala capitular que los albergó, así como un mapa interactivo para situar su procedencia en el mapa.
La muestra sigue en la celda Santes Creus, donde Agustí Duran i Sanpere coordinaba su tarea archivística, convirtiendo al monasterio en Archivo Histórico General de Catalunya.
Finalmente, el refectorio acoge una última mirada al conflicto, que explica la persecución a la que se vio sometido el estamento eclesiástico, que retornó al monasterio el día después de la entrada de las tropas franquistas, en una época en la que las monjas convivieron con obras de arte y fondos documentales.