WASHINGTON, 20 Sep. (EUROPA PRESS) -
La sonda Galileo concluirá mañana su misión de 14 años tras
recorrer más de 4.600 millones de kilómetros y orbitar Júpiter en 34
ocasiones, dejando una gran cantidad de información que permitirá
ampliar los conocimientos sobre el mayor planeta del sistema solar y
sus lunas.
Desde su lanzamiento, en 1989, Galileo ha recorrido el equivalente
a siete veces la distancia que existe entre la Tierra y Júpiter, y a
pesar de los problemas de comunicación y los problemas con la
grabadora, ha devuelto a la tierra 30 gigabytes de datos, entre ellos
14.000 imágenes.
Para evitar cualquier posibilidad de que la nave colisione con
alguna luna del sistema joviano, los responsables de la misión han
dispuesto que la nave, ya sin combustible, se deje caer mañana en el
planeta. La misión del Galileo fue posible gracias a dos generadores
termoeléctricos por radiosótopos de larga duración suministrados por
el Departamento de Energía estadounidense.
La lista de descubrimientos del Galileo comenzó incluso antes de
que la sonda llegase a Júpiter. Cuando cruzó el cinturón de
asteroides situado entre Marte y Júpiter, en octubre de 1991, Galileo
obtuvo imágenes de los asteroides Gaspra e Ida, y descubrió que el
segundo poseía su propia pequeña "luna", Dactyl, la primera luna
conocida de un asteroide.
En 1994, la sonda logró obtener la única observación directa de un
cometa impactando un planeta, el cometa Shoemaker-Levy 9
estrellándose contra Júpiter. Las imágenes de dicho impacto, que no
eran visiles desde la tierra, ayudaron a los científicos a mejorar su
comprensión de este tipo de eventos.
Galileo comenzó su gira por el sistema joviano en diciembre de
1995. Las órbitas de la sonda estaban cuidadosamente diseñadas para
permitirle observar la atmósfera jupiteriana, revelando varias
grandes tormentas eléctricas muchas veces mayores que las de la
Tierra, con rayos hasta mil veces más poderosos que los terrestres.
Los datos recogidos por la sonda también permitieron realizar los
primeros estudios sobre las nubes y vientos del planeta, aumentando
los conocimientos sobre la evolución de Júpiter. La sonda también
realizó diversas mediciones para contrastar el grado de evolución de
Júpiter con el del Sol.
Galileo, que se convirtió en la primera nave espacial humana en la
órbita joviana, también logró estudiar con éxito la estructura global
y las dinámicas del campo magnético de Júpiter. Determinó que el
visible anillo de Júpiter está compuesto de polvo formado por las
colisiones de meteoritos interplanetarios con las cuatro pequeñas
lunas internas del planeta. Asimismo, comprobó que el anillo está
formado por dos anillos, uno de ellos incrustado en el otro.
CUATRO GRANDES LUNAS
La sonda Galileo también investigó la diversidad geológica de las
cuatro mayores lunas del planeta, Ganimedes, Calisto, Io y Europa.
Las imágenes obtenidas mostraban superficies cambiantes y
diferenciadas de cada una de estas lunas.
Io tiene una gran actividad volcánica, que modifica constantemente
su superficie. El calor y frecuencia de erupciones puede ser cien
veces mayor que en la tierra, lo que recuerda los primeros días de
nuestro planeta. Las similitudes convierten a Io en un laboratorio
ideal para el estudio de cómo era la tierra hace 3.000 millones de
años.
La luna Europa podría ocultar un océano a unos cien kilómetros de
profundidad de su superfice helada. El mayor descubrimiento respecto
a Ganímedes fue la presencia de un campo magnético, el primero
descubierto en la luna de un planeta. Imágenes de esta luna muestran
también una superficie fracturada que demuestra alta actividad
tectónica. Al igual que Europa e Io, Ganímedes tiene un núcleo
metálico, y sus datos magnéticos ofrecen pruebas de que también
podría tener una capa de líquido.
Galileo determinó que, aunque Calisto no tiene un nucleo metálico,
su superficie muestra evidencias de una gran erosión, y los datos
recogidos dejan en el aire la pregunta de si su superficie esconde
también un océano.
El motivo por el que Galileo se estrellará en Júpiter,
desintegrándose al contacto con su atmósfera, se debe a que el
descubrimiento de agua en Europa sugiere la posibilidad de que exista
vida, y eso aumenta la preocupación por proteger dicha vida.
ÚLTIMO VISTAZO
En sus últimos momentos de existencia, la Galileo echará un último
vistazo a Júpiter antes de concluir su misión. El equipo de misión
espera que la sonda aproveche las últimas horas antes del impacto
para transmitir datos.
"Ha sido una misión fabulosa para la ciencia lanetaria, y es
difícil verla llegar a su fin", subrayó la doctora Claudia Alexander,
responsable del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Reacción
de la NASA en Pasadena, California.
"Después de atravesar casi 3.000 millones de millas (algo más de
4.500 millones de kilómetros) y ser nuestros ojos y oídos alrededor
de Júpiter, mantenemos los dedos cruzados para que, en su hora final,
Gelileo aún pueda darnos nueva información sobre el medioambiente de
Júpiter", subrayó Alexander.