MADRID, 27 Oct. (EUROPA PRESS) -
Los grandes mamíferos que una vez vagaron por la Tierra, así como aves marinas y peces migratorios, jugaron un papel vital en mantener fértil el planeta mediante el transporte de los nutrientes.
Sin embargo, su declive masivo y la extinción de muchos de estos animales ha dañado profundamente este sistema de reciclaje de nutrientes planetario.
"Este ciclo global roto puede debilitar la salud del ecosistema, la pesca y la agricultura", alerta Joe Romano, biólogo de la Universidad de Vermont y coautor del nuevo estudio, que se publica este lunes en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. Los investigadores calculan que la capacidad de las ballenas y la megafauna terrestre de transportar nutrientes por todo el mundo se ha reducido a sólo el 6 por ciento de su capacidad global antes de la extinciones en masa y la disminuación de la población.
En tierra, la capacidad de los animales para llevar nutrientes lejos de "puntos calientes", escribe el equipo, se ha desplomado al 8 por ciento de lo que era en el pasado, antes de la extinción de algunas de las 150 especies de mamíferos de "megafauna" al final de la última edad de hielo. Y, en gran parte debido a la caza humana en los últimos siglos, la capacidad de las ballenas y otros mamíferos marinos para mover un nutriente vital -el fósforo-- de las aguas profundas del océano a la superficie se ha reducido en más del 75 por ciento.
"Anteriormente, se creía que los animales no desempeñaban un papel importante en el movimiento de nutrientes", lamenta el autor principal de este trabajo, Christopher Doughty, ecologista de la Universidad de Oxford, Reino Unido. Pero el nuevo estudio muestra que los animales son una "bomba de distribución" crucial, según escriben los científicos, transportando masas de materia fecal para fertilizar muchos lugares que de otro modo serían menos productivos, incluyendo las aguas superficiales del océano y el interior de los continentes.
Estos ecosistemas fertilizados, a su vez, mantienen funciones naturales vitales pra las personas. Por ejemplo, esta investigación señala que la restauración de las poblaciones de ballenas podría ayudar a aumentar la capacidad del océano de absorber el dióxido de carbono que está provocando el calentamiento del clima. Tradicionalmente, los científicos que estudian el ciclo de nutrientes se han centrado en la meteorización de las rocas y la recopilación de nitrógeno de las bacterias, ignorando en gran medida los animales.
Ese punto de vista tenido en cuenta hasta ahora supone que el papel de los animales fue menor y, sobre todo, como un consumidor pasivo de nutrientes. "Este estudio desafía la tendencia creciente de algunos científicos de que los microbios están realizando el programa, y que el fitoplancton y las plantas son todo lo que importa", dice Joe Roman, un experto en ballenas en la Escuela Rubenstein de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Universidad de Vermont y el Instituto Gund de Economía Ecológica.
"Éste fue una vez un mundo que tenía diez veces más ballenas, veinte veces más peces anádromos, como el salmón, el doble del número de aves marinas, y diez veces más grandes herbívoros, como perezosos gigantes, mastodontes y mamuts", dice Roman.
En la tierra, antes de la aparición de los humanos modernos, había gonfoterios como los elefantes con el tamaño de una retroexcavadora, ciervos con cuernos anchos de 3,5 metros y manadas de bisontes en el horizonte. Estos fueron sólo algunos de los grandes animales que podían comer enormes cantidades de materia vegetal, acelerando la liberación de nutrientes mediante la digestión y llevando estos nutrientes lejos de las áreas de alimentación a tierras más altas gracias a su depósito mediante las heces, la orina y la muerte, con cuerpos en descomposición.
Una serie de estudios recientes muestran que los animales grandes parecen conducir de manera desproporcionada los movimientos de nutrientes. Para hacer su nuevo estudio, el equipo empleó estos hallazgos y otros datos existentes sobre poblaciones de animales históricos y actuales y luego aplicó un conjunto de modelos matemáticos para estimar el movimiento de nutrientes verticalmente en los océanos y en la tierra, y cómo este movimiento cambió con la extinción y la disminución de las poblaciones de animales.
Por ejemplo, se estima que las densidades de ballenas han disminuido entre un 66 y un 90 por ciento en los últimos tres siglos debido a la caza comercial, señala el estudio. Sólo permanecen actualmente unos pocos miles de ballenas azules, que pueden ser de hasta 100 toneladas, por ejemplo, y éstas y otras grandes ballenas se alimentan en el fondo y después defecan en la superficie iluminada por el sol.
UN 23 POR CIENTO MENOS DE MOVIMIENTO DE FÓSFORO
En particular, el nuevo estudio examinó el fósforo, un nutriente esencial para el crecimiento de las plantas. Antes de la era de la caza comercial, los científicos estiman que las ballenas y otros mamíferos marinos movían al año alrededor de 750 millones de libras de fósforo desde las profundidades a la superficie de los océanos. Ahora, esa cifra es de unos 165 millones libras, aproximadamente el 23 por ciento de capacidad anterior.
El equipo también recogió datos sobre poblaciones de aves marinas y peces que se alimentan en el mar y luego van a la tierra, como el salmón de alta mar que se mueve por los ríos para defecar, desovar y morir. Los movimientos de estas aves y peces una vez trasladaron más de 300 millones de libras de fósforo a la tierra cada año, pero ese número se ha reducido a menos del cuatro por ciento de los valores del pasado, como resultado de las colonias de aves marinas destruidas, la pérdida de hábitat y la pesca excesiva.
"El fósforo es un elemento clave en los fertilizantes y suministros de fosfato de fácilmente accesibles pueden agotarse en tan sólo cincuenta años", dice Chris Doughty, de Oxford. "Restaurar las poblaciones de animales a su antigua abundancia podría ayudar a reciclar el fósforo del mar a la tierra, aumentando las existencias mundiales de fósforo disponibles en el futuro", plantea este experto.
El mundo de los animales gigantes llegó a su fin en la tierra después de las extinciones de la megafauna que se iniciaron hace unos 12.000 años, impulsadas por un complejo conjunto de fuerzas como el cambio climático y los cazadores neolíticos. Y terminó en los océanos, en las ballenas y otros mamíferos por la caza en la era industrial de los seres humanos.
"Pero la recuperación es posible e importante --subraya Roman, quien pone a los bisontes como ejemplo--. Es alcanzable. Podría ser un sabio desafío política, pero está sin duda a nuestro alcance traer de vuelta a manadas de bisontes de América del Norte. Es una forma de poder restaurar una vía esencial de nutrientes". Este experto resalta también que muchas poblaciones de ballenas y de mamíferos marinos también se están recuperando. "Podemos imaginar un mundo relativamente abundante de nuevo en poblaciones de ballenas", concluye.