CÓRDOBA, 7 Oct. (EUROPA PRESS) -
La asociación Asimaga, que agrupa a familias afectadas por el
síndrome del "maullido del gato", celebró en Córdoba sus Jornadas
Nacionales de Convivencia, que se clausuran hoy. El objetivo de este
encuentro, según su presidenta, Josefina Porras, fue "intercambiar
experiencias para ayudar a los padres cuyos hijos padecen esta
minusvalía psíquica, así como profundizar en el conocimiento esta
patología consultando con médicos expertos".
En este sentido, en el evento intervinieron Francisco Blanco y
José María Gallardo, jefes de Traumatología y Oftalmología del
hospital Reina Sofía de Córdoba, dos especialidades que guardan mucha
relación con este trastorno. En el primer caso, porque los enfermos
tienen los ojos muy separados, padece estrabismo, cataratas, defectos
refractarios, quistes y problemas del lacrimal.
En el segundo, por las graves manifestaciones quirúrgicas y
ortopédicas, asociadas al retraso motor, que conlleva el síndrome. El
síndrome del "maullido del gato" se produce por una anomalía
estructural en el cromosoma 5 que produce en las personas minusvalía
psíquica profunda y física. Es una enfermedad poco común que sólo se
da en uno de cada 50.000 nacidos.
En Andalucía hay seis casos registrados por Asimaga, de los que
tres están en la provincia de Córdoba. Los pacientes presentan
microcefalia, raíz nasal plana, paladar hendido e implante de orejas
bajo. Otros rasgos comunes son la cara redonda y, sobre todo, el
llanto característico de la primera infancia, parecido al maullido de
un gato. Su primer diagnóstico se estableció en 1963, por lo tanto
sigue siendo una enfermedad prácticamente desconocida, sobre la que
hay muy pocos estudios.
"El síndrome como tal sólo tiene cuarenta años, y antes a los
enfermos se les metía en el "cajón de sastre" de la parálisis
cerebral --explicó el doctor Blanco--. Pero en ese tiempo la medicina
ha avanzado mucho en todas las áreas relacionadas con el "maullido",
y ya no hablamos de supervivencia, sino de calidad de vida". Blanco
insistió en su intervención en dos aspectos: "Evitar que los niños
padezcan los fuertes dolores que provoca la deformidad en los huesos
e intentar independizarlos lo máximo posible".
Para ello es fundamental "el diagnóstico precoz y la
rehabilitación", un tema cuya importancia destacó también su colega.
Según José María Gallardo, "las enfermedades oculares deben
detectarse y tratarse en los primeros seis meses de vida del bebé,
porque si no pueden derivar en una visión deficiente". Por su parte
Juan Parejo, coordinador de Asimaga en Andalucía y padre de una niña
con el síndrome, insistió en la necesidad de que las administraciones
proporcionen más ayudas a las familias.
"Andalucía es la comunidad autónoma que menos inversiones tiene en
minusvalías, y eso se nota, por ejemplo, a la hora de llevar a los
niños a sesiones de fisioterapia. Las elevadas listas de espera
obliga a muchos padres a recurrir a centros privados". También hay
problemas de escolarización: "Estos niños son verdaderas esponjas y
copian todo lo que ven, por eso necesitan estar con niños normales.
Sin embargo no es posible porque la Junta no proporciona profesores
de educación especial, ni monitores de apoyo".