Crítica de Aladdin: No habrá un genio tan genial... pero menos mal que ahí está Will Smith

Aladdin
DISNEY
Actualizado 24/05/2019 11:43:33 CET

   MADRID, 24 May. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

Sin rastro de Guy Ritchie ni de aquel dinamismo macarra marca de la casa, más allá de un par de virguerías en algunas de las incontables persecuciones y multitudiniarnios números musicales que pueblan esta hipercoloreada y ampulosa revisión de Aladdin, el mayor atractivo del nuevo remake de Disney no es ni la pertinente pero calzada a la fuerza evolución de Jasmine, ni su doncella respondona, ni ese amago de convertir a Jaffar en el reflejo oscuro del propio Aladino. Lo mejor de este Aladdin es, precisamente, lo que más miedo daba a ese monstruo cascarrabias que es el fandom nostálgico: Will Smith.

"No hay un genio tan genial", rezaba uno de los himnos del inolvidable clásico de animación, cantado en su versión original por Robin Williams. Y aunque esta revisión del siglo XXI está lejos de rebatir aquella afirmación del filme de 1992, sí que encumbra al carismático genio de Smith como el gran asidero al que se agarra el nuevo Aladdin para no naufragar y convertirse, sin posibilidad de reflote, en un caos recargado de desatado ramalazo bollywoodiense poblado por criaturas (y cosas, que ahí esta la alfombra) que a pesar de estar creadas con la última tecnología CGI, paradójicamente, se mueven por decorados que parecen de cartón piedra.

   Aladdin parece una vez más diseñada y ejecutada por las superestructuras Disney con el piloto automático, sin que Ritchie sea capaz -puede que ni siquiera lo intentara- de disipar esa atmósfera artificial que en todo momento impregna imágenes y relato. Narración de ritmo ágil pero deslavazado, alargada en exceso y que cae en picado cuando no hay ni música que tararear ni un genio al que reír las gracias, muchas rescatadas de la factoría de improvisaciones Williams.

   Es cierto que mundo que promete este de nuevo conservador reciclaje dista mucho de ser ideal, pero al menos es lo suficientemente entretenido para dejarse llevar por sus idas y venidas y del simpático personaje de Smith sin sentir la irrefrenable necesidad se arrojar la lámpara al fondo del mar. Azul, sí, como el genio.

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