Actualizado 04/07/2012 21:05

Los planetas podrían formarse mucho más rápido de lo que se pensaba

Planetas
NASA/JPL

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MADRID, 4 Jul. (EUROPA PRESS) -

Según un estudio, publicado en la revista 'Nature', los planetas podrían formarse mucho más rápido de lo que se pensaba, y las estrellas podrían albergar un número mayor de planetas.

El estudio, una colaboración entre científicos de la Universidad de Georgia, la Universidad de California, en San Diego, la Universidad de California, en Los Ángeles, la Universidad Politécnica de California, y la Universidad Nacional de Australia, comenzó con un hallazgo curioso e inesperado: en un plazo de tres años, la nube de polvo alrededor de una estrella joven, en el vivero estelar de Scorpius-Centaurus, simplemente desapareció.

"La escala de tiempo más comúnmente aceptada para la desaparición de este polvo es de cientos de miles de años, a veces millones", afirma el coautor del estudio Inseok Song, profesor de Física y Astronomía en la universidad de Georgia, quien añade que "lo que hemos observado recientemente nos indica que tenemos mucho más que aprender sobre la formación de planetas".

Los científicos identificaron, por primera vez, su estrella de interés mediante el examen de los datos del Satélite Astronómico Infrarrojo, o IRAS. La estrella, conocida como TYC 8241 26521, se encontraba rodeada por una nube de polvo identificable por su distintiva radiación de energía infrarroja. Se piensa que este polvo estelar es la materia prima por la cual se forman los planetas, pero los científicos desconocen cuánto tiempo toma el proceso.

Los investigadores observaron la misma estrella en 2008, utilizando un sensor infrarrojo medio en el Observatorio Gemini Sur, en Chile, y otra vez con el mismo telescopio terrestre en 2009. La observación de 2008 reveló un patrón de emisión infrarroja similar a la medición de 1983, pero algo sorprendente ocurrió en 2009: la emisión infrarroja se redujo en casi dos tercios.

Mediante el telescopio espacial Wide-field Infrared Survey Explorer (WISE), de la Nasa, los expertos observaron la misma estrella de nuevo en 2010, descubriendo que el polvo había desaparecido en su mayoría. Los científicos confirmaron sus hallazgos con dos telescopios adicionales, el telescopio japonés Akari, y el Photodetector Array Camera and Spectrometer (PACS) de la Agencia Espacial Europea.

Los investigadores exploraron varias explicaciones diferentes sobre cómo una gran cantidad de polvo puede desaparecer tan rápidamente, y cada una de sus explicaciones desafía el pensamiento convencional sobre la formación de planetas.

Según el crecimiento Runaway, la teoría más generalizada sobre la formación de planetas, las partículas diminutas de polvo estelar forman grupos, primero, a través de interacciones electrostáticas débiles y, más tarde, por las fuerzas gravitacionales. Las partículas de polvo acumuladas, con el tiempo, crecen poco a poco, y, en última instancia, se convierten en planetas. La escala de tiempo en la que se produce esta acumulación se ha teorizado y modelado matemáticamente, y comúnmente se cree que ocurre a lo largo de cientos de miles de años.

"Si lo que hemos observado está relacionado con un crecimiento fuera de control, entonces nuestro hallazgo sugiere que la formación de planetas es muy rápida y eficiente", señala Song, "por tanto, si las condiciones son favorables en torno a una estrella, la formación de planetas puede ser casi instantánea, desde la perspectiva astronómica".

Otra explicación para la repentina desaparición del polvo es que éste fue expulsado de la órbita de su estrella. Las partículas son tan pequeñas -un centenar de veces más pequeñas que un grano de arena- que el flujo constante de fotones que emanan de la estrella podría alejarlos hasta abandonar la órbita de los soles.

Este hallazgo plantea más preguntas que respuestas. Según Song, ahora los investigadores se disponen a comparar las mediciones de 1983 con los datos de los telescopios modernos, para realizar la búsqueda sistemática de otras estrellas que se han agotado rápidamente. El objetivo es conocer la frecuencia a la que estos procesos se producen y, en definitiva, avanzar en la comprensión de cómo se forman los planetas.