Sustancias incautadas en una redada. Archivo. - Eduardo Sanz - Europa Press
CASTELLÓ, 4 Ago. (EUROPA PRESS) -
Uno de cada tres pacientes que hoy recibe tratamiento por una adicción comenzó a consumir sustancias antes de cumplir los 14 años. Sin embargo, la demanda de ayuda especializada no suele llegar hasta más de dos décadas después: la edad media de acceso al tratamiento ronda los cuarenta años. Entre ambos momentos se desarrolla una trayectoria marcada por la dependencia, el deterioro de la salud y una creciente vulnerabilidad social.
Esta es una de las principales conclusiones del estudio epidemiológico elaborado por la asociación Patim con motivo de su 40 aniversario, que analiza la evolución de 10.777 personas y familias atendidas entre 1985 y 2025, una de las series históricas más amplias sobre la evolución de las adicciones en la Comunitat Valenciana.
La investigación refleja "un profundo cambio" en el perfil de las personas atendidas: ya no suele tratarse de un joven consumidor de heroína, sino de hombres y mujeres mayores de 40 años, con una larga trayectoria de consumo, que combina varias sustancias, problemas de salud mental y dificultades laborales, familiares y sociales.
La ONG recalca que su informe confirma una tendencia preocupante: mientras la edad de inicio apenas ha variado en las últimas décadas, la petición de ayuda se retrasa cada vez más y las adicciones evolucionan hacia situaciones de mayor complejidad.
"La sociedad ha cambiado y las adicciones también. Ya no hablamos únicamente de drogas, sino de trayectorias vitales marcadas por la dependencia, el deterioro de la salud física y mental y las consecuencias familiares, laborales y sociales", explica Saúl d'Oleo, psicólogo de Patim.
"Las adicciones se han cronificado y requieren respuestas asistenciales mucho más amplias que las centradas exclusivamente en el tratamiento sanitario, también es preciso intervenir en las circunstancias que rodean y mantienen el consumo", añade.
El estudio identifica el inicio precoz del consumo como uno de los principales factores de riesgo. El 33% de los pacientes empezó antes de los 14 años y un 1,86% incluso antes de los diez. Para la entidad, estos datos evidencian la necesidad de reforzar la prevención desde edades más tempranas, ya que la distancia entre el primer consumo y el acceso al tratamiento no deja de aumentar, agravando el deterioro físico, psicológico y social.
UNA GENERACIÓN QUE ENVEJECE
La edad media de quienes llegan a tratamiento ha pasado de 28 años a comienzos de siglo a más de 41 en la actualidad. Además, casi uno de cada cuatro pacientes supera los 50 años. No se trata únicamente de una cuestión demográfica. El envejecimiento modifica las necesidades asistenciales y obliga a adaptar los recursos a una población con enfermedades crónicas, deterioro físico, patología dual y mayor aislamiento social.
Los datos de reingresos muestran también que abandonar una adicción rara vez responde a un proceso lineal. Muchas personas necesitan volver a tratamiento tras recaídas o nuevas etapas de consumo. "Hace cuarenta años el reto era responder a una emergencia. Hoy acompañamos procesos que duran décadas y requieren respuestas sanitarias, sociales y comunitarias mucho más amplias", afirma Carolina de Mingo, responsable de gestión de la comunidad terapéutica Los Granados.
El perfil clínico también se ha transformado. Las adicciones ya no suelen presentarse de forma aislada. Alcohol y cocaína continúan concentrando buena parte de los tratamientos, pero cada vez es más frecuente encontrar combinaciones entre varias sustancias y otras conductas adictivas. A ello se suman nuevas dificultades. "Lo habitual es encontrar policonsumo, problemas de salud mental y situaciones de vulnerabilidad social que se retroalimentan y hacen mucho más difícil la recuperación", señala d'Oleo. El alcohol continúa siendo la sustancia más transversal, especialmente asociado al consumo de cocaína. Esta investigación de Patim complementa el informe específico sobre la evolución del juego patológico presentado hace un mes por la entidad.
NUEVAS SUSTANCIAS, NUEVOS RIESGOS Y DESIGUALDAD
El estudio alerta también del aumento de sustancias como ketamina, cocaína rosa, 'alfa', popper o fentanilo entre menores de 30 años, especialmente en contextos de ocio nocturno, festivales y determinadas prácticas sexuales, donde el consumo se normaliza como forma de intensificar la experiencia.
Aunque rara vez motivan por sí solas la demanda de tratamiento, los profesionales advierten de que estas "sustancias asociadas" agravan cuadros clínicos ya existentes. D'Oleo aclara que muchas personas ni siquiera identifican su gravedad porque "forman parte de consumos aparentemente esporádicos y permanecen fuera de su radar".
Sin embargo, actúan como "un refuerzo que incrementa los riesgos y complica la evolución y la recuperación". Un reciente informe de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA), ya alerta del aumento del policonsumo, la aparición constante de nuevas sustancias psicoactivas y la creciente disponibilidad de drogas de alta potencia en Europa.
La desigualdad también persiste en el acceso al tratamiento. Las mujeres representan únicamente el 23% de las demandas asistenciales, una proporción prácticamente estable durante la última década en una organización que gestiona en la actualidad dos recursos específicos para mujeres en Castellón. Sin embargo, cuando solicitan ayuda presentan una mayor prevalencia de violencia de género, patología dual, ideación suicida y situaciones de exclusión social.
"Las mujeres siguen llegando más tarde y con una acumulación de vulnerabilidades mucho mayor; todavía existen barreras sociales que dificultan pedir ayuda", afirma De Mingo. El estigma, las responsabilidades familiares y los roles de cuidado siguen retrasando su acceso al tratamiento. También los patrones de consumo reflejan matices propios. Junto a sustancias como la cocaína y el alcohol, aparecen con mayor relevancia las benzodiacepinas, una realidad que obliga a seguir adaptando las respuestas asistenciales.
Por último, desde la organización remarcan que la inserción laboral, el asesoramiento jurídico y la inclusión social no son actuaciones complementarias, sino que forman parte del tratamiento.
Tomando como referencia las 170 personas que en la última década han logrado un puesto de trabajo a través de Patim, lamentan el descenso de programas de empleo ejecutados, dado que no se ajustan a las características de la población atendida, dificultando la consolidación del proceso de recuperación.
También constatan un aumento del asesoramiento en cuestiones sociales y administrativas frente a una disminución de las consultas por causas penales. Los programas dentro de prisión representan un 23,12% del total de casos de este servicio, a través de diferentes talleres.