Actualizado 14/11/2008 21:33 CET

La ESA analiza por primera vez los procesos físicos que hacen que en las magnetoestrellas brillen rayos X

MADRID, 14 Nov. (EUROPA PRESS) -

La información obtenida por los observatorios XMM-Newton e Integral de la Agencia Espacial Europea (ESA) acerca de los rayos X y Gamma ha servido para analizar, por primera vez, los procesos físicos que hacen que las magnetoestrellas, una atípica clase de estrellas formadas por neutrones, brillen al ser expuestas a los rayos X.

Según explica la ESA, las estrellas de neutrones son restos muy pesados desprendidos de estrellas de gran tamaño --entre 10 y 50 veces mayores que el Sol--. Estos cuerpos estelares, compuestos casi totalmente por neutrones (partículas subatómicas sin carga eléctrica), concentran una masa superior a la solar en apenas 20 kilómetros de diámetro. Así, tras analizar los cuerpos celestes, los investigadores afirman que "una cucharada de sus neutrones pesaría cerca de cien millones de toneladas".

Además, las magnetoestrellas también se caracterizan por su rápida rotación y la fuerza de sus campos magnéticos. De los conocidos en el Cosmos, son los de mayor potencia, pudiendo ser de hasta mil veces superior a los las estrellas de neutrones comunes. Es decir, una persona necesitaría cerca de diez millones de millones de imanes para generar un campo magnético equivalente.

Por el momento se han estudiado quince estrellas. En concreto, cinco de ellas son del tipo 'soft gamma repeaters' (SGR, por sus siglas en inglés), conocidas así por sus esporádicas y breves emisiones de débiles rayos Gamma y potentes rayos X (de apenas una décima de segundo). Las diez restantes son Pulsars de rayos X o AXP, de composición y estructura similar.

La ESA precisó que la principal diferencia entre los cuerpos analizados con las estrellas "normales" es que se cree que su campo magnético interno es capaz de "alterar" la corteza estelar, de manera que, en un circuito alimentado por una gran batería, esta "alteración" generaría nubes de electrones que girarían alrededor de la estrella y producirían rayos X, al entrar en contacto con la radiación proveniente de la superficie estelar.

Hasta hoy los científicos no habían podido probarlo, ya que resulta imposible reproducir en un laboratorio campos magnéticos de tal potencia.