MADRID, 29 May. (EUROPA PRESS) -
Científicos del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos han
relacionado una variante de un gen, que reduce la actividad de la
dopamina en la corteza prefrontal del cerebro, con un bajo
rendimiento e ineficacia en el funcionamiento de esa región cerebral
en las tareas de la memoria, y con un riesgo ligeramente aumentado de
padecer esquizofrenia.
El hallazgo, que aún debe confirmarse por equipos independientes de
investigadores, surgió de un estudio de personas con esquizofrenia y
sus parientes, y se encuentra entre los primeros que indican que
existe un mecanismo mediante el cual un gen puede conferir propensión
a una enfermedad mental. Las conclusiones se publican ahora en la
última edición de la revista 'Proceedings'.
Se sospecha que el gen, llamado COMT (cateco-o-metitransferasa),
está implicado en el riesgo de esquizofrenia porque codifica una
enzima que degrada la dopamina una vez que esta se segrega en la
sinapsis. Las personas suelen heredar dos copias de COMT, una de cada
padre, y cada una puede tener dos formas.
La variante más común, val, reduce la actividad de la dopamina
prefrontal, mientras que una forma menos común, met, la aumenta.
Entre las 104 parejas de padres de personas esquizofrénicas que
fueron estudiados, los investigadores descubrieron que la forma val
de COMT se transmitía a los hijos que desarrollaban esquizofrenia,
con mayor frecuencia de la que se esperaría por puro azar: 75 veces
por val, en contraste con 51 veces por met. Heredar las dos copias de
la forma val supone un aumento en el riesgo de esquizofrenia de 1,5
veces en la población general, indican los investigadores.
La esquizofrenia afecta a un 1 por ciento de la población adulta e
implica alucinaciones, delirios, marginación social, emociones
desbordadas y pérdida de control en el cuidado personal y trato
social. Pese a que sus causan son aún desconocidas, las evidencias
indican que, al menos en un 80 por ciento es hereditaria y en ella se
producen complejas interacciones entre varios genes e influencias no
genéticas. Aunque varias regiones cromosómicas se han relacionado con
la enfermedad, no se ha confirmado ninguna de forma definitiva y aún
no hay genes que, con certeza, se puedan relacionar con la
enfermedad.
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(EUROPA PRESS)
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