MADRID, 27 May. (EUROPA PRESS) -
Investigadores del New Jersey Institute of Technology y del California Institute of Technology (ambos en Estados Unidos), especializados en el seguimiento de la reflectancia de la Tierra en la Luna, o albedo, han observado importantes e insospechadas fluctuaciones climáticas durante las últimas dos décadas. Sus observaciones se publican ahora en la última edición de la revista 'Science'.
Combinando ocho años de datos proporcionados por el reflejo de la luz terrestre en la Luna, con cerca de 20 años de datos de satélites parcialmente superpuestos, los especialistas han encontrado un gradual declive en la reflectancia terrestre, que se volvió aún más agudo a finales de la década de los años 90, tal vez coincidiendo con el calentamiento global acelerado de los últimos años.
Curiosamente, este declive de la reflectancia, es decir esa disminución de la luz terrestre reflejada en la luna, se revirtió completamente en los últimos tres años, volviendo casi hasta los niveles detectados en el año 1995.
Tales cambios, que aún no se entienden, parecen consistir en una variabilidad natural de las nubes terrestres. Cuantas más nubes haya sobre la Tierra más brillo reflejará nuestro planeta, por lo que el cambio en la nubosidad es un elemento muy importante en la predicción de cambios climáticos, indican los especialistas.
El equipo de investigadores que ha desarrollado este trabajo revisó y modernizó un viejo método de determinar el albedo terrestre, observando la luz solar reflejada por la Tierra que se ve como un brillo de la cara oculta de la luna, no expuesta directamente al Sol.
Sus observaciones pueden convertirse en una potente herramienta de seguimiento climático a largo plazo. Estos resultados son, no obstante, una parte de un cuadro climático mucho mayor en el que hay que tener en cuenta un equilibrio entre la luz del Sol que calienta nuestro planeta y el calor que se irradia de nuevo hacia el espacio, que enfría el planeta y esto depende de muchos factores, además del albedo, como la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera.