PARÍS, 20 Ene. (EUROPA PRESS/Javier G. Muñoz) -
El juicio contra Christine Malèvre, "la enfermera de la muerte",
que mientras trabajaba en el hospital de Mantes La Jolie ayudó a
morir a siete de sus pacientes --les asesinó, según la acusación--,
que comenzó hoy en Versalles, en la región parisina, ha despertado en
Francia el debate sobre la eutanasia.
Un importante sector de opinión del país galo se alió con la
enfermera en 1998, cuando se conoció que podría haber causado la
muerte a varios pacientes en estado terminal. Progresivamente, y
cuando se conoció que, probablemente, no había pedido su opinión a
ninguno de los enfermos, Malèvre se fue quedando sola en sus
protestas contra "un sistema de salud injusto".
Son siete los presuntos asesinatos por los cuales el Tribunal de
lo Penal de Versalles ha decidido procesar a Christine Malèvre, de
tan sólo 33 años, pero se sospecha que pudo haber otros casos que no
han sido probados. En todos, la enfermera les administró por vía
intravenosa productos que causaron la muerte de los pacientes.
La sentencia puede provocar su reclusión a perpetuidad. La
enfermera, que actualmente trabaja como secretaria en una fábrica en
Laval (oeste) ya que no puede ejercer su profesión, llegó a admitir
mientras estaba bajo arresto provisional que había ayudado a morir a
unas 30 personas, si bien en su libro, titulado "Mis confesiones" y
publicado en marzo de 1999, sólo reconoce haber asistido a tres de
sus enfermos, mientras que en otro de los casos se produjo un "error"
mortal.
La sospecha de que la enfermera no había obrado con el acuerdo de
los enfermos se vio refrendada cuando varios exámenes psicológicos
pusieron en duda la estabilidad de la enfermera, posiblemente
"tendente a la perversión" y "con una cierta megalomanía". Esto
podría haberla llevado, según los expertos, a considerar su juicio
sobre la inutilidad de prolongar la vida de sus pacientes por encima
de la opinión de éstos o de la Justicia.
DEBATE SOBRE LA EUTANASIA
En su momento, Malèvre llegó a ser agradecida por los familiares
de algunas de sus víctimas por haber evitado el sufrimiento de los
parientes. Otros familiares, sin embargo, acusan a la enfermera de
haber segado la vida de sus seres queridos cuando todavía tenían
posibilidades de salvarse. Y éste es el debate que se reproduce en la
sociedad francesa desde que el caso salió a la luz.
Por ahora, el Gobierno francés se muestra contrario a proponer
ningún debate sobre el tema. El ministro de Sanidad, Jean Francois
Mattei, declaró sobre la eutanasia que "es un mala respuesta a
problemas de sufrimiento, soledad y abandono". "Que un ser humano
pueda matar a otro no puede figurar en ningún texto legal.
De manera general, soy contrario a la eutanasia", declaró de
manera categórica Mattei al diario "Libération". "Si autorizásemos la
eutanasia, levantaríamos una de las prohibiciones fundadoras de
nuestras sociedades", concluyó el responsable de Sanidad. Pero el
llamado Movimiento por el derecho a una muerte digna ha seguido
presionando en Francia y recoge cada vez más apoyos.
En marzo de 2000, el Comité Nacional de Ética reconoció que "una
petición de asistencia a una muerte consentida, o una demanda de
eutanasia activa" no es siempre ilícita. Este Comité, según recoge el
diario "Libération", no propugnaba con esta decisión la
despenalización de la eutanasia, sino que sea la Justicia la que en
cada caso decida si se puede perseguir a alguien o no.
Un estudio del Consejo de Europa sobre la eutanasia ha revelado
hoy que sólo en Bélgica esta práctica es posible mientras que el
"suicidio asistido" es factible en Suiza y Estonia. El mencionado
informe revela que en Francia existe "un debate real sobre el final
de la vida, impulsado por un sector importante que reconoce la
autonomía de una persona enferma y su primacía frente al Sistema de
Salud si desea rechazar tratamientos o terapias que retrasen su
muerte".