Los partidos encaran una semana decisiva para la ley electoral

Actualizado 28/02/2015 11:20:36 CET
Ponencia del Parlament sobre una ley electoral catalana
Foto: EUROPA PRESS

El desencuentro sobre el sistema aboca a una propuesta de mínimos

   BARCELONA, 28 Feb. (EUROPA PRESS) -

Los partidos encaran una semana decisiva para el futuro de la ley electoral, ya que el próximo viernes volverán a abordar en ponencia conjunta el sistema electoral para comprobar si hay margen para el acuerdo o, por el contrario, se mantienen las diferencias sobre el modelo y quedan abocados a una propuesta de mínimos.

    El viernes 20 de febrero cada grupo planteó en la ponencia su preferencia para el sistema electoral, y desde entonces se han mantenido contactos y reuniones sin que, por el momento, se haya llegado a una propuesta que genere el consenso suficiente para salir adelante --90 votos, dos tercios del Parlament--.

   El principal punto de fricción es como siempre el sistema utilizado para traducir los votos en escaños, ya que mientras PSC, PP, ICV-EUiA y C's defienden un recuento único, CiU y ERC se inclinan por mantener el sistema actual de un recuento para cada circunscripción.

   Este debate entre proporcionalidad y representatividad es el que tradicionalmente ha hecho encallar la ponencia, ya que mientras una parte del Parlament defiende la necesidad de asemejar el peso de un voto en Barcelona con uno de Lleida, la otra advierte del riesgo de crear una Cámara en la que las zonas menos pobladas no estén bien representadas.

   Así, los trabajos se centran a estas alturas en buscar la cuadratura del círculo con un modelo que satisfaga las demandas de unos y otros en proporcionalidad y en representatividad, algo que no se ha conseguido desde que en 2007 empezara a trabajarse en la ley electoral catalana.

LOS DIFERENTES MODELOS

   CiU defiende el denominado 'sistema alemán', en el que la composición del Parlament surja del cruce de dos votaciones: una general a una lista de partido como hasta ahora en cada una de las ocho circunscripciones --veguerías-- y otra sobre un candidato de proximidad --54 distritos uninominales--.

   ERC coge como modelo el informe sobre una ley electoral que un grupo de expertos elaboró en 2007, que no recomienda los distritos uninominales --porque en Catalunya la población está distribuida de forma muy desigual-- y apuesta por las circunscripciones y el recuento por veguerías y por las listas electorales desbloqueadas.

   Por el contrario, el PSC quiere un sistema de doble urna: una papeleta para elegir el partido en cada demarcación --siete en total--, y otra para elegir el candidato de cada distrito uninominal; propone 57 distritos en el que cada uno englobe una población de entre 120.000 y 180.000 habitantes y no es muy partidario de las listas desbloqueadas porque son una "medida cosmética" que no tendrá efectos.

   El PP también ve con buenos ojos que el distrito uninominal --con menos demarcaciones-- conviva con el sistema actual de voto a la lista de partido en las cuatro circunscripciones, se inclina por un recuento único de los apoyos recibidos en toda Catalunya, y avala la incorporación como novedad de las listas desbloqueadas.

    El modelo de ICV-EUiA se inspira en el que se utiliza en los Países Bajos, en el que los partidos presentarían listas en las ocho veguerías pero la distribución de escaños se realizaría a través de un recuento único que sume los votos de un partido en toda Catalunya y distribuya después los escaños por el territorio en función de los apoyos en cada circunscripción.

   Por su parte, C's marca como línea roja la necesidad de que el voto de todos los ciudadanos valga lo mismo --máxima proporcionalidad--, para lo que pide una actualización del censo y propone para compensar que las provincias menos representadas tengan de salida dos diputados más.

¿HACIA UN PACTO DE MÍNIMOS?

   Aunque PSC, PP y C's han mostrado su disposición a apoyar el modelo de ICV-EUiA como punto de encuentro, la suma de estos grupos --a los que se podría sumar la CUP-- no alcanza la mayoría necesaria para que se apruebe, y ni CiU ni ERC parecen dispuestas a avalar ese modelo.

   Como las propuestas de nacionalistas y republicanos tampoco suscitan el apoyo necesario, el paso de los días y la urgencia para pactar un texto que pueda subir al pleno para su debate a la totalidad antes de Semana Santa empuja a los partidos hacia un pacto de mínimos.

   Esa es la tesis que por ahora ven más próxima CiU, ERC e ICV-EUiA, que tienen un principio de acuerdo para elevar la ley al pleno sí o sí y ven como posible solución defender un sistema electoral idéntico al actual --la Ley Orgánica de Régimen Electoral General-- pero con la incorporación de listas desbloqueadas.

"PRESIÓN" AL PSC

   Sin embargo, por ahora esa propuesta no es vista con buenos ojos por PSC, PP y C's, por lo que tampoco se lograrían los 90 votos suficientes, aunque CiU, ERC e ICV-EUiA confían en que la presión sobre los socialistas catalanes les obligue a mover ficha.

   Su teoría es que por desencuentros con el sistema electoral no se puede perder la oportunidad de aprobar una ley que incorpore mejoras en la Administración electoral que aumenten la transparencia y reduzcan el gasto de los procesos electorales, un argumento con el que aspiran a convencer al partido de Miquel Iceta.

   Para aumentar la presión, los tres grupos están decididos a celebrar el debate final de la ley --nunca antes se ha llegado hasta a este punto-- antes de que acabe la legislatura, una acción con la que, dicen, se evidenciaría públicamente "quién está a favor y quién está en contra de que Catalunya cuente con una ley electoral propia".

   El PSC rechaza de plano un acuerdo de mínimos porque considera que no hay ley electoral sin una reforma del sistema electoral: "Continuaremos yendo a la ponencia con la mejor voluntad. Por nosotros no quedará. Pero queremos una ley electoral, ni sucedáneos, ni pantomimas", señala un diputado socialista.

   Desde algunos grupos se ha planteado incluso la posibilidad de tratar de lograr los apoyos que faltan para llegar a los 90 diputados --tendrían 87 si se suma la CUP-- buscando voto a voto entre parlamentarios dispuestos a desmarcarse de su grupo, una insinuación que provocó el enojo de Celestino Corbacho durante una de las reuniones de la ponencia.

Para leer más