Actualizado 06/10/2006 9:00:13 +00:00 CET

Expertos afirman que la depresión postvacacional no existe y que es fruto de la "medicalización de la sociedad"

MADRID, 6 Oct. (EUROPA PRESS) -

"La depresión o síndrome postvacacional no existe, no es una enfermedad, sino que es producto de una sociedad altamente medicalizada". Así lo asegura la Sociedad Española de Medicina General (SEMG), que califica de alarmistas "las cifras que se han manejado en los medios de comunicación" relacionadas con la denominada depresión postvacacional, como por ejemplo, que "la padecen 1 de cada 3 escolares de secundaria o que la sufre hasta el 40% de la población activa española".

El doctor Pedro Cañones, secretario de la SEMG, define la vuelta de las vacaciones al ámbito laboral en algunos individuos como "una sensación de malestar, que se encuadra dentro de una reacción adaptativa, cuyo origen se encuentra en múltiples circunstancias: regreso a horarios estrictos, fin de la climatología agradable, retorno a la rutina, retomar situaciones laborales no demasiado gratas, etc".

A su juicio, "se trata de una reacción transitoria y breve que la mayoría de las veces no requiere asistencia médica y, mucho menos, tratamiento farmacológico".

El doctor Fernando Gonçalves, coordinador del grupo de trabajo de Habilidades en Salud Mental de la SEMG, se suma a esta idea, haciendo especial hincapié en "la inutilidad de medicalizar los pequeños avatares emocionales de la vida diaria, porque, en medicina, lo que no es necesario, está formalmente contraindicado", señala, y continúa diciendo que "la vulgarización de la terminología psiquiátrica hace que se desvirtúen y se utilicen inadecuadamente algunos conceptos médicos, hasta el punto de llamar depresión incluso a las oscilaciones del humor normales en una persona mentalmente sana".

La SEMG quiere dejar claro, en este sentido, que "la depresión es una enfermedad psiquiátrica bien definida y nada tiene que ver con el fin del disfrute del periodo estival de cualquier trabajador". Los médicos generales de la SEMG tampoco creen correcto hablar de síndrome depresivo postvacacional, ya que entonces se tendría que admitir que existe un "conjunto de síntomas y signos objetivos que caracterizarían dicho cuadro clínico".

SÍNTOMAS INESPECÍFICOS COMUNES

En todo caso, el doctor Gonçalves se atreve a utilizar el término de "complejo sintomático postvacacional", donde se encuadra "una serie de síntomas inespecíficos comunes, todos ellos leves, como cierta dificultad de concentración, falta de motivación o merma de las ilusiones y expectativas", es decir, "se trata de una ligera desarmonía emocional, tipo reacción adaptativa, siempre temporal y de corta duración", matiza, pero en ningún caso se constata como una categoría médica o una patología, anuncia la SEMG.

La situación es muy diferente en "pacientes que realmente ya sufren una depresión, previa a sus vacaciones, y que han puesto todas sus esperanzas en que con el cambio de ambiente y de actividades desaparecerá su enfermedad", puntualiza el doctor Gonçalves. "Esto es un error, pues hace que aumente su frustración, ya que las vacaciones no son ni la panacea, ni la estrategia terapéutica idónea para tratar una depresión", concluye.

A lo que el doctor Cañones añade que "en personas con antecedentes de síndromes ansioso-depresivos se puede producir una recaída en estos momentos, pero debemos tener en cuenta que el contexto es el de la dolencia previa y no el de la situación postvacacional", aclara.

Desde la SEMG se advierte que, "año tras año aumentan las visitas relacionadas con este tema". "Probablemente -afirma el doctor Cañone- la razón estriba en que estamos inmersos en una sociedad altamente medicalizada, cuyos individuos se han acostumbrado a acudir al médico al más leve sufrimiento en busca de una solución y de un remedio eficaz y rápido para hacerlo desaparecer lo antes posible".

Sin embargo, según el doctor Gonçalves, "en muchas ocasiones la verdadera solución no se encuentra en la medicina, sino en una formación y educación adecuadas y de calidad desde la infancia y en la madurez personal, que nos enseñen a tolerar la frustración y a controlar los propios recursos emocionales"; de esta manera, "evitaremos que el individuo termine siendo un sujeto innecesariamente dependiente y que sólo sepa buscar soluciones mágicas y externas a sus problemas cotidianos", resume el coordinador del grupo de trabajo de Habilidades en Salud Mental de la SEMG.