MADRID, 24 May. (EUROPA PRESS) -
Un grupo de investigadores del Laboratorio de Cold Spring Harbor, en
Nueva York (EE.UU.) ha empleado una técnica genética en moscas de la
fruta para accionar e interrumpir a voluntad la actividad eléctrica
en los cerebros de los insectos.
Con ello, los científicos han descubierto que desactivando la
electricidad cerebral se bloqueaban recuerdos de la memoria, aunque
no la formación de ésta. El cerebro de las moscas funciona de forma
muy similar al cerebro de otros animales, incluidos los seres
humanos. Las moscas son capaces de aprender igual que los perros de
Pavlov, explican los autores del estudio en un artículo publicado en
la última edición de la revista 'Nature'. En el experimento de los
perros de Pavlov se vio que cuando sonaba una campana y se daba de
comer a los animales durante unos cuantos días, los perros se
animaban y esperaban su cena al oír el sonido de ésta.
Las personas que tienen perros o gatos se encuentran ya
familiarizados con esta forma de aprendizaje asociativo y lo ver
cada vez que, al abrir una lata de comida, el perro se presenta en la
cocina anticipándose a su comida. Sin embargo, lo que ven los dueños
de perros o gatos es la recuperación de la memoria abrir lata -
comida, que ya ha sido adquirida y almacenada en el cerebro del
animal. Ahora, los investigadores han observado que las memorias que
se basan en el aprendizaje asociativo se pueden formar en ausencia de
actividad eléctrica en el cerebro de las moscas de la fruta, pero no
se pueden recordar.
La memoria tiene tres componentes: adquisición (aprendizaje),
almacenamiento y recuperación (recuerdo). Al entrenar en los
experimentos a las moscas de la fruta a evitar un olor, desactivando
la actividad eléctrica en el cerebro varias veces durante o después
del entrenamiento, los autores del estudio han podido testar si la
actividad eléctrica en el cerebro del insecto era necesaria para las
fases memorísticas de la adquisición, el almacenamiento o el
recuerdo.
La clave del estudio ha sido la expresión de una forma mutante de un
gen llamado Shibire en el cerebro de las moscas. Normalmente, el gen
está involucrado en la emisión neurotransmisora. Sin embargo, la
forma mutante del gen codifica una proteína que funciona a baja
temperatura (20 grados centígrados) pero que bloquea la emisión de
neurotransmisores a altas temperaturas (30 grados centígrados). Esta
propiedad, permitió activar y desactivar Shibire en el cerebro al
someter a las moscas a altas y bajas temperaturas alternativamente.
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(EUROPA PRESS)
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