Archivo - Belén Segarra - DARYA BAIKOVA - Archivo
VALÈNCIA, 14 Sep. (EUROPA PRESS) -
La ilustradora valenciana Belén Segarra publica 'Mi libro de yoga' (Lumen), un relato "luminoso", a medio camino entre la novela gráfica y el diario íntimo, que explica cómo esta práctica puede ser un punto de partida para superar situaciones vitales difíciles. "El yoga nos invita a volver a nosotros mismos. Nos obliga a detenernos y a observarnos. Eso, hoy en día, casi me parece un acto revolucionario".
Así lo afirma la propia autora, quien, tras tener que convivir con el "demonio interior" de la depresión acabó, casi por accidente, en una clase de yoga, donde halló un camino para reconstruirse.
"Vamos a toda velocidad, viviendo en piloto automático, constantemente estimulados. El estrés y los malos hábitos hacen que nos movamos peor, que respiremos peor y que acumulemos tensión. El cuerpo se vuelve rígido y la respiración, superficial. Por eso el movimiento, la respiración, la conciencia corporal pueden ser tan poderosas", reflexiona Segarra en una entrevista con Europa Press.
"Podemos cambiar las señales que enviamos a nuestro sistema nervioso. Por ejemplo, ralentizar la respiración y a hacerla más profunda, estimula nuestro nervio vago y activa nuestro sistema nervioso parasimpático, que es el encargado de decirnos que todo está en calma. Enviamos al cerebro el mensaje de que estamos a salvo, de que no tenemos que huir. No va a eliminar todos nuestros problemas, pero sí puede cambiar la manera en que los atravesamos", agrega.
La autora explica que su práctica personal del yoga y su faceta como ilustradora convergieron cuando se dio cuenta de que había encontrado algo con lo que conectaba "profundamente".
"Hasta entonces creía que mi gran pasión era la ilustración, la creatividad, el arte. Pero el yoga fue ganando espacio en mi vida y acabó convirtiéndose en otro gran amor. No fue una revelación instantánea; la conexión llegó poco a poco. Pero, con el tiempo, comprendí que tanto el yoga como la ilustración me obligan a mirar hacia dentro para poder expresar hacia fuera. Creo que ambas disciplinas tienen mucho que ver con la observación, la escucha, el autoconocimiento. Así que pensé que podía ser muy interesante contar mi proceso personal, cómo he llegado hasta aquí, a través de estas dos herramientas, de estos dos lenguajes que forman parte de mí", expone.
El resultado es 'Mi libro de yoga', que para ella ha supuesto una "experiencia estética y contemplativa". "No lo concebí como un manual para aprender yoga, sino como una manera de contar una historia muy personal: mi relación con el yoga y cómo esta práctica llegó a mi vida en un momento muy concreto".
La ilustración siempre ha sido mi manera de comunicarme. Es mi lenguaje. Siempre he contado cosas a través de dibujos, no lo hacia a través de las palabras. Escribir un libro ha sido algo completamente nuevo para mí. Por eso siento que la ilustración tiene tanto peso, es el lugar donde puedo mostrar mi universo personal, mis emociones y mi forma de entender el yoga", apunta.
La autora comenta que hay cosas que puede explicar con palabras, pero hay otras que solo sabe contar dibujando. En la obra, sí hay algunas partes más técnicas, especialmente cuando explica determinadas asanas o cómo entrar y salir de ellas, además de algunas pinceladas de filosofía y mitología. "Pero, en esencia, creo que es una experiencia visual y personal que, de vez en cuando, también ofrece herramientas útiles para la práctica", incide.
CURIOSIDAD
La ilustradora confía en despertar la curiosidad de los lectores: "Me gustaría que encuentre algo que le llame la atención, que despierte preguntas, que le atraiga. Creo que la curiosidad, inspira. Nos hace tener ganas de descubrir, de investigar, de aprender más. La curiosidad nos mueve. Una vez que esa persona ya esté sobre la esterilla, me encantaría que se permitiera parar. Que pueda mirarse y verse. Que respire y, desde la calma y la atención, pueda observar todo el movimiento interior que aparece cuando nos damos espacio para escucharnos".
Preguntada por si ha habido alguna postura o filosofía en particular que resultara especialmente compleja o inspiradora de plasmar en papel, responde que, como inspiración, toda la parte relacionada con la filosofía y la mitología hindú. "Al principio me parecía un universo muy complejo. Me costaba entender por qué un mismo dios podía manifestarse de tantas formas distintas. Era un pequeño reto intentar explicar todo eso de una manera cercana", confiesa.
Pero con el tiempo, entendió que estas historias "no intentan simplemente narrar una historia con un principio y un final, sino que intentan responder a preguntas mucho más profundas: quién soy, qué hago aquí, cómo puedo enfrentarme a mi ego, por qué existe el sufrimiento... Y para hablar de cuestiones tan complejas, el lenguaje simbólico resulta muy poderoso".
"Con todo este universo yo conecto mucho, es algo que me parece muy interesante porque tiene mucha potencia visual. Encontramos dioses con múltiples brazos, hay decapitaciones y cabezas reemplazadas por las de un animal, como Ganesha, Brahma nace de un loto que crece del ombligo de Vishnu, Shiva Nataraja danza dentro de un círculo de llamas... Son historias que quieres dibujar".
Por último, la autora cree que la ilustración sigue conquistando terrenos editoriales. "Siempre he pensado que la ilustración tiene una capacidad extraordinaria para comunicar. En una sola imagen, en un vistazo, puede contarnos muchísimas cosas. En una época en la que todo sucede tan rápido y recibimos información constantemente, la ilustración tiene algo muy valioso: puede detenernos unos segundos y hacernos comprender algo de manera inmediata", concluye.