¿Cómo liberarnos de nuestras propias cadenas?

CORDON PRESS
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Publicado 11/06/2016 11:35:38CET

   MADRID, 11 Jun. (CHANCE) -

Una semana más te traemos un artículo de Nano López, el coach para organizaciones y adolescentes, que esta semana nos aconseja sobre cómo liberarnos de nuestras propias cadenas.

Una simple fábula puede hacer que encontremos el sentido a las cosas. Hace unos días, mientras tomaba un café con un amigo, charlando sobre la vida surgió la cuestión de las necesidades que tenemos las personas y de cómo tratamos de cubrirlas con lo que los demás nos aportan.

Sin que lo percibamos, muchas veces nos enfrascamos en nuestra sensación de estancamiento sin darnos cuenta de que posiblemente una mirada desde el punto de vista de otro observador nos ayudaría a descubrir el sentido que queremos darle a las cosas.

A raíz de esto pensé en uno de mis cuentos favoritos de Jorge Bucay, El elefante encadenado. Cuenta la historia de un hombre cuando es sólo un niño se fija en que el elefante de un circo que está atado a una pequeña estaca. El niño se pregunta al verlo por qué, pudiendo arrancarlo fácilmente, el animal no escapa.

Para satisfacer su curiosidad pregunta a varios adultos, quienes aseguran que el elefante no escapa porque está amaestrado, una respuesta que no le convence ya que, si el animal está adiestrado, ¿para qué encadenarlo?

Tras varios intentos fallidos, el niño termina asumiendo que no resolverá sus dudas y olvida el misterio del elefante y la estaca. Lo mismo que le sucede al niño nos ocurre a muchos adultos que, por no rebuscar e indagar, no encontramos respuesta a muchas cosas y dejamos pasar el tiempo simplemente.

En el cuento, el hombre descubre mucho tiempo después el motivo por el que el elefante no escapa. Alguien muy sabio le explica que el animal no se libera, aún pudiendo, porque desde muy pequeño ha estado atado a esa estaca. Cuando no era más que un bebé y sus fuerzas eran menores el elefante trató de soltarse tirando de la cadena que lo amarraba y, tras fracasar una y otra vez, terminó aceptando con resignación que jamás lo lograría.

En conclusión: el elefante no se suelta porque cree que no puede.

Esto mismo le pasa a muchas personas, que quedan atrapadas en su propia estaca, convirtiéndose en sus propios captores y verdugos. En ocasiones dejamos la vida pasar sin hacernos las preguntas correctas y aceptando que si las cosas son así, no podemos hacer nada para cambiarlas.

Si nos hacemos débiles ante las adversidades sin encontrar respuestas terminaremos siendo elefantes encadenados a aquello que creemos que tenemos que hacer.

Yo mismo, pese a ser consciente de todo esto, sigo teniendo mis propias cadenas que he ido creando desde niño y me han ido atando. Sin embargo, he descubierto que mis aprendizajes y mis experiencias son al mismo tiempo frenos y motores. Lo más maravilloso de todo esto y lo que saqué en claro de la fábula y de mi propia experiencia es el hecho de luchar por lo que queremos, el cuestionarnos a nosotros mismos y a nuestras creencias limitantes, acepando que la perfección está en nuestra imperfección. Con todo ello he descubierto que yo mismo soy capaz de soltar esas cadenas que nos impiden estar lejos de la felicidad.