Actualizado 23/08/2018 16:20 CET

Los metales traza en el aire causan un gran impacto en la vida marina

Esquema de la disolución de metal en aerosol e impactos en el océano
NATURE COMMUNICATIONS

   MADRID, 23 Ago. (EUROPA PRESS) -

   Un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Cornell muestra que los metales traza, depositados por aerosoles como el polvo y otras partículas en la atmósfera, tienen un fuerte impacto en la vida marina, afectando la productividad biológica y modificando el ecosistema oceánico. El documento ha salido publicado en 'Nature Communications'.

   Las fuentes de tales partículas de aerosol van desde los volcanes, incendios forestales y polvo del desierto hasta causas antropogénicas, como la quema de combustibles fósiles. Después de 'vomitar' y someterse a reacciones químicas en la atmósfera, estas partículas a menudo llegan a regiones oceánicas remotas, donde se depositan por precipitación o deposición seca.

   "En un evento de contaminación o una tormenta de polvo, e incluso en estos lugares lejanos, la deposición atmosférica puede ser la fuente más importante de nuevos metales", explica la autora principal Natalie Mahowald, profesora de ingeniería en Irving Porter Church y directora de la facultad para el medio ambiente de Centro Atkinson para un Futuro Sostenible.

   Algunos metales resultan insolubles y caen al fondo del océano, mientras que otros son absorbidos por diversas biotas, como el fitoplancton y las bacterias, que constituyen el 80 por ciento de la vida marina y actúan como circuladores de oxígeno y nutrientes en todo el ecosistema.

   "Si cambias la estructura del ecosistema a esta escala, donde ocurre toda la productividad, se va a conectar en cascada e impactará en los peces y los animales que vemos con mayor facilidad", advierte Mahowald.

   Mientras que las investigaciones anteriores se centraron en el papel fundamental del hierro en los océanos, Mahowald y su equipo examinaron los efectos del hierro y otros metales, incluidos aluminio, manganeso, zinc, plomo, cobre, níquel, cobalto y cadmio.

   Muchos de estos metales, como el cobre, pueden ser contaminantes tóxicos, pero los investigadores descubrieron también que los metales a veces funcionan como nutrientes, dependiendo de cómo, dónde y con qué se mezclan.