(Información remitida por la empresa firmante)
Madrid, 23 de enero de 2026.-
El llamado síndrome de intestino irritable (SII) se ha convertido, en la práctica médica habitual, en uno de los diagnósticos más utilizados y, paradójicamente, menos explicativos. Como todo “síndrome”, el colon irritable no describe una causa, sino un conjunto de síntomas: dolor abdominal, distensión, gases, diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos. Sin embargo, en aproximadamente el 95% los casos, este diagnóstico termina funcionando como un cajón de sastre, un rótulo cómodo que encubre la ausencia de una investigación clínica profunda orientada a identificar el origen real del problema. Desde Umebir, centro especializado en salud digestiva integrativa, se subraya la importancia de abordar cada caso desde una mirada personalizada, que permita ir más allá del diagnóstico superficial y avanzar hacia soluciones clínicas basadas en evidencia.
Lejos de ser una enfermedad en sí misma, el SII suele reflejar una falla en el proceso diagnóstico, donde no se han agotado las herramientas necesarias para encontrar patologías funcionales subyacentes que sí explican de manera coherente la sintomatología del paciente.
El SIBO: una causa frecuentemente ignorada
Uno de los ejemplos más claros es el SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado). Esta condición, ampliamente estudiada en los últimos años, explica muchos de los síntomas atribuidos erróneamente al colon irritable: distensión abdominal inmediata tras las comidas, gases excesivos, dolor, alteraciones del tránsito intestinal y mala absorción de nutrientes.
A diferencia del diagnóstico de SII, el SIBO no es un concepto vago, sino una entidad clínica concreta, con métodos diagnósticos específicos y, lo más importante, con posibilidad real de tratamiento y resolución.
El SIBO sí tiene tratamiento, pero no con soluciones simplistas
Uno de los errores más frecuentes es pensar que el SIBO se “cura” únicamente con antibióticos. Esta visión reduccionista explica en gran parte las recaídas constantes que sufren muchos pacientes.
El abordaje eficaz del SIBO requiere un esquema terapéutico estructurado y personalizado, que contemple múltiples dimensiones del problema, entre ellas:
Uso racional y estratégico de antibióticos y/o antimicrobianos herbáceos
Proquinéticos para restaurar la motilidad intestinal y prevenir la recurrencia
Enzimas digestivas para mejorar la digestión y reducir la fermentación
Dieta específica, adaptada a la fase del tratamiento y al tipo de SIBO
Rehabilitación intestinal, orientada a restaurar la función, la barrera intestinal y el equilibrio de la microbiota
Sin este enfoque integral, el tratamiento se vuelve incompleto y el diagnóstico de “colon irritable” reaparece como una profecía autocumplida.
Rehabilitación intestinal: la clave para evitar recaídas
La verdadera diferencia entre el fracaso terapéutico y la mejoría sostenida radica en la rehabilitación intestinal. No se trata solo de eliminar bacterias en exceso, sino de corregir el terreno que permitió su crecimiento: alteraciones de la motilidad, disfunción del eje intestino-cerebro, estrés crónico, inflamación de bajo grado y desequilibrios de la microbiota.
Sin esta fase, el paciente puede mejorar transitoriamente, pero el problema tiende a reaparecer.
España como referente internacional en microbiota y medicina funcional
En este contexto, España cuenta con un centro de referencia internacional, UMEBIR, especializado en el abordaje avanzado de patologías digestivas funcionales y trastornos de la microbiota.
Su director médico, el Dr. Fernando Ruger Viarengo, es un experto internacional en medicina funcional y microbiota, con una visión clínica que trasciende el diagnóstico superficial y apuesta por una medicina basada en la búsqueda de causas, no solo en el control de síntomas.
Conclusión
El diagnóstico de colon irritable, tal como se utiliza en la mayoría de los casos, representa más una renuncia a profundizar que una explicación médica real. Identificar y tratar causas como el SIBO permite no solo comprender mejor los síntomas del paciente, sino también ofrecer soluciones concretas y sostenibles.
Abandonar los diagnósticos vacíos y avanzar hacia una medicina funcional, integrativa y basada en la fisiología real del intestino es, hoy, una necesidad urgente para millones de personas etiquetadas —y desatendidas— bajo el nombre de “colon irritable”.
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