MADRID, 31 Jul. (EUROPA PRESS) -
Un tomate genéticamente manipulado que puede crecer en agua salada
y que puede suponer la clave de uno de los mayores enigmas de la
agricultura, ha sido desarrollado por investigadores de la
Universidad de California, en Davis (Estados Unidos) y de la
Universidad de Toronto (Canadá).
Las conclusiones del nuevo estudio se publican ahora en la última
edición de la revista 'Nature Biotechnology'. Estos tomates, por ser
los primeros tipos de cultivo que toleran el agua salada, abren la
expectativa de que otros cultivos puedan también modificarse
genéticamente para poder ser plantados en otras áreas del mundo que
son irrigadas por el agua salada, así como en suelos dañados por la
sal.
Los autores del estudio señalan que, "dado que la limitación
medioambiental debida a la salinidad supone uno de los factores más
serios que limitan la productividad de los cultivos, esta innovación
puede tener importantes consecuencias para la agricultura en todo el
mundo".
En el mundo se estima que hay 10 millones de hectáreas --alrededor
de una quinta parte de la extensión del Estado de California--
improductivas debido a la salinidad inducida de la irrigación, según
datos del departamento de Agricultura de Estados Unidos. La
producción de cultivos está limitada por la salinidad en un 40 por
ciento de la tierra irrigada en el mundo y en un 25 por ciento de la
tierra irrigada en Estados Unidos.
Esta pérdida de tierra cultivable supone un grave problema ante la
expansión global de la población que se cree que en los próximos años
necesitará un aumento en la producción de alimentos de un 20 por
ciento en los países desarrollados y de un 60 por ciento en los
países en desarrollo.
El agua de riego que contiene sal hace estragos en la mayoría de
las plantas porque destruye su capacidad de absorber agua a través de
sus raíces. De hecho, cuando las concentraciones de sal en el suelo
son muy altas, el flujo de agua en la plata se revierte y la planta
se deshidrata y muere, ya que el agua es expulsada de sus células.
Para compensar esta situación, los autores del presente estudio
crearon un tipo de tomates que producen niveles más altos de una
proteína natural llamada "proteína de transporte".
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(EUROPA PRESS)
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