MADRID 1 Mar (EUROPA PRESS)
Una de las tareas que menos le apetece hacer a quienes utilizan maquillaje a diario o con frecuencia es limpiar las brochas. Además de ser un proceso tedioso, surgen muchas dudas sobre la mejor forma de hacerlo para no dejar producto en las cerdas y evitar la aparición de moho o bacterias.
Las brochas sucias también pueden provocar que la aplicación de algunos productos sea irregular e incluso favorecen la aparición de granos u otros problemas dermatológicos. Por ello, decenas de empresas han lanzado productos que supuestamente facilitan el proceso de limpieza, pero la gran variedad disponible genera una duda: ¿cuál es el mejor?
NO NECESITAS PRODUCTOS CAROS: USA JABÓN Y LAS MANOS
Siguiendo los consejos de la organizadora profesional Begoña Pérez, conocida en redes sociales como La Ordenatriz, las brochas se pueden limpiar en dos fases para que queden totalmente libres de producto. Para ello se puede utilizar un cuenco profundo con un fondo rugoso o simplemente la palma de la mano.
Paso 1: Humedece la brocha bajo un grifo.
Paso 2: Pon jabón de Ph neutro o de manos sobre la mano o dentro del cuenco y frota la brocha hasta que el jabón se quede integrado, pero sin abrir los pelos.
Paso 3: Enjuaga la brocha bajo un grifo, intentando evitar que el agua moje en exceso la zona del pegamento.
Paso 4: Escurre la brocha con las manos para eliminar el exceso de agua.
La segunda fase de limpieza requiere alcohol isopropílico, ya que se evapora rápidamente y desinfecta las superficies con las que entra en contacto. A diferencia del alcohol etílico, este producto es más agresivo para la piel, pero es especialmente útil para limpiar dispositivos electrónicos, lentes y superficies industriales.
Paso 1: Sobre un fregadero o un lavabo, vierte alcohol isopropílico sobre las cerdas de la brocha.
Paso 2: Presiona la brocha sobre un trozo de papel de cocina para eliminar los residuos de maquillaje.
Paso 3: Deja las brochas secar boca abajo en un lugar bien ventilado.
CÓMO EVITAR QUE SE DEFORMEN LAS BROCHAS
Aunque algunos pinceles recuperan su forma original incluso después de un uso intensivo o un secado descuidado, otros requieren más cuidados para evitar deformaciones. En general, se debe evitar que el agua ablande el pegamento durante el proceso de limpieza, ya que puede provocar que el mango se desprenda o que las cerdas se deformen.
Se debe evitar frotar los pelos en exceso, ya que esto puede romper las fibras, haciendo que queden ásperas y abiertas. En su lugar, se pueden utilizar movimientos suaves y circulares sobre la palma de la mano sin presionar en exceso.
Otro error común es utilizar agua demasiado caliente. Aunque pueda parecer que facilita la limpieza, el agua a altas temperaturas reseca y deforma las cerdas y daña el pegamento del mango. Por ello, se recomienda utilizar agua tibia en lugar de ardiendo.
En cuanto al secado, como señala Pérez, es mejor escurrirlas boca abajo o en horizontal para que no se oxide la parte metálica de la brocha y para evitar que se despegue el adhesivo. Pueden dejarse en un soporte de secado o al borde de una mesa, siempre que las cerdas queden suspendidas en el aire.