MADRID, 5 Jul. (EUROPA PRESS) -
El aguilucho cenizo es una especie de rapaz de tamaño medio que
anida en el suelo, entre los altos tallos de las zonas cerealeras de
la Península Ibérica, un hábito que con el paso del tiempo y la
modernización de los trabajos en el campo ha ido mermando poco a poco
la población de esta bella ave.
De hecho, en la actualidad está protegida para evitar su
desaparición de las llanuras ibéricas, un caso que año tras año se va
extendiendo a otras especies protegidas como la abutarda o el
aguilucho lagunero, quienes ahora ven también peligrar seriamente su
existencia debido a estas prácticas antrópicas.
La asociación "Acción por el Mundo Salvaje" (AMUS), de Villafranca
de los Barros (Badajoz) es pionera en trabajos para la protección y
cría en cautividad del aguilucho cenizo, y han desarrollado un
programa al que se han anexionado ya un gran número de asociaciones
para la protección de la naturaleza de toda España.
Como explica Antonio Pinilla, miembro de AMUS, los trabajos que
realizan están dentro de un complejo y largo proceso que comienza
localizando a las parejas de aguiluchos y el posible lugar donde
anidarán. Una vez teniendo claro el lugar donde harán sus puestas hay
que localizar al agricultor para informarle de que en su terreno hay
cría de aguilucho cenizo, para que lo tenga en cuenta y para la
siega, momento en el que los voluntarios de AMUS irán al campo para
evitar que los nidos acaben desapareciendo bajo los trillos de las
enormes cosechadoras.
En el campo, AMUS busca y señaliza los nidos para que la máquina
no los arrase, intentan paliar el mínimo daño económico que pueden
hacer al agricultor y al cosechero pagándoles doce y seis euros
respectivamente por cada zona sin cosechar, y una vez que se hace
esto se retiran los polluelos o los huevos para evitar cualquier
riesgo.
Si los polluelos ya están crecidos se devuelven al nido sopesando
antes los posibles riesgos que tendrán, si se considera que pueden
desarrollarse bien y sin la amenaza de factores externos como arados,
trabajos posteriores a la siega, o cualquier tipo de depredadores. Si
por el contrario se entiende que corren algún riesgo importante tanto
los pequeños polluelos como los huevos se trasladan al centro de
recuperación de aves silvestres que AMUS tiene en Villafranca de los
Barros, donde la mano del hombre se encargarán de hacerlos adultos y
liberarlos posteriormente.
En el centro de AMUS, Álvaro Guerrero, miembro de la asociación,
explica como los huevos y los polluelos más pequeños se introducen en
una incubadora para simular las condiciones que tendrían con sus
progenitores.
Allí van creciendo rápidamente con cebas cada dos horas y media
aproximadamente, con lo que se conseguirá que en un periodo de unos
28 ó 30 días estos pequeños sean adultos y busquen por sí solos su
sustento, en definitiva, que vuelvan a su entorno natural, una dura y
difícil tarea la que realiza AMUS para que podamos seguir viendo en
los campos de la península la esbelta y maravillosa figura del
aguilucho cenizo.
Un duro trabajo bajo el ardiente sol del campo extremeño que,
según Guerrero, podría evitarse solamente retrasando el periodo de
recogida de la cosecha en algo más de una semana, aunque por el
momento nadie se lo plantea, deberán seguir subiendo a las
cosechadoras para buscar nidos y salvar a unos pocos polluelos más.
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05-Jul-2003 17:02:49
(EUROPA PRESS)
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